Jesús Orozco Castellanos

Tengo una especial afición por algunos deportes considerados de alto rendimiento. Es el caso del futbol soccer, el futbol americano y el béisbol (la computadora me lo marca invariablemente con acento). Hace unos días vi una parte del clásico entre el Guadalajara y el América, que tuvo lugar en el estadio Azteca. Como sabemos, ganaron “las chivas” dos goles contra uno. El resultado me pareció injusto porque al América le anularon un gol que a todo mundo le pareció bueno. El abanderado marcó un fuera de lugar que sólo él vio y el árbitro central tuvo que seguirlo en esa jugada. Así suele ocurrir y en términos generales se acepta que son ésas las reglas del juego.

Se ha insistido mucho en que la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociado) debiera adoptar el método del “reto” (challenge en inglés), que consiste en la repetición electrónica de las jugadas a petición de los afectados. Se aplica en el béisbol y en el futbol americano que se practican profesionalmente en los Estados Unidos. En el básquetbol también se está considerando esa posibilidad. En el caso del béisbol, hay un comando central instalado en Park Avenue en la ciudad de Nueva York. Allí se analiza desde todos los ángulos posibles una jugada impugnada y existe la posibilidad de mantener o cambiar las decisiones de los árbitros, que en el béisbol se llaman “umpires”. Se trata de una excelente metodología porque una decisión puede cambiar el destino de un partido. Y puede tratarse de un partido crucial que incluso podría llegar a determinar el triunfo o la derrota en una serie mundial, máximo galardón que se juega dentro de las ligas mayores.

En el futbol americano el “reto” se decide en el mismo terreno de juego. Se instalan varias cámaras de televisión en la parte alta de los estadios. Los monitores son revisados por especialistas y éstos comunican la decisión final a los árbitros. Al igual que en el béisbol, en el futbol americano una decisión puede cambiar en definitiva el resultado de un partido, lo que a la postre podría llegar a determinar el triunfo o la derrota en un super tazón, título máximo que se disputa en ese deporte dentro de los Estados Unidos. Lo que está en juego es muchísimo. Un minuto de publicidad en televisión en un super tazón cuesta centenares de millones de dólares. De ese tamaño.

Se ha insistido hasta el cansancio en que la FIFA debiera aplicar el criterio del “reto” en las jugadas clave. Sin embargo, la resistencia es increíble. Hay quienes señalan que si la FIFA pierde el control de los árbitros, se le va de las manos la posibilidad de influir en los partidos y, por lo tanto, en el conjunto de ese deporte que maneja miles de millones de dólares en todo el mundo. Por algo los dirigentes se aferran a sus cargos. El presidente de la FIFA, el señor Joseph Blatter, ya declaró que desea continuar en el cargo, a pesar de que su mandato está por concluir a principios del próximo año.

Ya hemos comentado en este espacio la aberración que significa haber elegido a Qatar como sede del mundial del 2022. Se trata de un pequeño país petrolero en el Medio Oriente. Tienen todo el dinero del mundo para construir los estadios. Lo que no hay es gente para llenarlos. Además hace un calor infernal. De hecho se ha considerado la posibilidad de jugar los partidos en diciembre, cuando el calor es más soportable. Hace un poco más de ocho años estuvimos en Egipto, donde realizamos un crucero por el río Nilo. El calor era terrible. Oscilaba entre los 45 y los 50 grados centígrados. Por la mañana visitábamos ciudades o pueblos y al mediodía regresábamos al barco, que por fortuna contaba con aire acondicionado. Subirse al barco era un auténtico bálsamo gratificante. El calor en Qatar es parecido. ¿Cuánto recibiría la FIFA por haber escogido a Qatar como país sede? No lo sabemos pero deben ser cantidades astronómicas. Existen muchos otros países realmente viables.

Si en el gol anulado en el clásico que menciono se hubiera utilizado la repetición electrónica, el asunto se hubiera resuelto sin mayores complicaciones. Como no vi el partido completo, me cuentan que hubo además una mano de un jugador del Guadalajara que el árbitro no marcó. En el mundial de Brasil del 2014, un árbitro decidió instalar un “chip” en su reloj para cerciorarse de que se tratara de una anotación válida. En algún momento en el reloj le apareció la palabra gol y lo marcó. Sin embargo, en ninguna de las 36 cámaras de televisión instaladas en el estadio se apreció la anotación. El árbitro reconoció que se había equivocado pero no cambió la decisión. Y como no hay sanciones para los árbitros que se equivocan, les tiene sin cuidado. Si a un árbitro le aplicaran tres o cuatro partidos de suspensión por un error cometido, seguramente andarían con más cuidado en sus decisiones. Pero como reina la impunidad, “ancha es Castilla”, como dijera el clásico.

En días pasados, a raíz de lo ocurrido en el clásico, algunos comentaristas han estado entrevistando a varios ex árbitros. Todos coinciden en que nunca recibieron “línea” para favorecer o perjudicar a determinados jugadores o equipos. En principio hay que concederles el beneficio de la duda pero recuerdo un partido en el que el árbitro marcó un penal. Estaba a punto de cobrarse cuando recibió una llamada telefónica en su celular. Contestó y cambió la decisión. Fue sancionado pero el asunto fue muy evidente. Claro que tampoco hay que irse a los extremos. Recientemente, en un partido de tercera división en Rusia, los aficionados se enfurecieron con una decisión del árbitro y se le echaron encima con la intención de lincharlo. Cuando ya casi lo alcanzaban, el árbitro sacó una pistola y les disparó. Sólo así los pudo detener.

El gobierno de Polonia intentó meter orden en la FIFA. Nada se pudo hacer. Tuvo que intervenir la justicia norteamericana y uno de los altos dirigentes fue extraditado de Suiza (donde está la sede de la Federación) a los Estados Unidos para ser enjuiciado por un problema relacionado con el pago de impuestos. No ha pisado la cárcel pero en ésas andan. Si los altos dirigentes tienen cuentas bancarias en Estados Unidos, deben irse con cuidado en el tema de los impuestos. Fue un problema de ese tipo el que permitió a los tribunales norteamericanos encarcelar a uno de los capos más famosos de la historia, el célebre Al Capone que purgó condena en la prisión de Alcatraz.

Otro problema es que la FIFA es una especie de entidad con jurisdicción propia. Los estados nacionales no pueden intervenir. La Federación Mexicana de Futbol es totalmente autónoma. Si al gobierno mexicano se le ocurriera hacerle alguna sugerencia al “Tuca” Ferreti, director técnico de la selección nacional, ardería Troya. Eso es impensable. Ni siquiera pudieron cambiar la fecha de un partido que se realizó el pasado siete de junio, día en que tuvieron lugar las elecciones federales intermedias y la elección de autoridades locales en más de una decena de entidades federativas. El futbol es sagrado.

Las consecuencias de los errores arbitrales en el futbol pueden ser fatales, incluso letales. Las batallas campales que ocurren, por lo general dejan saldos de personas lesionadas, en el mejor de los casos. El uso de tecnología bien podría terminar con ese tipo de conflictos. No obstante, al parecer nada de eso les interesa a los señores de la FIFA, que sólo van tras el dinero. Nada más.