Jesús Orozco Castellanos

En un país de grandes figuras de la música popular como Consuelo Velázquez, Agustín Lara, Jorge Negrete, Pedro Infante, Javier Solís, José Alfredo Jiménez, Cuco Sánchez, Lola Beltrán, Vicente y Alejandro Fernández, Armando Manzanero, Aída Cuevas, Eugenia León, incluyendo a los grandes tenores como Plácido Domingo, Fernando de la Mora y Ramón Vargas (que han incursionado en la música vernácula), abrirse paso tiene un mérito fuera de lo común; por eso la muerte de Juan Gabriel (JG) conmocionó al mundo entero. Comencé a escucharlo desde finales de los años 70 del siglo pasado y lo vi durante la Feria de San Marcos en dos ocasiones. Era capaz de conmover a cualquiera. Siempre pensé que algunas de sus principales composiciones como “Querida” o “Amor eterno” las pudo haber interpretado en los mejores escenarios de Europa, de no ser por su aversión a los aviones, o más específicamente, a su miedo de cruzar los océanos. Lola Beltrán, que no tenía ese miedo, se presentó con gran éxito en el teatro Olympia de París. Por cierto, decía JG que María Félix y Lola Beltrán eran las dos mujeres que más había admirado. En alguna ocasión se presentó en un antro famoso de la Ciudad de México, le comentaron que en una de las mesas estaba María Félix, acompañada del actor Ernesto Alonso. Fue a saludarla y le cantó allí de rodillas, le compuso una canción llamada “María de todas las Marías”.
Fue JG un verdadero caso de éxito. Vivió su primera infancia prácticamente en la miseria en el pueblo de Parácuaro (Michoacán) donde nació. Su verdadero nombre era Alberto Aguilera Valadez. Cuando tenía tres años, su padre enloqueció. Era una familia de ocho hermanos. Su madre emigró a Ciudad Juárez y trabajó como sirvienta. Comenzó a cantar en un bar llamado el “No Noa”, era un ambiente de prostitutas. Adoptó el nombre de Juan Gabriel por su padre que se llamaba Gabriel y por su maestro de guitarra de nombre Juan. Poco a poco se fue dando a conocer. En 1988 lo entrevistó Verónica Castro en su programa “Mala noche no”, comenzó a cantar a las once de la noche y terminó casi a las seis de la mañana del día siguiente. Estaba muy angustiado porque tenía que tomar un vuelo para ir a San Juan de Puerto Rico a una presentación. La empresa Televisa le facilitó un avión privado para trasladarlo a San Juan, para entonces ya era muy famoso. Cuando comenzó a presentarse en Televisa, a los directivos de la empresa les pareció un “pobre diablo”. Al saberse de su fallecimiento, Joaquín López-Dóriga comentó: “Vea usted hasta dónde llegó el pobre diablo”. No sólo se hizo mundialmente famoso, se volvió multimillonario. Se calcula que su fortuna asciende a 30 millones de dólares. Su ambición por el dinero era secundaria.
Todo mundo coincide en que fue un ser humano excepcional: Afectuoso con los suyos hasta el cansancio, generoso, buen amigo, buen padre y abuelo. Tuvo cuatro hijos (tres de ellos adoptados) y un nieto. Asumió su condición de homosexual sin mayores aspavientos. “Lo que se ve no se pregunta”, dijo alguna vez. Nunca fue un activista ni asistió a las marchas de los grupos gay, no le hizo falta. Era una persona discreta, sin ostentaciones, amante de su trabajo en el cual era incansable. Se dice que alcanzó a componer cerca de 1,500 canciones. La gran cantante Aída Cuevas, que fue una de sus amigas cercanas, afirma que JG fue la máxima figura de la canción popular en la historia de México, de ese tamaño. Cuenta ella que hace unas semanas fueron ambos a un centro comercial en Cancún, donde pasaba buena parte de su tiempo. Él iba manejando su propio coche y al llegar al centro comercial no encontraba dónde estacionarse. Los atendió el propio gerente del establecimiento y al entrar en él la gente le saludó con una caravana y con muestras inusitadas de reconocimiento. Finalmente murió en su casa de Santa Mónica en California, cerca del mar. Era tal su fama que hasta el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, envió sus condolencias a la familia.
Fue incinerado por decisión de la familia y se espera que sus cenizas lleguen al Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México el lunes cinco de septiembre. Todo mundo quiere estar presente. La cantante española Isabel Pantoja (nacida en el barrio de Triana de Sevilla), manifestó que hará todo lo posible para estar en Bellas Artes, ella enfrenta un proceso judicial bajo caución en España. Para mi gusto es una de las mejores intérpretes de JG. Tiene una voz bravía, en contraste con la voz dulce de Rocío Dúrcal. Cantó a dueto con varios de los mejores intérpretes del momento. Es muy probable que todo el mundo de la farándula se dé cita en Bellas Artes; el gran tenor Fernando de la Mora ya anunció que estará presente. Me parece que JG nunca tuvo enemigos, salvo enemistades ocasionales como la de Rocío Dúrcal (por razones de dinero y porque en alguna ocasión la dejó plantada, según contó ella) o los malquerientes gratuitos como Nicolás Alvarado, el hijo adoptivo de la conductora Tere Vale, que era director de TV UNAM. Él dijo que detesta a JG por “naco”: Sus trajes con lentejuelas y sus bailes amanerados. Seguramente no entiende que se trata de un estilo y que es cuestión de gustos. A la gran mayoría de la gente le agrada, no sólo en México sino en el mundo de habla hispana. Por cierto, a Nicolás Alvarado ya lo corrieron de la UNAM.
Sin la menor duda JG fue grande entre los grandes de la música popular mexicana. Los ídolos históricos como Jorge Negrete y Pedro Infante eran mejor conocidos como actores de cine y no contaron con el enorme despliegue mediático que da la televisión. José Alfredo Jiménez sí era compositor y cantante pero fue menos prolífico que JG. Quienes saben de literatura, señalan que las letras de José Alfredo tenían mayor sentido poético. Además, a diferencia de José Alfredo que era alcohólico, Juan Gabriel era abstemio y vegetariano. Tampoco era aficionado a las drogas, como es el caso de Alejandro Fernández, que las consume en público. Hace varios años el periodista y escritor Ricardo Garibay acompañó a JG en un viaje por tierra de Acapulco a Parácuaro. Garibay sí bebía y comentaba que JG no probaba una gota de alcohol. Lo que sí tenía era buen apetito, comía muy bien, sobre todo mariscos. En todo caso el sobrepeso del famoso “Divo de Juárez” se debía a que le inyectaban cortisona porque tenía un problema en las rodillas, por eso se fatigaba tanto en sus conciertos. Un amigo cercano de JG dice que en un principio comía y bebía todo lo que se le antojaba, por “beber” se refería a la Coca Cola. Y comía birria, carnitas, menudo, pozole, a pesar de que tenía prohibido todo eso porque era diabético. Parece que al final sí cuidaba su dieta, según dijo su cocinera, y además hacía ejercicio.
Sus letras son muy sencillas y pegajosas, de modo que todo mundo se las aprende. De hecho en sus últimas presentaciones ya casi no cantaba, le bastaba iniciar la canción y con la mano le pedía al público que le hiciera coro, los asistentes cantaban a voz en cuello. Recuerdo muy bien un concierto en el año de 1990 en Bellas Artes. Asistió la esposa del entonces presidente de México, la señora Cecilia Occelli de Salinas. JG la saludó con todo respeto, era una de sus principales admiradoras. Fue un recital memorable. Lo reiteramos: JG fue el mayor exponente de la música popular mexicana.