Jesús Orozco Castellanos

El error más grave en lo que va de la presente administración federal, así fue considerado por casi todos los analistas de la prensa escrita y electrónica el asunto de la invitación al candidato republicano Donald Trump a reunirse con el presidente Peña Nieto en Los Pinos. El tema era de sentido común aunque, como dijera Gilbert Keith Chesterton, el gran escritor inglés, en ocasiones “el sentido común es el menos común de los sentidos”. El Presidente había dicho que tenía la intención de reunirse con los dos candidatos presidenciales de Estados Unidos, en vísperas de la elección del próximo mes de noviembre. Era lo correcto pero, en vista de que la señora Hilary Clinton llevaba la delantera en las encuestas, debió haber venido primero ella. Se hicieron las cosas al revés, el resultado fue un desastre. El señor Trump, que ha dicho las peores barbaridades en contra de los mexicanos, fue recibido en la casa presidencial como jefe de Estado. Al final hubo una conferencia de prensa conjunta. En un tono ligeramente moderado, repitió todo lo que ya sabemos de su discurso en contra de los migrantes. Para colmo, dirigió la sesión de preguntas y respuestas. Sólo permitió preguntas de periodistas del exterior, ninguna de mexicanos. El presidente Peña se quedó paralizado, sin decir una sola palabra. Horas después, en su cuenta de twitter, Peña confirmó que trataron el tema del muro aunque no se discutió quién lo pagaría. También señaló que se va a revisar el Tratado de Libre Comercio, tema que ha mencionado Trump varias veces si bien, como se ha señalado en la prensa, lo quiere modificar para empeorarlo y, por supuesto, en contra de México. El tema del tratado, por lo demás, lo trató Peña Nieto sin que nadie se lo pidiera. Por la tarde del mismo día estuvo Trump en Arizona y allí remarcó que los mexicanos van a pagar el muro en la frontera… “aunque todavía no lo saben”. Salió el tiro por la culata.
Se dice que la idea de traer a Trump a México fue del ex secretario de Hacienda Luis Videgaray, con el argumento de que puede ganar la Presidencia de Estados Unidos, y por lo tanto es importante fijar desde ahora la postura de México en los temas cruciales de la relación bilateral y para que modere su discurso. Se trata de una falacia porque si gana Trump, va a seguir insistiendo en los temas de la deportación de inmigrantes, retención de divisas que los mexicanos envían a sus familias desde Estados Unidos (con eso se pagaría el muro, dice), aplicación de una sobre tasa de 35% a las exportaciones de México a la Unión Americana, etc. Todo eso constituye el eje toral de su campaña y si ganara las elecciones trataría de llevarlo a la práctica, aunque estaría por verse si lo consigue. No sería tarea fácil. Las cosas se hicieron tan mal que finalmente la señora Clinton declinó venir a México antes de las elecciones presidenciales de su país, por supuesto que no es plato de segunda mesa. Por lo demás, los electores latinos que le interesan están en Estados Unidos. Pero si gana la elección, va a tener registrado un agravio por parte del gobierno de México, o sea que el gobierno quedó mal con uno y con otra.
Finalmente, semejante enredo tuvo como consecuencia la renuncia del secretario Videgaray. En su lugar quedó José Antonio Meade Kuribreña, que fungía como secretario de Desarrollo Social. En el gobierno de Felipe Calderón fue secretario de Energía y titular de Hacienda, en el actual gobierno también fue secretario de Relaciones Exteriores. O sea, que se trata de un funcionario con una gran experiencia. En la Secretaría de Desarrollo Social despacha ahora Luis Miranda Nava, amigo y compadre de Peña Nieto, antes había sido subsecretario de Gobernación y fue el responsable de llenar las alforjas de los dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. En la Sedesol también hay mucho qué repartir, de manera que tal vez no lo extrañen. Conocí personalmente a Meade cuando él era secretario particular del presidente de la Condusef, don Ángel Aceves Saucedo (qepd). Era Meade un funcionario muy eficiente, un economista destacado con un doctorado en Yale y una licenciatura en derecho por la UNAM.
Se dice que el Presidente no le quería aceptar la renuncia al secretario Videgaray, auténtico brazo derecho del actual gobierno. Su fuerza iba más allá de los aspectos económicos, abarcaba toda la administración. Sin embargo, fue tal el escándalo, dentro y fuera de México, que al final no quedó más opción. Todos los comentaristas dicen que el cambio afectó el tablero completo de la sucesión presidencial, sin considerar, por supuesto, lo que ocurra con los candidatos de oposición. Se afirma que con la salida de Videgaray, se fortalece el secretario de Gobernación Miguel Osorio Chong y se reavivan las esperanzas del secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño. Inmediatamente después del incidente de Trump, el senador Alejandro Entinas declaró que es el momento de plantear la remoción de Peña Nieto. El tema de la revocación del mandato está circulando. Que yo recuerde, nunca antes se había puesto sobre la mesa la renuncia de un Presidente, por lo menos desde que se iniciaron los gobiernos sexenales en 1934. López Obrador propone un gobierno de transición de aquí al 2018. El articulista Jesús Silva-Herzog Márquez acusó al Presidente de “traidor y estúpido”; aclaró que usa la palabra estúpido en el sentido de que alguien hace daño a los demás y, simultáneamente, se hace daño a sí mismo. También dijo categórico: “Estoy consciente de la gravedad de mis palabras”. Después, ocurrió la ríspida entrevista con Carlos Marín, el director del diario “Milenio”. Fue en Alaska cuando el avión presidencial iba rumbo a China. Entre otras cosas, Marín le dijo: “No me siento representado por usted” (lo mismo dijo el destacado cineasta Alejandro González Iñárritu) y “la próxima vez que vea a Trump, miéntele la madre de mi parte”. El articulista Jorge Ramos Ávalos, radicado en Miami, dijo que el incidente es el resultado de lo que ya se sabía: Peña Nieto no está preparado para ser Presidente. Ni más ni menos. Los altos ejecutivos de las grandes corporaciones financieras con sede en Nueva York, ligadas al financiamiento de la campaña de Hillary Clinton, enviaron correos electrónicos en los que señalan como traidor al presidente de México. También hay molestia en la Casa Blanca y en la embajada de Estados Unidos en México porque nunca se les informó de la visita de Trump. La renuncia de Videgaray les pareció un gesto mínimo. A eso se agrega el rumor persistente de que el Presidente Peña Nieto padece una enfermedad terminal, se le ve muy demacrado, quizá es fatiga por exceso de trabajo o de problemas.
P.D. En mi artículo anterior, di por hecho que Juan Gabriel nunca había estado en el continente europeo. Pero sí estuvo allí (en Madrid) hace varios años, acompañado de personalidades como Lola Flores, Isabel Pantoja y Rocío Dúrcal. Además, omití mencionar entre las grandes figuras de la música popular mexicana a Tomás Méndez, autor de “Paloma querida” y “Paloma Negra” (“Ya me canso de llorar y no amanece”, letra ésta que tiene un valor poético indiscutible), entre otras. De cualquier forma, sostengo lo principal: Juan Gabriel ha sido la más grande figura de la música popular mexicana, sin restarle méritos a quienes él llamaba “mis mayores” (Consuelo Velázquez, Agustín Lara, Cuco Sánchez, José Alfredo Jiménez, etc.).