Jesús Orozco Castellanos

Finalmente llegó la fecha y se inauguraron los juegos olímpicos de Río de Janeiro el pasado viernes. Vale la pena mencionar el contexto, los juegos se iniciaron en la Grecia antigua en el año 890 antes de Cristo. El rey Ifitom gobernaba en la Élide, en la región del Peloponeso, donde estaba la ciudad de Olimpia. La contienda se dedicaba al dios Zeus. La primera disciplina fue una carrera de 192 metros, trayecto que se recorría 12 veces, era una sola jornada de un día. Después, en el año 708 se inició el pentatlón, que incluía carreras, lucha, salto, boxeo, lanzamiento de jabalina y disco, etc. Los juegos duraban ya cinco días y desde entonces eran cada cuatro años. Los juegos olímpicos de la antigüedad se realizaron durante 1,269 años. Fueron suprimidos en el siglo IV de nuestra era por el emperador romano Teodosio el Grande, como parte de la lucha cristiana para intentar suprimir el paganismo en Grecia.

Los juegos olímpicos de la era moderna surgieron por iniciativa del francés Pierre de Bredy, barón de Coubertin, quien en 1894 fundó el Comité Olímpico Internacional. Dos años después, en 1896, tuvieron lugar los primeros juegos olímpicos de la era moderna en la ciudad de Atenas para honrar la tradición. Originalmente, los únicos atletas que competían eran griegos; hoy participan cerca de 10,500 atletas de más de 200 países del mundo. Se compite en unas 300 disciplinas de 28 deportes diferentes, jamás hubieran pensado los griegos antiguos que ahora se han agregado disciplinas tan disímbolas como la equitación, el yudo, la natación, el tenis de mesa, etc. Otra diferencia básica es que los atletas griegos de la antigüedad no cobraban, practicaban el deporte como parte de la formación integral que recibían los ciudadanos de Atenas. Ahora hay deportes como el básquetbol o el futbol soccer, en los que compiten profesionales de muy altos ingresos económicos. Es el caso del famoso “dream team” de los Estados Unidos, el equipo de baloncesto cuyos jugadores ganan millones de dólares. Si bien la mayoría de los atletas no recibe un sueldo como tal, las compañías patrocinadoras se encargan de llenar las alforjas de los participantes, sobre todo a raíz de los cobros de derechos por las transmisiones de televisión. Si los juegos en Atenas no costaban un solo centavo, los de ahora implican inversiones de miles de millones de dólares, especialmente para desarrollar la enorme infraestructura que hace falta para las competencias: estadios, albercas, velódromos, salas de armas y un largo etcétera que incluye la villas olímpicas en las que se da hospedaje a la gran mayoría de los atletas y a los periodistas. Algunos países ricos, como Alemania, han decidido alojar a sus atletas en hoteles de lujo; los integrantes del “dream team” están alojados en un barco moderno anclado en la bahía de Río. Han señalado que hay muchas deficiencias en la villa olímpica. Otro gasto son los alimentos, en Río se están sirviendo 60 mil comidas diarias, incluyendo dietas especiales, todo eso cuesta varios millones de dólares.

Algunos comentaristas han señalado que las autoridades brasileñas se empeñan en impedir que los visitantes extranjeros (turistas, atletas y periodistas) vayan a conocer las favelas de Río, las villas de miseria de la ciudad que fuera durante siglos la capital del país. Eso es imposible, es como si en Aguascalientes se pretendiera que los visitantes no conocieran las colonias del oriente, como Los Pericos, por ejemplo. Habiendo libertad de tránsito, como la hay en Brasil, cualquiera puede conocer lo que se le dé la gana. A propósito de tránsito vehicular, se ha comentado que el de Río es uno de los más caóticos de América Latina, muy similar al de la Ciudad de México. También se ha dicho que las aguas de la bahía de Río están contaminadas. Sin embargo, se ha señalado que todo eso se compensa con el carácter alegre de los brasileños, la proverbial belleza de sus mujeres, la afición por el baile y la música, así como la exquisitez de su comida. Unas por otras, pues.

Independientemente de las críticas por la organización de los juegos o de las deficiencias de una ciudad como Río (tercer mundo, al fin), me parece que la competencia en sí misma reúne muchos atractivos, comenzando por la destacada participación de los mejores atletas del mundo que buscan romper todas las marcas. Hace algunos años era impensable rebasar la marca de los diez segundos en la carrera de los 100 metros planos, eso ya es historia. La participación de atletas negros en los juegos olímpicos era un tabú, todavía en los juegos olímpicos de México en 1968, uno de los competidores negros que ganó una medalla de oro levantó el puño derecho al subir al pódium, como si fuera una señal de desafío. Hay que recordar que en los juegos olímpicos de Berlín en 1936, el fürer Adolfo Hitler se negó a saludar de mano a los atletas negros que ganaron medallas. Los consideraba una raza inferior, si bien sus triunfos mostrarían justamente lo contrario. A menos que Hitler pensara que sólo para eso eran buenos. No sería de dudarse que tuviera esa idea.

A propósito de los juegos olímpicos de México en 1968, hay que destacar que fueron un modelo de organización, a cargo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. También es cierto que las instalaciones eran de primera, se construyeron ex profeso los canales de Cuemanco en Xochimilco para el canotaje, la alberca olímpica, el velódromo, el palacio de los deportes, el complejo de la Magdalena Mixhuca. La villa olímpica de los atletas era excelente, igual que la de prensa en Villa Coapa, eran departamentos muy buenos: tres recámaras, sala, comedor, cocina, baño, patio de servicio.

En 1968 México ganó nueve medallas, en Londres de 1912 fueron siete, incluyendo una medalla de oro en futbol soccer. Por lo pronto, el jueves la selección mexicana empató a dos goles con Alemania. Hay quienes ven eso como un fracaso pero yo creo que hay que esperar, si al final se consigue una medalla de plata o bronce, sería un logro aceptable. Los dirigentes del deporte olímpico en México esperan ahora que por lo menos se mantenga lo conseguido en Londres hace cuatro años. ¿Por qué un país tan grande como México, ha tenido históricamente resultados tan pobres en el deporte olímpico? Por lo de siempre: la corrupción en las federaciones deportivas.

La inauguración de los juegos de Río me pareció modesta, regular, por lo que respecta al espectáculo previo. Brasil tiene una enorme tradición musical y creo que se pudo haber hecho algo mejor. Se ha dicho que Río tuvo el 10% del presupuesto de Londres 2012, que Beijing se gastó 100 millones de dólares en los juegos. Asumiendo que sea cierto, hay que reconocer que la imaginación no tiene costo. El tema musical de los juegos me pareció excelente, con una orquesta de 100 músicos de varios países del mundo, dirigidos por la mexicana Alondra de la Parra. Careceremos de atletas, pero no de artistas.

Se espera un gran papel de los Estados Unidos en estos juegos. Sus éxitos deportivos están fincados en la estructura colegial que les da soporte. Cuando en México se apliquen programas de educación física bien estructurados en todas las escuelas de enseñanza básica, lo demás vendrá por añadidura. Si la formación escolar diera como resultado el surgimiento de atletas de alto rendimiento, incluso la corrupción en las federaciones se vería rebasada.