Josemaría León Lara

Desde su creación en los Estados Unidos y la inminente tropicalización en el México Independiente, la institución presidencial ha sido el eje de incontables acontecimientos de nuestra historia patria.

Hemos tenido presidentes que han durado por décadas hasta algunos que estuvieron en el cargo menos de un día, y a pesar de esto son recordados por los libros de historia; sin embargo es de reconocerse la falta de inclusión femenina en la memoria social y política de nuestro país.

En el marco de la celebración del Día Internacional de la Mujer y en el entendimiento de su relevancia y significado es trascendental dar su merecido lugar a todas aquellas mujeres que han acompañado a aquellos que han detentado el máximo cargo del gobierno mexicano.

Al hablar de Primeras Damas es común caer en el estereotipo de considerarlas un accesorio de la presidencia, donde basta con una cara bonita que cumpla con el protocolo y se mantenga al margen de la política, para que así la prensa solo pueda hablar de su elegante forma de vestir.

Es popular el dicho que dice que detrás de un gran hombre, siempre se encuentra una gran mujer, pero ¿no debería ser que se encuentra a un lado y no detrás?

A pesar de algunas notorias excepciones, el Presidente de la República llega a Los Pinos con esposa, situación que resulta obvia al pensar que al momento de contraer nupcias ni uno era Presidente ni la otra Primera Dama, por lo cual el mérito de su llegada no es el resultado del trabajo, esfuerzo y sacrificios de solo uno, sino de los dos.

Se entiende que la labor de Primera Dama debe ser discreta y reservada, pero es absurdo pensar en que deja de tener injerencia moral y humana sobre su cónyuge, que más que una consejera puede llegar a tener una participación activa en la vida política del país tras bambalinas.

Cómo puede cambiar de la noche a la mañana el estilo de vida de una familia entera para siempre, situación que puede o fortalecer los lazos o en definitiva terminar por romperlos. Lo que demuestra que es pieza fundamental la labor de la mujer de un presidente, tanto como jefa de familia como de pilar del hogar.

A pesar de los escándalos, existen las honrosas excepciones donde discretamente desde su trinchera han podido ejercer un cambio positivo para la vida de los mexicanos sin caer en vergonzosos protagonismos, pero también existen los casos en dónde es todo lo contrario y su paso por Primera Dama resulta completamente opaco.

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@ChemaLeonLara