José Luis Gómez Serrano
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Yo nada más era un daño colateral con respecto a la educación en Oaxaca: sufría los heroicos embates de la CNTE cuando iba a México y era difícil moverse –incluso llegar caminando al hotel- porque esos maestros tenían tomada Reforma, pero nunca supe las causas legales o legaloides de que un grupo así pudiera levantarse con las armas de la protesta y hacer lo que hacían, lejos de las aulas, y no hacer lo que no hacían, en las aulas. Simplemente suponía que en este país de leyes a modo y cumplimiento olvidado, la CNTE había ido adquiriendo fuerza poco a poco y ahora la aprovechaba para su lucha.

Hasta que leí en un artículo de El Universal (Nurit Martínez: Concluye 23 años de funciones, 22.7.2015) me enteré de cómo estuvo la negociación, si es que puede llamarse de esa manera la entrega de la educación en Oaxaca al sindicato. En 1992, cuando la Federación estaba endosando a los Estados la administración de los servicios de educación básica, el insigne gobernador Heladio Ramírez y la CNTE firmaron un acuerdo en donde Oaxaca entregaba a la CNTE las llaves el recién creado IEEPO (Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca), equivalente al IEA de mi tierra y a la correspondiente Secretaría en los demás estados. Las llaves se entregaron garantizando “un banco de plazas como patrimonio de la sección 22”, y se dio luz verde para que esa sección 22 tuviera la facultad de seleccionar y nombrar toda la estructura en los once niveles educativos. Dicho de otra manera, Oaxaca pagaba y la sección 22 de la CNTE mandaba.

El acuerdo de octubre de 1992 fue, efectivamente, desentenderse para el estado de Oaxaca de cualquier obligación educativa salvo la de pagar puntualmente los salarios de los profesores, mantener las escuelas en condiciones de operar, y apoyar a los niños en muchas formas excepto en la principal: vigilar y exigir que la educación fuera como se esperaba. Se ha insistido mucho en las manchas en la historia de la Sección 22: que paralizaron la ciudad de Oaxaca en 2006, que paralizaban periódicamente la Ciudad de México, que los líderes cobraban de más; inclusive salió a la luz que funcionarios y diputados estaban en la nómina del IEPPO, que en el primer trimestre de 2015 se pagaron casi $1 millón a personas de esta calaña que no trabajaban ahí. Por muy deplorables que sean estos actos, algunos de ellos castigables en forma muy teórica (es decir, de acuerdo a la ley) con cárcel, lo peor de todo es el estado en que se encuentra la educación.

Mi daño colateral por los embotellamientos en el DF cuando hay marchas es mínimo comparado con el perjuicio que se ha hecho a la niñez y a la juventud de Oaxaca durante estos 23 años de reinado de la CNTE. Es cierto que los sindicatos están para defender a sus agremiados y que son una organización legítima, pero en este caso y en cualquier relación patrón-trabajador, el objetivo primero es cumplir con el trabajo, y sólo en circunstancias extraordinarias son aceptables las huelgas y las ausencias del trabajo, no son moneda de cambio para primero exigir y después, si hay tiempo y ganas, cumplir con el trabajo. Sin embargo, habiendo entregado Oaxaca a la CNTE el control del IEEPO, es el líder sindical quien manda sobre la educación, no aquella institución a quien le fue delegada la responsabilidad, el Estado de Oaxaca.

Entre muchas consecuencias negativas, Oaxaca se convirtió en un estado fallido. Me platican mis amigos de allá que en las normales tienen clases donde se les enseñan marchas y movilizaciones, tácticas para evitar a la policía, cómo hacer barricadas y cocteles Molotov. Los jóvenes que estudian ahí para maestros salen listos para esta versión moderna de la guerrilla urbana, paralizar una ciudad con marchas y plantones. En vez de dedicar estos 23 años a atender el problema número uno de este país, la educación, se construyó un andamiaje político de presión en donde las razones para presionar podían tener relación con muchas cosas, excepto con el trabajo del maestro en las aulas. Oaxaca se convirtió en un estado perversamente politizado: uno en donde la exigencia iba primero que nada y en donde los medios para lograr esa exigencia no eran cuestionados.

Oaxaca es un estado con una enorme riqueza cultural, tanto por lo que dejaron ahí los misioneros españoles (el centro de la capital es uno de los más hermosos en el país) como por los talentos naturales de los indígenas. En el norte del estado, la sierra que colinda con Veracruz, hay una enorme cantidad de talentos musicales; ahí se organizan en grupos y si usted tiene suerte los podrá escuchar en las plazas públicas. A mí me tocó oírlos en Xalapa, y quedé enormemente impresionado, sentí envidia por ese talento nato que mostraban, al compararlo con mis torpes intentos por interpretar a Mozart.

Cuando salió la Reforma Educativa escribí un artículo llamado ¿Quién es el patrón?, donde señalo los dos elementos principales de esa reforma: 1) el Estado les recuerda a los maestros que él es el que paga, por lo tanto, es a él a quien tienen que rendir cuentas, no al Sindicato, y 2) el Estado pretende organizar las cosas para tener información confiable de los maestros y en general de la educación (por ejemplo, las ausencias…) y utilizar esa información para tomar decisiones. En mi opinión, el único pero de esta reforma es que es muy limitada, pero dadas las condiciones del país, hay que empezar por recordar a los profesores que el Estado es quien los contrata y les paga por trabajar y los puede correr si no trabajan. Honestamente creo que es una vergüenza para México que tenga que hacerse una Reforma Educativa para decirles a los profesores nada más eso, pero era un primer paso necesario. Ojalá en algunos años las autoridades educativas en Oaxaca se den cuenta del talento musical de los indígenas que viven al norte y hagan un Conservatorio para desarrollarlos.

Los gobernadores de Oaxaca, cautivos de tantas fuerzas “democráticas” en su estado, son un cero a la izquierda en el mejor de los casos; algunos de ellos son un número negativo. Gabino Cué necesitó el apoyo de la Federación, quizá fue obligado por ella, pero el primer paso ha sido dado. Existía un acuerdo entre Oaxaca y la CNTE con  respecto a la forma de manejar el IEEPO que generó incontables problemas, ¿solución? La más simple de todas, desaparecer el IEEPO. Muchos problemas en este país se resuelven simplemente con voluntad; lamentablemente, tiene que ser la voluntad del presidente.

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