Jesús Orozco Castellanos

En mi artículo anterior adelantaba que en la más reciente encuesta del grupo “Reforma”, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Margarita Zavala (MZ) aparecían empatados en la intención de voto con un 35% cada uno. En tercer lugar estaba el doctor Miguel Ángel Mancera con 30% y en un lejano cuarto lugar el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong con un 20%. Ciertamente falta mucho para la elección presidencial del 2018 pero la fotografía del momento (eso son las encuestas) es muy reveladora. Con respecto a la encuesta del mes de agosto pasado, AMLO baja siete puntos y MZ avanza diez puntos. Es un enorme avance y se puede explicar. En agosto el único aspirante que hacía campaña abierta era AMLO. El cuadro cambió cuando MZ anunció su intención de competir como candidata presidencial del PAN o, incluso, si este partido decidiera no postularla, insinuó que podría contender como candidata independiente. Se ve difícil que si persisten o mejoran las cifras que MZ tiene ahora, el PAN buscara otra opción. Como sea, la batalla parece emparejarse y el único que podría tener oportunidad de alcanzar a los punteros, según la información actual, es el doctor Mancera.

Otro factor que puede explicar la caída de AMLO en las encuestas es la imagen física que proyecta. Se le ve cansado, incluso demacrado. Ya son varios años de andar recorriendo el país, pueblo por pueblo, y eso cansa. Y no olvidemos que sufrió un doble infarto al miocardio. En sentido estricto no es un hombre viejo. Tiene 63 años pero, como dice el refrán, “todo por servir se acaba”. Además, su estilo es muy peculiar: es incapaz de delegar tareas. Centraliza todas las decisiones. Esto es malo para él y para su equipo de colaboradores, a quienes impide o frena el crecimiento personal.

Ahora bien, más allá de que falta mucho para los comicios, me interesa el tema porque todo apunta a que la contienda podría ser entre más de tres o cuatro candidatos, sobre todo si participan los independientes. Esto es de la mayor importancia porque una de las consecuencias podría ser la pulverización del voto. Y volveríamos a lo mismo que ha ocurrido en los últimos 15 años: ningún partido cuenta con mayoría en el Congreso de la Unión y esto ha obligado a las coaliciones “de facto” que se han venido realizando. De hecho la legislación actual prevé las coaliciones pero eso no resuelve el problema. La solución de fondo para contar con gobiernos que gocen de amplia legitimidad es la implementación de la segunda vuelta electoral, a lo que se oponen el PRI y MORENA por razones de tipo coyuntural. El PRI supone, y con razón, que como partido en el poder, en una segunda vuelta tendría que enfrentar a la oposición unificada, escenario que seguramente le resultaría desfavorable. Es el mismo caso de MORENA. En una segunda vuelta podría darse el caso de que el PRI y el PAN se unificaran en contra del partido que comanda AMLO. Se trata de situaciones que parecen muy probables. Y me parece que, dado su perfil, al presidente Peña Nieto le preocupa que puedan acusarlo de no haberle brindado el suficiente apoyo a su partido. Hasta cierto punto tendría razón, aunque pienso que en un escenario como el mencionado se impone una visión de Estado para privilegiar el interés general del país por encima de los intereses partidistas. Sería lo deseable.

Por otra parte, desde mi punto de vista, al PRI, y de hecho a todo el país, le convendría más que MZ llegara a la Presidencia. Es una mujer moderada, con carrera política propia, con una muy buena formación profesional y con la ventaja muy importante de que fue primera dama. Ya conoce el poder desde dentro. En cambio, el radicalismo de AMLO sigue siendo de alto riesgo. En varias ocasiones hemos comentado este asunto. Si bien se ve difícil que de llegar a la Presidencia AMLO tomara la decisión de reelegirse, especialmente por sus problemas de salud y por la enorme complejidad de los cambios legislativos que eso supondría, siguen presentes las amenazas de su megalomanía, con sus mega proyectos, alentados por la tentación de disponer de recursos públicos provenientes de las reservas internacionales, las cuales llegaron a sumar casi 200 mil millones de dólares, pero de diciembre de 2014 a la fecha, el Banco de México ha puesto en circulación 24,500 millones de dólares para evitar presiones contra el peso. O sea que más vale no tocar esos recursos porque de hacerlo podría ocurrir una debacle económica, como ya sucedió en el pasado. De algo debe servirnos esa experiencia.

Hemos comentado también que hoy en día el gobierno de los Estados Unidos es capaz de frenar la locura de los proyectos inviables de AMLO. Los norteamericanos son autosuficientes en la producción de hidrocarburos y utilizan el petróleo que le venden México y otros países (como Venezuela) para incrementar su reserva estratégica. A propósito de Venezuela, llama la atención el hecho de que en la supuesta moderación del presidente Nicolás Maduro al aceptar los resultados de su aplastante derrota en las recientes elecciones para renovar la Asamblea Legislativa, no se mencione el papel que posiblemente jugó el gobierno norteamericano. Los Estados Unidos tienen todo el poder para intervenir en cualquier parte del mundo. Y lo pueden hacer porque están en posibilidades de amenazar a cualquier país con la suspensión de las compras de hidrocarburos. Ante eso no hay escapatoria. En el caso de México, casi la tercera parte de los ingresos del erario provienen de la renta petrolera. Venezuela está mucho peor. Allí la dependencia es de más del 80%. Para colmo, Venezuela tiene una economía prácticamente desmantelada. Hugo Chávez y Nicolás Maduro se dedicaron a repartir automóviles y casas a medio mundo. Claro que había que pagar la factura de semejante populismo. Y la están pagando. La inflación alcanza casi el 200%. Hoy en día, los venezolanos carecen hasta de alimentos. La gente sólo puede hacer sus compras en determinados días y cuando llega a comprar, los anaqueles están vacíos.

En México ya hemos vivido situaciones parecidas. Durante el sexenio del presidente Miguel de la Madrid, cuando la inflación anualizada alcanzó casi el 160%, los precios cambiaban cada semana. Había ofertas de aparatos electrodomésticos con una leyenda que decía: “Compre hoy porque no podemos garantizarle el mismo precio para mañana”. Casi nos acercábamos a lo que ocurrió en Alemania durante la República de Weimar, en los años 20 del siglo pasado. En los restaurantes se recomendaba comer muy rápido porque en cuestión de minutos cambiaban los precios.

En México, por si fuera poco, había carestía de ciertos productos como azúcar, leche en polvo, aceite, pasta de dientes, papel de baño, etc. Conozco gente que iba de Aguascalientes a Laredo, Texas, a realizar sus compras. Así estábamos debido a las medidas populistas tomadas por el ex presidente José López Portillo, que autorizó tres incrementos consecutivos de salarios, de 20% cada uno. Por fortuna, los gobiernos posteriores tomaron decisiones drásticas para detener la inflación. Lo lograron. Por eso pienso que es una buena noticia el hecho de que AMLO y MZ aparezcan empatados en las encuestas. Igual y se cumple el viejo refrán que dice: “caballo que alcanza gana”. Por algo AMLO la ha venido denostando, diciendo que es “una extensión de su marido”.