Jesús Orozco Castellanos

 

Hace un par de años me preguntaron unos amigos que si nuestro país tenía tantos problemas económicos y políticos, cómo era posible que siguiera adelante. Les contesté con algo que los dejó sorprendidos. El país ya camina solo, les dije; sigo pensando lo mismo. Acaba de informar el INEGI que el desempleo en agosto se redujo a 3.7%, frente al 4.4% del mismo mes del año pasado. ¿Cómo explicarse esto si la economía ha tenido un crecimiento mediocre por debajo del 2% anual? Quizás en parte se debe a que la economía norteamericana ha registrado un leve repunte. También a que la industria automotriz mexicana se mantiene gracias a las exportaciones. O bien a que las remesas de los connacionales que trabajan en Estados Unidos siguen llegando a sus familias en México y representan una de las principales fuentes de divisas. Sin embargo, los problemas persisten: El precio internacional del petróleo no levanta y México ha tenido que volver a contratar coberturas, la depreciación del peso frente al dólar no cede y por momentos ya superó la barrera de los 20 pesos, la calificación de la deuda soberana del país ya es negativa, las inversiones extranjeras que llegan son escasas y no alcanzan a cubrir las necesidades de la economía. Y a pesar de todo el país está en pie.

A lo anterior se agrega una creciente falta de liderazgo político, una corrupción rampante e imparable y un clima de inseguridad pública que persiste en varios estados de la República. Para darnos una idea de hasta dónde ha llegado la corrupción, recientemente se dio a conocer que para obtener una cita en PEMEX, algunas empresas han tenido que pagar ¡20 millones de pesos!, sólo por la cita. Por cuánto habrá que multiplicar esa cifra para obtener un contrato. Las “comisiones” para algunos contratos de obra pública pueden alcanzar el 40% del valor de la obra. Hay quienes han llegado a señalar que el sello del presente gobierno es la corrupción. Y no sólo hablamos del gobierno federal, algunos gobiernos estatales han alcanzado niveles de vértigo, como Veracruz y Quintana Roo. En Veracruz el saqueo de las arcas suma miles de millones de pesos; en Quintana Roo, numerosos propietarios de terrenos y departamentos en el área de Cancún han sido despojados de sus bienes por las autoridades, argumentando problemas ambientales, para entregarlos a personas que gozan del favor del gobernador Roberto Borge. El caso de Veracruz se agrava por los hechos de sangre que han ocurrido. Todavía hace unos días fueron asesinados dos sacerdotes en Poza Rica, y todo esto sucede en la más absoluta impunidad. En el caso de los sacerdotes asesinados, el fiscal de Veracruz afirmó que los presbíteros estaban ingiriendo bebidas alcohólicas con sus victimarios y que al final la situación se salió de control. Hay otra versión en el sentido de que los mataron para robarles cinco mil pesos y sus vehículos, es un móvil que parece más creíble. En Veracruz ya es práctica común culpar a las víctimas. El episcopado mexicano exigió el esclarecimiento de los hechos, cualesquiera que sean.

Para colmo, los militantes del PRI le exigen al gobierno federal que en los casos de corrupción se debe actuar parejo, como si se tratara de un trueque. Por eso la PGR ya integró un expediente por enriquecimiento ilícito en contra del ex gobernador de Sonora, el panista Guillermo Padrés Elías, quien ya cuenta con un catálogo de 26 amparos. Se le fijó una fianza de 65 mil pesos y en los primeros días de octubre continuará el proceso. Habrá que ver si el señor sigue en el país. Además, jamás he visto en México un caso de alguien que haya sido sentenciado después de haber obtenido un amparo. El ex gobernador Luis Armando Reynoso Femat pagó una fianza y, hasta donde se sabe, jamás ha pisado la cárcel. Ahora bien, los casos de Javier Duarte y de Guillermo Padrés son muy distintos. Y no es que este último sea un angelito ni tengo interés alguno en defenderlo. Simplemente no se le conocen hechos de sangre. Lo de Duarte clama al cielo, por algo su escolta está compuesta por una fila interminable de camionetas. Cuando están de por medio mujeres violadas y asesinadas, los padres agraviados son capaces de todo, sobre todo porque los asesinos y violadores son policías. Se han visto muchos casos en México, será por eso que Duarte ya compró casa en Estados Unidos (en Houston); y repito, no hay autoridad que ponga orden en todo eso.

Si mal no recuerdo, en el año de 1997 me tocó intervenir en un caso muy peculiar, cuando formé parte del gobierno del estado. Resulta que un muchacho fue acusado de violación pero el juez lo dejó en libertad porque no encontró suficientes elementos. Para empezar, la supuesta violación había ocurrido dentro de un hotel, todo hacía suponer que era una situación consentida por ambas partes. Antes de liberarlo mandé llamar a los padres y les sugerí que el joven se fuera a vivir fuera del estado porque los papás de la muchacha eran de armas tomar, me hicieron caso y el muchacho se fue a vivir a un estado del sureste. Regresó después de varios años, cuando las aguas habían regresado su nivel, como suele decirse. Son situaciones muy difíciles.

Volviendo al inicio, llama la atención que con tantos problemas económicos, políticos y sociales el país, mal que bien, sigue avanzando. O sea que, en efecto, ya camina solo. En otras palabras, eso significa que México ya cuenta con instituciones, aunque todavía no sean suficientemente sólidas. Funciona la división de poderes, los estados tienen una mayor autonomía, el pluralismo político llegó para quedarse, la sociedad civil va en crecimiento; todo esto era impensable cuando Carlos Salinas llegó al poder hace 28 años.

En los años recientes hemos pasado por terribles magnicidios, asesinatos en masa (Aguas Blancas, Guerrero; Acteal, Chiapas; Ciudad Juárez, Chihuahua; San Fernando, Tamaulipas; Ayotzinapa, Guerrero; Apatzingán, Michoacán; Calera, Zacatecas; Tlatlaya, Estado de México; Nochixtlán, Oaxaca; Tanhuato, Michoacán); han participado soldados, marinos, policías federales y estatales, lo mismo que personal civil. La lista se puede alargar, además de los problemas gravísimos de ausencia total de autoridad para enfrentar a grupos disidentes como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación que son capaces de paralizar la vida entera de estados como Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Chiapas, bloquean vías férreas y carreteras, asaltan y saquean comercios y camiones repartidores de refrescos y cervezas. Y todo eso ante la mirada impasible de los policías que tienen órdenes de no mover un dedo, teniendo que soportar las embestidas de los maleantes.

Tal vez podemos entender la marcha del país porque en la mayoría de los estados de la República se trabaja en paz y en orden. Los empresarios de Monterrey siguen invirtiendo, Guadalajara sigue creciendo como el “silicon valley” de América Latina; la Ciudad de México conserva su rango indisputable de capital política, económica y cultural del país, se ha convertido en la capital del espectáculo del mundo de habla hispana. El hecho de que haya problemas en cinco o seis estados del país, o de zonas específicas dentro de esos estados, no impide el crecimiento más o menos ordenado del resto. Por eso da la impresión de que el país, por fortuna, ya camina solo.