Jesús Orozco Castellanos

“Algo está podrido en Dinamarca”, decía el célebre personaje de Shakespeare. La frase se aplica puntualmente a México cuando vemos las escenas de lo que está ocurriendo en Oaxaca: carreteras bloqueadas, autobuses quemados, comercios vandalizados, oficinas incendiadas, robo de vehículos y lo peor de todo, nueve personas asesinadas y más de cien heridas. La Policía Federal intervino tarde y mal. El gobierno de la República está paralizado. El secretario de Educación Pública dice que se trata de hechos aislados, que la gran mayoría de las entidades federativas vive en paz. Pero la verdad es que con un solo estado fuera de control, al margen del estado de derecho, basta y sobra para que México aparezca ante el mundo como un Estado fallido. Por algo ya llegaron a nuestro país los enviados especiales de la ONU. La prensa internacional se vuelve a ocupar de México y de la peor manera: para mostrar que la violencia es incontenible y que estamos muy lejos de convertirnos en un país de leyes. Y lo peor de todo: esto parecería darle la razón al candidato republicano Donald Trump: los mexicanos somos incapaces de resolver nuestros problemas porque somos un país de asesinos y violadores. Si los asesinatos se dan a mansalva en Oaxaca, qué mayor prueba se requiere para alguien que finca su estrategia electoral en todo tipo de generalizaciones.

Por supuesto que el gobierno de Oaxaca está rebasado. Lo está desde hace tres sexenios cuando la administración de Ulises Ruiz permitió que la Asociación Popular de los Pueblos (valga la terrible redundancia) de Oaxaca, la APPO, comandada por Flavio Sosa (que también aparece ahora entre los dirigentes de los manifestantes), mantuvo la capital del estado secuestrada y paralizada durante seis meses hasta que finalmente el gobierno timorato de Vicente Fox decidió enviar a la Policía Federal. Durante todo ese tiempo los maestros-secuestradores cobraron puntualmente sus salarios. Por eso siguieron en las mismas en el gobierno de José Murat, quien fue capaz de fingir un secuestro para mantenerse políticamente vigente. Lo que no fue fingido fue el asesinato vil de un maestro que se negó a realizar propaganda en favor del candidato Murat. El actual gobernador Gabino Cué no toma decisión alguna, sólo se mantiene como observador y desde luego sigue pagando los sueldos de los maestros. Por si fuera poco, ya se asoma otro Murat (Alejandro), el que ganó la elección de gobernador el pasado cinco de junio. Qué corta o nula es la memoria de los oaxaqueños. Son los mismos Murat que tienen residencias multimillonarias en Estados Unidos, incluyendo una en la ciudad de Nueva York, frente a Central Park, una de las zonas urbanas más caras del mundo. Contrasta esta opulencia con el hecho de que Oaxaca es uno de los estados más pobres de México. Es el caso de Miguel Ángel Yunes, el gobernador electo de Veracruz. Se dice que tiene una fortuna de 400 millones de dólares.

Lo que ahora ocurre con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que mantiene los bloqueos en las carreteras, es consecuencia directa de la decisión tomada por el gobierno federal en el sentido de acabar con los privilegios de los que por años habían disfrutado los maestros disidentes: venta, renta y herencia de plazas, tráfico de influencias, negativa a someterse a cualquier forma de evaluación. A todo esto se agrega la costumbre que los maestros han mantenido por años: bloquear las principales avenidas de la Ciudad de México para después ir a las oficinas de Gobernación a recibir miles de millones de pesos, ahora (en el actual gobierno) por parte del subsecretario Luis Miranda. Los mal acostumbraron.

El gobierno federal afirma que los autores de los asesinatos y las lesiones son “infiltrados”. Varios comentaristas de prensa se preguntan cómo es posible que el Estado mexicano, con todo el aparato de inteligencia del que dispone, no sea capaz de identificar a los delincuentes, sean o no infiltrados. Y que la Policía Federal no se diera cuenta de que algunos de los manifestantes iban armados, es apenas creíble. El Secretario de Gobernación se reunió recientemente con los dirigentes de la CNTE para abrir una mesa de “negociación”. ¿Acaso es posible negociar con asesinos y delincuentes? Por supuesto que no se llegó a ningún arreglo después de doce horas de escuchar un rollo tras otro. Osorio aguantó tres horas. Sólo falta que se vuelva a formar una comisión para investigar los hechos y que, de nueva cuenta, se pida la intervención de peritos extranjeros a los que se tenga que pagar cantidades exorbitantes y en dólares. Por lo pronto ya llegaron los observadores de la ONU. ¿Harán falta más? ¿No es preferible encarcelar a los delincuentes? En ese clima de impunidad, los dirigentes de la CNTE tienen todo el camino pavimentado para seguirle tomando la medida al gobierno. Faltaba más.

¿Se pueden seguir abriendo frentes a diestra y siniestra? Desde luego no. Si algo muestran los resultados electorales del pasado cinco de junio es que la gente está harta de tanta corrupción e impunidad, así como del clima de inseguridad que se vive en varios estados del país, particularmente en el sureste: Oaxaca, Chiapas, Guerrero. En Michoacán parece que las cosas están volviendo a la normalidad, o al menos eso esperamos. Además, parecería que hacen falta reflejos políticos. El asunto de Oaxaca debió atraerse de inmediato por parte de la PGR porque hay carreteras federales bloqueadas, como es el caso de la autopista Puebla-Oaxaca. De hecho, empresas de autotransporte como ADO suspendieron sus servicios. Y agréguese que la operación de la refinería de PEMEX en Salina Cruz se ha visto entorpecida.  La carretera del Istmo de Tehuantepec está seriamente afectada. Ni siquiera se recomienda ir a las playas de Oaxaca. También se han visto imágenes de anaqueles vacíos en los centros comerciales. O sea que ni el transporte de productos básicos tiene acceso a los establecimientos comerciales. De hecho, el jueves comenzaron a llegar a Huatulco aviones Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Mexicana con 18 toneladas de alimentos cada uno. Se espera llegar a 600 toneladas en dos semanas. Lo que más se requiere es leche en polvo, maíz y frijol.

Se habla de que probablemente tengan que rodar cabezas dentro del gobierno federal. Esto es ajeno al estilo del presidente Peña Nieto. Sin embargo, me parece, insisto, que la primera medida de fondo es que la PGR atraiga el caso. O quizá ya es el momento de decretar la desaparición de poderes en Oaxaca. El gobierno ya perdió la batalla mediática desde el momento en que no se actuó de manera oportuna durante las primeras 72 horas posteriores a los hechos. También está a punto de perder la batalla política, si no es que ya la perdió. Ni siquiera se sabe quiénes son los responsables de los hechos para detenerlos y ponerlos a disposición de los jueces. Lo que faltan son respuestas y un liderazgo claro por parte del gobierno federal. Mientras Oaxaca se incendia, el presidente Peña Nieto va a Canadá para reunirse con los líderes de América del Norte. Pretendió dar cátedra sobre populismo y la respuesta de Barack Obama no se hizo esperar. De entrada le recomendó consultar el diccionario para saber lo que significa la palabra. Además, aclaró que desde que asumió la Presidencia de Estados Unidos ha buscado atender a los más necesitados. Si eso es ser populista, dijo, lo soy. Lo demás es retórica, remató.