Noé García Gómez

El pasado fin de semana se vivió una psicosis por el desabasto de gasolina en nuestro estado, fuimos testigos de los sacrificios que la sociedad está dispuesta a realizar con tal de no quedarse sin el preciado combustible del cual es dependiente (salir a la “caza” de unas gotas de gasolina, largas filas y tiempos de espera, tumultos y altercados por el orden de abastecimiento, etc.); solo bastaron un par de días de desabasto para que la sociedad reaccionara de una forma caótica, autoridades, empresarios del ramo, medios de comunicación no supieron cómo actuar, mucho menos el ciudadano; esto solo exhibió la gasolinodependencia en la que está construida nuestra ciudad.

Lo anterior me sirvió para un lapsus de reflexión, analizar los tiempos que vivimos y cómo nos hemos envuelto en la dinámica de la abundancia y la regla del mínimo esfuerzo y la inmediatez. Nos hemos preguntado ¿qué pasaría si en vez de desabasto de gasolina toda la ciudad quedara sin agua, electricidad o víveres? ¿Podemos siempre tener o hacer todo lo que queremos? el estudio de la economía a lo largo de la historia nos dice que “los deseos de las personas por bienes y servicios exceden la capacidad de la sociedad para producirlos con los recursos disponibles, por lo que se dice que los recursos son escasos, es decir, tenemos más deseos que recursos disponibles para satisfacer nuestras necesidades”. Esto es, si nos educamos y educamos a la sociedad en que lo mejor es acumular bienes y por tanto muchas necesidades, lo que estamos fomentando es la elección del abuso de los recursos, pero la realidad es que hay recursos escasos y esto nos obliga a elegir la mejor forma de usar nuestros recursos disponibles.

Aguascalientes se forjó en una visión de la abundancia, es el caso del agua, la ciudad se construyó en la época de la abundancia del agua, vemos cómo las casas de más de 20 años no tenían ni tinacos, ni aljibe (cisterna) y con el plus de que el agua salía a altas temperaturas tampoco contaban con bóiler, hoy, todas esas casas poco a poco la necesidad las ha ido adaptando. Hoy escuchamos en noticieros que de vez en vez (cada que pasa el tiempo con mayor frecuencia) hay zonas de la ciudad que escasea el agua por semanas, los demás nos lamentamos y seguimos con nuestras vidas cotidianas, pero ¿qué pasaría si en toda la ciudad escaseara el agua por una semana? Que las reservas de tinacos y cisternas no fueran suficientes y la ciudad completa no contara con este líquido; la psicosis y el caos de lo vivido por la gasolina sería ‘peccata minuta‘. Ahí sí entraríamos en una verdadera y gran crisis que dicho sea de paso, no estamos muy lejos de que suceda.

Hoy en día la discusión en el tema del agua se reduce al mal servicio y abusos de CAASA, pero la realidad es que las decisiones en general la soslayan, vimos cómo se construyó una plancha de concreto para un centro comercial en una recarga natural de los mantos acuíferos en el ex balneario Ojocaliente, que ha incrementado las inundaciones en las principales calles, ya no solo en López Mateos hoy se extendieron a primer anillo oriente; con ese ejemplo hoy se discute la posibilidad de construir un fraccionamiento en La Pona, todo con el argumento de no detener la economía. El agua de lluvia que antes se filtraba, y naturalmente se purificaba para luego recargar nuestros mantos acuíferos, hoy se topa con concreto que la dirige a las alcantarillas para mezclarse con las aguas negras. El ser humano rompió el ciclo natural y eso atrae consecuencias.

El objetivo de este artículo no es alarmar y explotar el descontento, sino ir generando conciencia de una cruda realidad que nos va alcanzar, la vida en torno a la escasez de recursos, y mientras no cambiemos nuestro estilo de vida, mientras no creamos la conciencia de la utilización de nuevas formas de energía y el gobierno no tome sus decisiones con base en el desarrollo sustentable, la cuenta regresiva avanzará con mayor rapidez.

La postergación de medidas necesarias pero impopulares por parte de los gobiernos, la negligencia en la gestión de los recursos naturales y una cultura del desperdicio nos están llevando a no tomar previsiones en un futuro complicado, tal vez no le toque a nuestra generación, pero ¿cómo estamos educando a las nuevas generaciones? ¿Las estamos conscientizando? Decía un maestro en la universidad que “la economía es la ciencia de la elección, estudia cómo los individuos y las sociedades toman decisiones con base en los recursos con que disponen”, si estamos acostumbrados a tener todo disponible nuestras decisiones serán en torno a esto, es necesario que hoy tomemos a la escasez como un punto de referencia y así decidir cómo emplear los recursos disponibles, para que no nos alcance el desabasto de electricidad, alimentos, aguas y gasolina.