Jesús Orozco Castellanos

Hace algunos meses el gobierno federal anunció la construcción de un nuevo aeropuerto en la Ciudad de México. Estará digamos que a un lado de la actual Terminal Dos, en terrenos que son propiedad del gobierno federal. Esto último es de la mayor importancia para evitar problemas como los que tuvo el gobierno de Vicente Fox que fracasó en el intento de construir una nueva terminal aérea en terrenos agrícolas de la zona de Texcoco, debido a la oposición de los ejidatarios de San Salvador Atenco, propietarios de los predios y que, armados con machetes, impidieron la puesta en marcha del proyecto, con el resultado de dos personas muertas en un enfrentamiento con fuerzas federales y estatales del estado de México. Fox hizo el anuncio de su propuesta en octubre del 2001 y meses después se tuvo que cancelar. Como un paliativo, se construyó la Terminal Dos del actual aeropuerto, que tenía y tiene un alto grado de saturación, después de casi 100 años de existencia. El entonces presidente Venustiano Carranza ordenó la construcción del primer aeródromo de la Ciudad de México en los llanos de Balbuena. Son los mismos terrenos donde ahora se encuentra el aeropuerto internacional, cuya construcción se inició en los años 40 del pasado siglo.

Se dijo que la nueva terminal aérea entrará en funcionamiento en el año 2020. Tendrá dos pistas de 5 kilómetros de largo y una más hacia el año 2040. Dará servicio a pasajeros de vuelos nacionales e internacionales. Lo que no se sabe todavía es el destino que se daría a los terrenos del actual puerto aéreo. Se espera que el nuevo sea uno de los cinco mejores aeropuertos del mundo, con toda clase de servicios: hoteles, restaurantes, casas de cambio, establecimientos comerciales de todo tipo, personal altamente capacitado en mostradores, aduanas, revisión de personas y equipajes, etc. Dará ocupación a varios miles de personas. Se dijo que tendrá un costo superior a los 30 mil millones de pesos. Y serán principalmente recursos privados. La participación del gobierno se reduce a la planeación. De hecho, el proceso de las licitaciones ya arrancó, si bien con algunos retrasos. En el proyecto arquitectónico participan destacados profesionales de la Gran Bretaña y de México. Se ha llegado a comentar que se trata de la mayor obra pública después de la construcción de la UNAM hace ya 75 años.Ahora bien, con relativa sorpresa nos enteramos de que Andrés Manuel López Obrador (AMLO), aspirante a la candidatura presidencial del 2018, anunció que él tiene su propio proyecto. En el actual aeropuerto se mantendrían los vuelos nacionales. Para los vuelos internacionales se construiría una nueva terminal aérea en los terrenos que ahora ocupa la base militar de Santa Lucía, que se ubica en el kilómetro 44 de la carretera libre de México a Pachuca. La distancia entre la base militar y el actual aeropuerto es de unos 80 kilómetros. Con el tráfico que suele haber en la carretera México-Pachuca y en la avenida Insurgentes Norte, el traslado de la base militar al actual aeropuerto tomaría de dos a dos horas y media. Casi todos los aeropuertos importantes del mundo están a las afueras de las ciudades y los recorridos toman de 30 a 45 minutos. Jamás se tardan horas. O será que, como señalan algunos articulistas, la propuesta de AMLO sólo tiene como propósito entorpecer el proyecto del gobierno federal porque, si avanza de acuerdo con lo programado, se convertiría en un hecho favorable para el partido en el poder, de cara a las elecciones presidenciales del 2018. El planteamiento tiene lógica y se ajusta al comportamiento de MORENA de oponerse a todo, sea cual sea el tema y se tenga o no la razón.

La verdad es que el proyecto de AMLO es un auténtico despropósito. Para empezar, construir un nuevo aeropuerto es costosísimo, sin contar la construcción de una nueva supercarretera y vialidades para comunicar las dos terminales aéreas. Agréguese el costo del transporte para los usuarios. Imaginemos a una persona que tenga que realizar un vuelo de conexión entre las ciudades de Chicago y Zacatecas, cosa que ocurre con frecuencia porque en Estados Unidos viven más zacatecanos que en su estado de origen y Chicago es una ciudad con muchísima población de ascendencia mexicana. Pues bien, esa persona tendría que viajar del aeropuerto O´Hare de Chicago al aeropuerto internacional de Santa Lucía, de donde tendría que trasladarse por tierra al Aeropuerto Internacional Benito Juárez, a una de sus dos terminales, para tomar el vuelo doméstico a Zacatecas. El recorrido le tomaría un día entero, sin considerar el gasto en taxis para llegar a su destino final. AMLO dice que su proyecto le significaría al gobierno federal un ahorro de 100 mil millones de pesos (nunca se sabe de dónde saca esas cifras) y se terminaría en 30 meses, de manera que lo podría inaugurar el presidente Peña Nieto. De hecho AMLO formó una comisión para presentarle el proyecto al Presidente. Él no iría para no encontrarse con el mandatario “impuesto por la mafia del poder”. Además, dice que el proyecto del nuevo aeropuerto que desarrolla el gobierno federal es para beneficiar a ciertas compañías constructoras. Pura corrupción, afirma. Claro que habría que preguntarle con qué compañías se propone construir el aeropuerto internacional de Santa Lucía. Si se lo encarga a su amigo Carlos Slim, éste viviría en el mejor de los mundos posibles porque su empresa constructora es una de las que están compitiendo para ganar las licitaciones del nuevo aeropuerto que se propone construir el gobierno federal. No cabe duda de que el dinero llama al dinero.

El miércoles pasado, la doctora Tere Vale tuvo una agria discusión con Eduardo Ruiz-Healy, conductor de un programa vespertino de comentarios, a propósito del nuevo aeropuerto que propone AMLO. Ruiz-Healy comentó que el proyecto le parecía una aberración, utilizando más o menos los mismos argumentos que mencioné líneas arriba. La señora Vale, que tiene un doctorado en psicología, señaló que ella no podía tocar el tema porque carecía de la información técnica. De hecho le preguntó a Ruiz-Healy si él cuenta con esa información. Ruiz-Healy le contestó, palabras más o menos: “Tere, no hace falta la información técnica. Es un asunto de sentido común. Tú y yo hemos viajado y sabemos que en todo el mundo se cuenta con destinos nacionales e internacionales en el mismo aeropuerto.” La señora Vale le replicaba con un extraño ejemplo: el aeropuerto de Newark (New Jersey) está muy lejos del John F. Kennedy de Nueva York. Ruiz-Healy le contestó que para tomar un vuelo de Nueva York a París se consultan los horarios y precios. En función de eso, se opta por el aeropuerto más conveniente. No hace falta recorrer todos los de la zona. Así de simple.

Finalmente creo que detrás de la postura de la señora Vale está el hecho de que es partidaria de AMLO. No tiene nada de extraño ni de cuestionable. Me parece que Tere Vale, quien fuera esposa del ex secretario de Educación Pública Miguel González Avelar, bien podría confesar su filiación política y su simpatíapor AMLO y, al mismo tiempo, manifestar su desacuerdo con un proyecto que a todas luces está fuera de lugar. A final de cuentas lo más probable es que no se lleve a cabo. Si AMLO gana la elección presidencial en el 2018, el nuevo aeropuerto de México estaría casi terminado.