Daño colateral

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

Un barril de crudo se compra en 19 dólares; un dólar en 19 pesos. No es coincidencia, ni mala suerte; lo segundo es consecuencia de lo primero. Es un hecho que continuará el aletargamiento económico nacional, a pesar de las expectativas creadas con las reformas estructurales y la disciplina macroeconómica socialmente tan costosa. No es ningún consuelo para los mexicanos saber que esta vez la crisis no ha sido provocada por los excesos de nuestro gobierno, como ocurría en el pasado, sino por variables externas absolutamente ajenas a nuestro control.

El Washington Post se pregunta en un reciente editorial si estamos ante el inicio de una recesión a nivel internacional. Se ha reducido el margen de acción de la Reserva Federal y de China, a quienes culpamos de la turbulencia financiera global. Pero la verdadera problemática mundial es la creciente pobreza, la desigualdad social y la precarización del empleo.

Como en ocasiones anteriores, la prestigiada organización académica Oxfam, está circulando un interesante documento titulado Una economía al servicio del 1 por ciento. Con datos duros muestra que uno por ciento de los seres humanos posee todo lo que necesita el otro 99 por ciento para vivir. Más todavía: tan sólo 62 individuos —que encabezan la lista de Forbes— acaparan mayor riqueza que 3 mil 600 millones de personas juntas (!).

El Papa Francisco ha denunciado reiteradamente estos excesivos niveles de pobreza y desigualdad, señalando que no deben seguir siendo vistos como un “daño colateral”, sino como resultado gravísimo de la escasez del empleo producido por el modelo neoliberal de crecimiento económico.

En los últimos ocho años se han creado cinco millones de empleos en nuestro país, en tanto que la población en edad y disponibilidad de trabajar creció en ocho millones. Aumentaron los empleos de menos de tres salarios mínimos, y disminuyeron los de más de tres salarios mínimos.

Un ejemplo ilustrativo: El Portal de Empleo del gobierno federal (empleo.gob.mx), una de las principales bolsas de trabajo en México, cuenta con 250 mil vacantes disponibles registradas a finales de enero, pero tres de cada cuatro empleos ofrecen menos de 5 mil pesos al mes (2.2 salarios mínimos). Pocos mexicanos podrán encontrar un nuevo empleo con un mejor sueldo, aunque sea su propósito de año nuevo.

Generar empleos de buena calidad tendría que ser el objetivo del quehacer gubernamental y de cada uno de nosotros. No podemos seguir dependiendo de los empleos generados por las maquiladoras trasnacionales. Tenemos que proponernos crear localmente ecosistemas de emprendimiento, que nazcan desde un nuevo paradigma en el sistema educativo, y se fortalezcan con políticas diferentes en materia fiscal, industrial y social.

El sistema educativo actual no nos prepara para reinventarnos continuamente, ni para mantener la tensión que supone la incertidumbre hasta el retiro laboral, dice la especialista Cristina Simon, de la IE Business School (El Financiero). Los universitarios deben abandonar la creencia de que “su carrera es como un árbol que siembran, riegan y cuidan para tumbarse bajo su sombrita a descansar el resto de su vida. Por el contrario, deben mirar su carrera como el surf. Cada día de surf es una aventura nueva, las condiciones del mar son bastante imprevisibles, y por ello a pesar de su experiencia y capacidad, es seguro que caerán y tendrán que subirse de nuevo varias veces”, y eso es parte de la experiencia.

Desde preescolar hasta la universidad, debemos formar “personas emprendedoras” (no es lo mismo que empresarios), que sepan tomar decisiones de vida y de negocios en entornos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos (VICA), a través de la curiosidad y la adaptabilidad. “La orientación a resultados, hoy día tan de moda, debe dejar tiempo para las tareas de exploración” en la escuela y en el trabajo.

Edgar Martín, estudiante aguascalentense de doctorado en Inglaterra, me respondió de manera brillante que “una manera de reacomodar a los trabajadores desplazados por las máquinas es fortalecer el mercado de mantenimiento de productos”, es decir, cambiar el “paradigma actual de producción en masa, la obsolescencia programada y el consumo basura”, por un modelo alternativo de producción-consumo más sustentable: reducir, reusar y reciclar.

Para eliminar los “daños colaterales”, cierro con una sentencia de mi amigo Edgar: “Ninguno de estos problemas se supera sin un Estado inteligente. Un Estado capaz de gravar las ganancias de corto plazo, el ingreso por dividendos, las externalidades de basura que provocan los artículos en masa y redistribuir a los pobres en protección social, transferencias y demás para alentar el consumo”. Totalmente de acuerdo.

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