Luis David Adame a hombros de su hermano Joselito y acompañado por Alejandro, el otro hermano.

Por Alejandro Hernández R.

El que es buen gallo en cualquier gallinero canta.
Redonda fue la tarde de su alternativa para el paisano Luis David Adame, al cortar una oreja a cada uno de sus dos enemigos, de muy diferente condición, abandonando el anfiteatro de Nimes, Francia, al lado de su padrino Alejandro Talavante, izado a hombros, en la fecha de mayor importancia en su incipiente carrera, mientras el testigo López Simón, salía por su propio pie, luego de desperdiciar lamentablemente dos estupendos Cubillos, como toda la corrida.
Son muchas las cualidades que atesora el mediano de los Adame, las cuales han venido sembrando muchas esperanzas e ilusiones, durante su brillante temporada novilleril, para llegar al doctorado muy cuajado.
Una de ellas es su madurez y buena cabeza, impidiéndole acusar esta tarde el más mínimo momento de nerviosismo, del peso de la corrida, en fin, mostrando una pasmosa tranquilidad, producto de una campaña cuajada de triunfos y tardes.
DE HERMANO A HERMANO.
Mas no todo fue miel sobre hojuelas, porque acompañándole en el callejón se encontraba el matador de toros Joselito y Alejandro, novillero sin caballos; ambos hermanos del tricantino, cargando el tremendo peso de la responsabilidad, sobre todo el primero, mostrando su nerviosismo, raro en él, como no lo hemos visto cuando él torea. Sin embargo, no pudo ocultar ese estado de ansiedad, a lo largo de la actuación de Luis David.
Y cómo no describir lo ocurrido después del brindis ofrecido por el nuevo doctor en tauromaquia, emotivo, cariñoso, cargado de gratitud y reconocimiento, pero también de hermandad, de amor fraterno, al grado de humedecerse las mejillas del menor de los hermanos, que sin rubor, y embargado de emotividad no pudo, ni quiso ocultar sus lágrimas de hombre, de hermano.
DE TORERO A TORERO.
Fueron varias las veces cuando Joselito con mucha discreción, prudencia y apuro, le daba consejos a Luis David, apenas eran notorios sus consejos, apoyado en el bagaje adquirido durante su ya dilatada carrera, que arrancó de niño torero, a la figura mexicana del momento.
Y, así sufriendo, con la boca seca y las palmas de las manos sudorosas, la mayor parte del tiempo, y el apuro que le llevó a brincar a la arena, cuando su hermano fue empitonado de forma impresionante, intentando hacerle el quite para no caer herido, hasta la culminación de la triunfal tarde, cuando nuevamente, en un impulso de torero y hermano, se echó a los hombros a Luis David, en un detalle de reconocimiento, de arrebato, de euforia, luciendo su rostro una alegría indescriptible, compartiendo ese triunfo con el pequeño Alejandro, gozosos y al fin toreros.
¡Enhorabuena familia Adame Montoya!