Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Un médico, ¿para qué quiere el diagnóstico de su paciente? Evidentemente, para recetarle el medicamento más idóneo que le haga recuperar su salud deteriorada. Y con el fin de asegurarse que el tratamiento sea el adecuado, el médico lleva seguimiento de la evolución del padecimiento hasta lograr que el paciente se recupere. En el ámbito de la educación básica, también se hacen diagnósticos para detectar las deficiencias que presentan los alumnos en sus aprendizajes para, con base en estos datos, aplicar nuevas ideas pedagógicas y didácticas que mejoren los aprendizajes de los educandos; sin embargo, aquí está el problema: en la inmensa mayoría de los casos, las intervenciones pedagógicas quedan en simples buenas intenciones, pues no se elaboran proyectos de mejora, ni se llevan a cabo acciones concretas, que superen las insuficiencias detectadas en las evaluaciones. En otras palabras, del diagnóstico no se pasa, por eso las deficiencias ahí quedan estancadas en el diagnóstico; siendo ésta una de las razones principales de por qué, en cada ciclo escolar, los estudiantes manifiestan los mismos bajos niveles de aprovechamiento escolar.
En décadas pasadas, la Secretaría de Educación, a través de las autoridades estatales, aplicaba un instrumento de evaluación denominado IDANIS con objeto de diagnosticar las deficiencias que presentaban los alumnos del sexto grado de primaria, para que éstas fueran subsanadas en el primer año de secundaria. Pero, ni las autoridades educativas, ni las escuelas, hicieron algo por superar las insuficiencias. De igual manera, en los últimos años se han aplicado diversos instrumentos de evaluación como EXANI, ESCALE, TALIS, ENLACE y actualmente PLANEA. Según las autoridades, “estos instrumentos no son para aprobar o reprobar, sino para detectar las áreas de oportunidad con miras a mejorar los aprendizajes de los alumnos”. Pues estos exámenes mostraron, en su oportunidad, que el 50, 60, 70 y hasta más del 80% de los alumnos presentaban severas deficiencias en los aprendizajes, en relación con los contenidos de los programas de estudio vigentes. No obstante, ninguna instancia educativa se preocupó (ni se preocupa) por implementar de manera sistemática lo conducente para superar los bajos índices de aprovechamiento escolar. De poco ha servido que millones de pesos se gasten, anualmente, con el fin de diagnosticar el estado que guarda la educación básica, pues los esfuerzos y los gastos se quedan tan sólo en el diagnóstico. Imagínese lo que pasaría si el médico no hiciera nada después de conocer el diagnóstico del paciente.
¿Qué hacer, ante este orden de cosas, en materia educativa? Si realmente existe el compromiso y la voluntad de elevar la calidad educativa del alumnado, las autoridades del ramo tienen la grave responsabilidad de diseñar e implementar en las escuelas proyectos pertinentes de mejora continua, con la participación y acompañamiento efectivo, a los docentes, de los jefes de sector, los supervisores y los directores. Pero si por extrañas cosas que pasan en las administraciones, las autoridades no muestran interés en promover la mejora educativa, o tienen sus miras en otros asuntos; entonces, deben ser los jefes de sector, los supervisores, los directores y los docentes, los que en colectivo, tomen el liderazgo y las riendas de planes de trabajo para mejorar la educación que está bajo sus respectivos ámbitos de competencia. Y esta decisión, no será una falta de respeto a la autoridad, sino el pleno ejercicio de la vocación de servicio, de la ética profesional y el respeto irrestricto hacia los niños y los padres de familia. La Ruta de Mejora, que se elabora en cada escuela, puede ser el punto de partida, pero su planeación debe reorientarse y fortalecerse hacia lo medular: el mejoramiento de los aprendizajes del estudiantado. Y todo lo demás que se aborda en los consejos técnicos escolares como la observancia de la normalidad mínima, para empezar bien el día y la convivencia, entre otros puntos, que quede claro: no son fines en sí, sino medios o condiciones para que los alumnos logren aprendizajes relevantes en todas las asignaturas de los programas de estudio.
En las escuelas se hacen muchas cosas y de buena intención, pero por la falta de una rectoría bien definida y la ausencia de acciones sistemáticas no se logran los avances deseados. Un buen camino para mejorar los aprendizajes de los educandos es transitar hacia la superación de las deficiencias que se detectan en los diagnósticos.