De milagro la economía no ha colapsado

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

Demagogos como Trump abundan en México. Repiten que la fórmula para crecer es simple: basta con bajar los impuestos a los ricos para generar empleo y salarios. A pesar de que saben que las ganancias evadidas al fisco no regresan nunca, hasta prometen que si se reduce el impuesto corporativo habría una repatriación masiva de capitales depositados en paraísos fiscales.

Enfrentamos hoy dos interrogantes aparentemente ajenas entre sí, pero que comparten una sola respuesta. Primera pregunta: ¿Por qué el crecimiento económico mexicano ha sido tan mediocre durante más de tres décadas si se han hecho todas las reformas que han exigido los organismos internacionales? Segunda pregunta: ¿Cómo puede un ser humano tan despreciable como Trump llegar a tocar las puertas de la presidencia de los Estados Unidos? La respuesta a ambas incógnitas es la misma: Trump puede resultar atractivo a los electores porque los beneficios de la economía no se han distribuido al grueso de la población sino que han sido acaparados por unos cuantos individuos y compañías trasnacionales.

En el caso del país vecino, el economista Joseph Stiglitz señala que la concentración excesiva del ingreso ha roto los supuestos tradicionales que brindaban estabilidad social de largo plazo a Estados Unidos. Ya no es la tierra de las oportunidades ni las nuevas generaciones son mejores que las anteriores, porque las grandes corporaciones han secuestrado el beneficio colectivo.

La prosperidad no puede hacerse realidad para millones de ciudadanos que padecen el riesgo de perder su vivienda o un empleo decente, mientras los gobiernos parecen ocupados únicamente en rescatar a los banqueros.

Es la desigualdad el caldo de cultivo de fenómenos como Trump. El hartazgo social es real.

Por otra parte, las reformas estructurales no pueden prosperar en un país tan pobre y desigual como México. Nuestro país pierde más de 6% de su PIB anual por culpa de la corrupción, la inseguridad y la ineficiencia gubernamental. Si se agrega la pérdida de otro 6% por mala salud de la población, resulta un milagro que la economía mexicana no colapse.

El diagnóstico es equivocado cuando la única variable que preocupa a los economistas es la inflación. En lugar de seguir castigando a los salarios y la inversión pública, se podría comenzar por recuperar esos 6 puntos del PIB combatiendo corrupción e inseguridad.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, el 95% de la población de Acapulco, Ecatepec y todo el oriente de la Ciudad de México se siente inseguro. En general, más del 60% de la población mexicana percibe como corruptas a las policías, los jueces y los ministerios públicos. Y no es cuestión de percepción solamente. El propio INEGI revela que en 2015 se cometieron casi 30 millones de delitos, o sea 80 mil delitos por día, y únicamente el 1% fue castigado, reconoce Daniel Aceves Villagrán, responsable del Seguro Popular.

En cuanto al tema de la salud, es evidente que los mexicanos comen mal y con mala higiene. Un porcentaje alto de la gente está enferma. La enfermedad se ha vuelto uno de los negocios más lucrativos. Compañías trasnacionales poderosas, como la alemana Bayer, controlan alimentos y medicamentos.

Uno de cada cinco adultos productivos de entre 50 y 64 años requiere atención preventiva en padecimientos como diabetes, enfermedades del corazón y cáncer. De un estudio producido recientemente por la Iniciativa Global en Salud de la Cámara de Comercio de Estados Unidos destacó tres datos escalofriantes: el 30% de los empleos mexicanos se pierden por el ausentismo derivado de enfermedades; más de un millón de horas laborales se pierden al año por diabetes, y 500 mil muertes ocurren anualmente por trombosis.

Cerca de 6.4 millones de personas padecen diabetes, trastorno metabólico que se ha multiplicado por tres en las últimas dos décadas de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud. Conservadoramente se calcula en 45 mil pesos por año el tratamiento de cada enfermo de diabetes. En paralelo, también han aumentado notablemente los casos de obesidad y sobrepeso, y muchas personas padecen la enfermedad sin saberlo, por lo que no se someten a tratamiento médico alguno.

Pero modificar los hábitos de consumo y de vida por otros más saludables resulta imposible para millones de personas que viven de un trabajo mal remunerado, por lo que sencillamente comen donde pueden y lo que pueden. Y la mala alimentación y salud roba al menos 6 puntos del PIB cada año, como señalamos antes.

México es el país más desigual entre los miembros de la OCDE, y uno de los peores en América Latina. Según el Informe de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano en México para 2016, entre mayor es la desigualdad de origen, menor es la movilidad de las personas, por lo que el mercado laboral del país replica y fomenta las desigualdades. Es más, a pesar del creciente gasto social de billones de pesos, el porcentaje de población en pobreza sigue igual al que teníamos hace veinte años o al que teníamos hace siglos cuando éramos la Nueva España.

Trump dejará de ser un peligro y México recuperará su dinamismo económico cuando nuestro país fortalezca su mercado interno vía una política clara de distribución del ingreso. Nuestra transición requiere de un Estado dispuesto a consolidarse fiscalmente, a enfrentar los retos de la corrupción y la inseguridad, y a romper el círculo vicioso de mala alimentación y mala salud en el que se encuentra atrapado actualmente. De no marchar por ahí, el aterrizaje no sólo será forzoso sino probablemente trágico.

jesusalvarezgtz@gmail.com

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