Por: Octavio Díaz García de León

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Existen dos tipos de repúblicas: las repúblicas burocráticas donde los hombres sirven a las leyes con rigor, y las repúblicas mafiosas donde los hombres se sirven de las leyes. A partir de esta clasificación, el Dr. Fernando Escalante Gonzalbo, profesor del Colegio de México y uno de los intelectuales más importantes y poco reconocidos de nuestro país, se propone emular al gran Maquiavelo escribiendo un libro de consejos acerca de cómo gobernar las repúblicas mafiosas. Su libro se llama “El Principito o Al Político del Porvenir”, publicado por la editorial Cal y Arena en 1995 y reeditado posteriormente.

El libro tiene por lo menos dos lecturas: por una parte, se puede tomar como un ejercicio serio de doctrina política que puede ser de utilidad a los políticos que les tocó en suerte vivir en una república mafiosa, o bien, se puede leer como una enumeración de los graves defectos que tiene la vida política de México. Fue escrito hace veinte años, pero sus observaciones siguen tan vigentes como entonces. El libro está salpicado de ejemplos de la política de nuestro país que ilustran de manera cínica, si así se le quiere ver, o muy práctica, bajo otra óptica, el cómo se debe gobernar nuestra república.

De acuerdo con Escalante, en las repúblicas burocráticas la virtud que predomina es la disciplina y en las repúblicas mafiosas, la prudencia. Asimismo, en las burocráticas “están organizadas las empresas, los partidos y el gobierno de modo que sus recursos dependan del cargo y no de la persona que, temporalmente, lo ocupa”, mientras que, en las mafiosas, “los recursos de poder e influencia son siempre, de algún modo, personales”. Sobre el calificativo mafioso, Escalante aclara: “la mafia no es… una asociación para delinquir, sino un modo de vida fincado en el aprecio de la amistad y la familia. Cualquier capo sabe, y debería saberlo cualquier político, que mafioso es quien ayuda a sus amigos, protege a su familia, hace honor a su palabra, cumple con sus compromisos, ampara los negocios de provecho y procura el orden y la tranquilidad de sus allegados y clientes.”

Una vez definidas así las repúblicas, Escalante se encarga de dar consejos para gobernar repúblicas mafiosas. Algunos de ellos son:

  1. Conviene tener leyes drásticas e imposibles que contraríen las costumbres de la gente. Esto obliga a la gran mayoría a vivir fuera de la ley, sin dejar de temerla. Ello da oportunidades de corrupción para los funcionarios y permite colocar en la ilegalidad a los opositores con lo cual puede obrar contra ellos por razones jurídicas e incluso ser magnánimo. Por ejemplo, Juárez, en lugar de fusilar a todos los que apoyaron a Maximiliano, como lo permitía la Ley, les permitió cambiar el castigo por multas que fueron seguramente pagadas con entusiasmo. En nuestros días, el nuevo reglamento de tránsito de la Cd. de México es un buen ejemplo. El gobierno de la Ciudad ya está dando generosos descuentos a quien lo viole y sea multado.
  1. Es conveniente que el político domine y mantenga en límites no solo sus más bajas pasiones, sino también sus buenas inclinaciones. Con ello se evita, por ejemplo, que los diputados de un partido cuando hayan de votar a favor de alguna iniciativa por instrucciones de sus jefes, no les estorbe ni su conciencia ni su dignidad. Escalante cita a Víctor Manzanilla Schaffer que, cuando votó en contra del resto de su partido se dio prisa por calmar el enojo de sus jefes: “Volveré a disentir cuantas veces mi conciencia y mi dignidad lo exijan. (..) Y pongo mi futuro político en el pensamiento democrático, revolucionario, humanista, progresista y patriótico del presidente López Portillo.”
  1. En cuanto a la reputación, Escalante aconseja que “el mayor arte consiste en evitar una polémica directa, porque responder de manera personal los ataques personales es tanto como acreditar al adversario, con lo cual, además, se invita a la gente a evaluar unas y otras razones. Y el pueblo es un juez demasiado incierto”. Dice Escalante que “conviene mucho, y esto saben hacerlo todos los gobernantes, tener comprado enteramente algún periódico u otro medio de información… Sin embargo, es más útil repartir el dinero con generosidad… premiando incluso a los opositores, que, por muy enconados que sean, no dejarán de apreciarlo”. Así han surgido prácticas novedosas para el “chayote”, cuando el gobierno le ofrece al periodista publicidad pagada para su página personal de internet. Dice Escalante que el mayor elogio lo merece Don Jesús Silva Herzog, colaborador del presidente Cárdenas, quien ideó la creación de un monopolio del papel periódico y según sus propias palabras lo hizo “…para que el gobierno ejerciera cierto control sobre los periódicos cuando su acción fuera perjudicial a la marcha normal del país.”
  1. En cuanto a los ideales, hay que matizarlos. El autor cita a Gonzalo N. Santos que razonaba su personal manera de contar los votos en elecciones: “mi compromiso es con la revolución y no con una pinche ley electoral que nosotros mismos hemos hecho y por lo tanto no tiene nada de sagrada.”

Creo que hay dos caminos para aprovechar el libro: intentar convertir nuestra república, en una república virtuosa superando sus defectos, o bien, que los aspirantes a políticos lean con provecho este pequeño manual que con ironía nos ofrece Escalante, para que sigan gobernando igual que siempre al país.

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