Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“Ora sí violín de rancho, ya te agarró un profesor” refrán.

Tras 45 años de que fue robado de la oficina de su propietario el violinista Roman Totenberg, el Ames Stradivarius (prácticamente todos los 600 violines elaborados por Antonio Stradivarius que se conservan en la actualidad tienen su apelativo) reapareció cuando fue llevado a valuar en la ciudad de Nueva York por una mujer viuda de Philip Johnson un aspirante a violinista que falleciera en California en 2011. El valuador además de conocedor, honrado, seguramente reconoció el violín, o al menos intuyó que un Stradivarius era demasiado para que lo poseyera una anciana señora de medio pelo que había sido esposa de un violinista también de pelo, y, como en las películas (por eso me gustan las películas gringas), el valuador se vistió de héroe, llama al FBI, llegaron los agentes con la celeridad, eficiencia y prestancia de cualquier policía ministerial colombiano (a riesgo de crear un conflicto internacional), decomisaron el violín y llamaron a la residencia de los Totenberg, preguntaron algo así como: “¿Allí fue donde les robaron un violín hace 45 años?, “¿Sigue en pie la recompensa?”, “¿Lo podrían reconocer?, porque en caso contrario se perdería en beneficio del estado, o de perdido en beneficio del jefe de la corporación”. Por supuesto que no, amable lector, los agentes del FBI solo informaron a Nina Totenberg la recuperación del violín y le pidieron que pasara por él, porque no les gusta conservar cosas viejas.

El Ames Stradivarius fue elaborado por Antoni Stradivari, laudero italiano vecino de Cremona en 1734, y después de una interesante vida y numerosas correrías, como debe corresponder a los legendarios violines cremonenses, fue adquirido por el violinista polaco Román Totenberg en 1943 en plena Segunda Guerra Mundial, en la friolera del equivalente a tres y medio millones de pesos actuales, una ganga si se considera que el último Stradivarius que se vendió fue en un remate y alcanzó un exorbitante precio de casi 16 millones de dólares, aunque no es el mas caro de la historia. Un Guarnerius, el “Vieuxtemps” alcanzó por el mismo tiempo un precio de 19 millones de dólares.

Curiosamente en Cremona entre los siglos XVII y XVIII vivieron tres grandes familias de lauderos, seguramente los más famosos de la historia, y en opinión de muchos los más grandes fabricantes de instrumentos de cuerda en la historia de la música. Los Amati, los Stradivari y los Guarneri. De ellos seguramente el mas popular, el más conocido y el que ha alimentado leyendas de diversos tipos es Antonio Stradivari. Se cuenta, por ejemplo, en una anécdota deliciosa que los talleres de los Amati, los Stradivari y los Guarneri, se encontraban ubicados en la misma calle. Niccolo Amati, el mas famoso de la familia, había hecho colocar en su taller un letrero que rezaba “Aquí se hacen los mejores violines de Italia”, Andrea Guarneri, ni tardo ni perezoso mandó hacer su propio letrero con la pomposa frase “Aquí se hacen los mejores violines del mundo”, y, Antonio Stradivari ripostó con su modesto anuncio “Aquí se fabrican los mejores violines de esta calle”.

La leyenda de los Stradivarius recoge extravíos y recuperaciones novelescas, viajes fantásticos y sobrevivencias a catástrofes, engaños en las revisiones de las líneas de guerra durante los conflictos que asolaron a Europa, pactos con el diablo, mixturas mágicas para sus barnices en los que entraban la sangre de doncellas, duelos y reduelos por su posesión, robos, asaltos y desde luego propietarios excéntricos, violinistas de excepción, coleccionistas misteriosos, falsificadores y fundaciones que los conservan como los tesoros que son, como es el caso de la Nippon Foundation Stradivarius que tiene nada menos que quince violines Stradivarius: Paganini-Desaint1680, Lord Newlands 1702, Dragonetti 1706, Huggins 1708, Engleman 1709, Duc de Camposelice 1710, Dolphin-Delfino 1714, Joachim-Aranyi 1715, Otto Booth1716, Sasserno 1717, Lady Blunt 1721, Jupiter-ex-Goding 1722, Wilhelmj 1725, Paganini-Comte Cozio di Salabue 1727, Muntz 1736; además tres violonchelos: 1696 Aylesford, Feuermann-De Munck-Gardiner 1730, Paganini-Ladenburg 1736; y una viola Paganini-Mendelssohn 1731.

Como su producción de violoncellos y violas fue menor, esos instrumentos gozan de mayor fama y de mayor precio. En España se conservan también un gran número de instrumentos Stradivarius y particularmente el quinteto Palatino, un conjunto de instrumentos para una pequeña orquesta de cuerda, fabricados para el Reino de Nápoles, que alguna vez formó parte del imperio español y fueron recuperados para la metrópolis.

No obstante su mayor fama, los Stradivarius no han sido los mas apreciados, al menos por los mas famosos ejecutantes de la historia. Pablo Casals tenía un violonchello Stradivarius el conocido como Bocherini; Romberg, que sin embargo no era su favorito. El maestro español prefería un violonchelo austriaco Gottfried que era mas pequeño y según sus palabras menos ostentoso, menos violento, mas dulce, mas íntimo que su Stradivarius.

Nicolo Paganini el mas famoso y legendario de los violinistas de todos los tiempos, tenía, por supuesto un violín Stradivarius, pero su favorito era un Guarnerius del Gesu al que bautizó como el cañón, “il cannone” fabricado en 1743 por Bartolomeo Guiseppe Antonio Guarneri, que recibió el sobrenombre del Gesu porque en las etiquetas de sus instrumentos plasmaba la sigla IHS (iota-eta-sigma) y una cruz romana. Si bien sus violines son seguramente los mas populares entre los grandes violinistas: Henri Vieuxtemps, Eugéne Ysaÿe, Fritz Kreisler, Jasha Heifetz, Isac Stern, Henryk Szering, Itzhak Perlman, Pinchas Zukerman, Eugene Fodor, Richard Togneti, Midori, Kyung-wha Chung, Sarah Chang, por citar algunos de los mas notables, no son tan conocidos ni mas populares entre el común de la gente.

Mucho se ha especulado también respecto del secreto de los violines Stradivari. El diseño prácticamente quedó fijado por Nicolo Amati, quien aprendió el oficio de su padre Girolamo, y fabricó un instrumento más elegante, con tapa y fondo curvados, las eses son gráciles y audaces, con un barniz transparente y un sonido dulce y suave. Tuvo como discípulos a los más grandes lauderos italianos: Antonio Stradivari, Gennaro Giacomo. Jacob Stainer,Francesco Ruggieri, Paolo Cancino y G.B. Rogeri.

De Antonio Stradivari se ha dicho que sus violines maravillosos adquirían su gran sonoridad por las maderas de la región, por los diseños afinados y mejorados, por los barnices cuya fórmula secreta se llevó a la tumba, por los inviernos especialmente fríos ya que vivió durante una pequeña edad de hielo, por el secado de la madera, etc.. La realidad parece ser la uniformidad de calidad, acabado y sonido logrado por una dedicación total, una habilidad extraordinaria y una genialidad excepcional. Pero, maldito pero, los estudios modernos que han comparado violines Stradivarius y Guarnerius con los fabricados en la actualidad han confirmado lo que algunos habían sospechado: cría fama y échate a dormir. Sólo pequeños matices los distinguen pero…la leyenda continúa y el Ames Stradivarius pronto volverá a las salas de conciertos para continuar la gloria de su creador.

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