Jesús Orozco Castellanos

Hace algunos días el columnista Sergio Sarmiento comentó el caso de una joven colombiana que viajó a la Ciudad de México para reunirse con su novio. Llegó por la Terminal Uno del aeropuerto internacional. El agente de inmigración le dijo, palabras más o menos: “Si quieres yo te puedo ayudar a conocer la ciudad”. Ella le contestó, amablemente, que no era necesario porque su novio la estaba esperando en la terminal aérea. El agente le dijo que, debido al rechazo, tenía que someterse a una segunda entrevista. La tuvieron secuestrada junto con otras mujeres durante 12 horas. Les robaron los teléfonos celulares y el dinero que llevaban para su estancia. Finalmente la enviaron de regreso a Bogotá porque no le recogieron el pasaporte. El novio la estuvo esperando durante más de 12 horas sin saber lo que había pasado.

La muchacha insistió en venir a México y alguien le dio el “tip” de que llegara a la Terminal Dos porque allí hay más tecnología, sobre todo cámaras, para impedir abusos. Compró un boleto en Aeroméxico, empresa que realiza sus operaciones en esa terminal. El agente de inmigración le preguntó cuál era el motivo de su viaje. Ella le contestó que reunirse con su novio. El agente le contestó: “Que disfrute su estancia en México. Qué suerte tiene su novio”. Seguramente debe ser muy guapa. En la actualidad vive felizmente con su pareja. Sin embargo, es probable que haya quedado marcada por esa experiencia. Sarmiento habló con el novio y le contó con detalle todo lo sucedido.Por desgracia, casos como éste ocurren a diario y son muchos.

Por otra parte, el periodista Ciro Gómez Leyva le está dando seguimiento al caso de una joven que se fue de vacaciones a la ciudad de Atlanta en Estados Unidos junto con varias amigas. Viajaron de regreso a México por la aerolínea. Delta. Por desgracia no llegó el equipaje de esa joven. Le dijeron que se lo enviarían a su casa y efectivamente llegó pero en pésimas condiciones: las maletas rotas y abiertas. Le robaron toda la ropa nueva. Ella le pidió a Delta una indemnización de 500 dólares. La verdad es que 500 dólares son una cantidad insignificante para una empresa como ésa. Al ser rechazada la propuesta de indemnización, tuvo que recurrir a una demanda en un tribunal mexicano. Es muy probable que gane la batalla jurídica pero el asunto se va a tardar. Parecería extraño que una empresa como Delta ponga en riesgo su prestigio por 500 dólares (sin intereses). Alguna razón habrá.

Me viene a la mente otra anécdota del aeropuerto de México. Dos japoneses llegaron a la Terminal Uno con su equipaje y un maletín de mano. Tomaron un taxi oficial. Al poco tiempo de haber salido, el taxista tomó la lateral del Circuito Interior y se detuvo. Les dijo a los pasajeros que el taxi había sufrido una avería y les pidió que lo ayudaran a empujarlo. Ingenuamente, los japoneses se fueron a la parte trasera del coche y lo empujaron. El taxista aceleró y los dejó a media calle, privados de todas sus pertenencias. Resulta que en el maletín había 350 mil dólares, casi seis millones de pesos de acuerdo con el valor actual. Los japoneses habían tomado el número oficial del taxi. Fueron a la casa donde vivía el taxista y la señora les dijo que su esposo se había ido a los Estados Unidos sin avisarle. Luego le mandó un recado. El ladrón creyó que con lo robado tenía la vida resuelta y tal vez sea cierto.

A mí me han intentado asaltar dos taxistas en la Ciudad de México. En la primera ocasión mi esposa y yo tomamos un taxi en la calle. Era un vehículo nuevo. En una avenida grande se detuvo el chofer y me dijo que se le había roto la banda del motor. Me pareció muy extraño que a un vehículo nuevo se le rompiera la banda. Estábamos por bajar cuando se nos emparejó un “bocho”. El taxista original nos dijo: “El señor los va a llevar”. Le dije que no y le pagué lo que marcaba el taxímetro. Sacamos las maletas y tomamos otro taxi. En la siguiente ocasión, el chofer nos dijo que se le había terminado la gasolina y que si le permitíamos entrar a una gasolinera para llenar el tanque. Al entrar a la estación de servicio se paró a un lado otro taxi y lo mismo: “El señor los va a llevar”. No le hicimos caso y abordamos otro vehículo. Me quedé con la impresión de que ya es un “modus operandi”. Tal vez por esta razón, entre otras, es tan marcada la resistencia a la entrada en operación de los taxis “uber”, que brindan un mejor servicio, con automóviles nuevos, con los choferes bañados y bien vestidos y que cuentan con dispositivos de seguridad como es el GPS. La única limitación que tienen es que solamente cobran a través de tarjetas de crédito. Incluso extienden recibos con valor fiscal. Una buena recomendación es nunca mencionar nuestros datos reales, sobre todo nombre y lugar de procedencia. Cuando se paga con tarjeta de crédito, es relativamente fácil dar con el domicilio y… cuidado con los robos.

El servicio de taxis en Aguascalientes es relativamente bueno. Unos amigos de Monterrey me comentaban que el servicio en Aguascalientes es barato pero que los taxis están sucios. Yo agregaría otra falla que no es frecuente pero cuando ocurre lo ponen a uno en verdaderos aprietos. Me refiero a la impuntualidad. Si disponemos de 20 minutos para llegar a la central camionera, normalmente pedimos el taxi con 40 minutos de anticipación. Sin embargo, nos ha tocado que no llega y tenemos que salir a la avenida más próxima para tomar uno de los que circulan libremente por la calle. En alguna ocasión teníamos que tomar un autobús a Guadalajara a las ocho de la mañana. Llegamos al andén a las ocho y cinco. Por fortuna nos estaban esperando. Teníamos una conexión aérea de Guadalajara a Tuxtla Gutiérrez.

Recientemente estuvo en México el Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU. Dijo que no entiende porqué el gobierno mexicano es tan intolerante a la crítica internacional sobre la violación de los derechos humanos en nuestro país. Por supuesto que tiene razón. Casos como el de la chica colombiana constituyen violaciones flagrantes a los derechos humanos. El acoso sexual es un delito grave. El agente del servicio de inmigración sigue como si nada. En el mejor de los casos va a recibir una amonestación por parte de las autoridades del aeropuerto. Lamentablemente siempre nos tenemos que comparar con Estados Unidos porque es el referente más cercano. Allá, quien comete el delito de acoso sexual pierde el empleo y termina en la cárcel. El caso de la chica de las maletas es distinto: un conflicto civil entre partes.

Algunos articulistas de prensa han comentado que nuestro país tiene muchísimos problemas pero algo avanzaríamos si empezamos a resolver algunos de los menos complejos. Qué gratificante sería, por ejemplo, que el periodista Sergio Sarmiento nos informara que el agente aduanal fue cesado y que fue llevado a la justicia penal. Habrá quienes piensen que por lo menos el novio de la muchacha tuvo la valentía de ir a platicar con el periodista y que algo es algo. Es cierto. En otras épocas ni eso era posible. Los periodistas que denunciaban abusos de autoridad corrían el riesgo de ser despedidos. Por fortuna ya no es así. Más aún, hace unos días un columnista de “El Universal” manifestó una discrepancia con una declaración formulada por el secretario de Hacienda. Terminó su artículo con una frase lapidaria: “No mienta, señor Secretario”. Antes eso era impensable. Ni los diarios se atrevían a publicarlo.