Salvador Cisneros
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 20-Feb .- El icónico SS United States, un barco de vapor más grande que el Titanic, podría ser remodelado y zarpar una vez más convertido en un crucero de lujo.
La compañía Crystal Cruises tiene un contrato que le permite estudiar durante nueve meses la factibilidad de restauración del barco, además de que le da prioridad de compra.
“Es realmente un privilegio que se nos confíe la oportunidad de restaurar un barco que ha servido como símbolo de patriotismo y de la supremacía marítima y traerlo a la actualidad, además de dar a los huéspedes un sabor de una época pasada de sus viajes de lujo”, dijo el 4 de febrero Edie Rodríguez, CEO de Crystal Cruises.
El plan contempla que el navío realice rutas cortas, aunque también ocasionalmente viajes trasatlánticos entre Nueva York y Reino Unido, como solía hacerlo desde que fue inaugurado en 1952.
Desde hace dos décadas, el “SS” está anclado y oxidado en el río Delaware de Filadelfia, por lo que su recuperación costaría entre 700 y 800 millones de dólares.
Famoso por ser un ícono del turismo del lujo, que transportó a presidentes, realeza y estrellas de Hollywood, y por ostentar el récord de velocidad de un crucero comercial al cruzar de Nueva York a Cornwall, Reino Unido, en 3 días,10 horas y 40 minutos, el “SS” dejó de navegar en 1969 debido a que perdió clientes por la popularidad de la aviación comercial.
Este barco es, hasta la fecha, el más grande construido y diseñado en Estados Unidos; con sus 302 metros de eslora (distancia de la proa a la popa), superaba por 33 metros al Titanic.
Es también una insignia porque formó parte de un programa secreto del Pentágono que, en plena Guerra Fría, le permitía ser transformado rápidamente en un barco naval de batalla con capacidad para transportar 15 mil soldados a una gran velocidad, pudiendo incluso llegar al otro lado del mundo sin necesidad de recargar combustible. Aunque, una vez convertido en crucero de lujo, tendría capacidad únicamente para 800 pasajeros.
En entrevista a Forbes, Rodríguez reveló que, aunque el propietario anterior se encargó de librar el barco de asbesto, su principal preocupación es hacer que éste cumpla con todas las normas actuales de protección ambiental.