CIUDAD DE MÉXICO.- Rubén Albarrán y Café Tacvba jamás habían cantado con un paisaje más seductor: a 240 metros de altura y con la magnificencia de la Ciudad de México a sus pies.
“Me gustó mucho porque cobraron sentido muchas cosas que somos como grupo. De repente, sentí que estábamos tocando para la Ciudad entera. Estaba el Iztaccihuatl. Se alcanzaba a ver el Popocatépetl. Y también estuvimos ahí, bajo el sol poderoso”, expresó el vocalista a un contado grupo de medios.
Ayer, la banda oriunda de Ciudad Satélite aceptó el reto de una radiodifusora para ofrecer un concierto en el helipuerto de la Torre Bancomer sobre Paseo de la Reforma.
Enchamarrados, a las 11:10 horas, Rubén, Meme, Quique y Joselo ya interpretaban “El Baile y el Salón” desde su inusual escenario, para el que era necesario subir 50 pisos por ascensor y dos más por escaleras.
“Los tacvbos” confesarían más tarde a la prensa que ninguno padece de vértigo y eso se notó: ya en camiseta, tras entrar en calor, Rubén bailoteó por todo el helipuerto acercándose peligrosamente a los bordes.
Meme se aventó unas carreritas sin marearse y Joselo y Quique se animaron con la coreografía de “Déjate Caer”.
El público, que se dividió entre 20 ganadores de la estación de radio, invitados especiales y ejecutivos de la institución financiera, tuvo que dividirse las canciones y ver a los rockeros por bloques, esto por cuestiones de seguridad.
Tuvieron que ser colocados en estrechos pasillos de cristal que conducían al helipuerto y, desde ahí, corearon, alzaron brazos y apuntaron a los ídolos con sus cámaras.
Quienes esperaban turno podían ver lo que ocurría con los músicos a través de pantallas y escucharlo gracias a bocinas.
Apenas fueron siete canciones, entre ellas “Chica Banda”, “Chilanga Banda” y “Las Flores”, las que la Café Tacvba interpretó en una hora, eso sí, dando tiempo entre ellas para que el público saliera y entrara de nuevo.
La banda tuvo que sobreponerse a las imprevisibles ráfagas de viento y a la distracción de un helicóptero con logo de CDMX que sobrevoló la zona por varios minutos.
Liliana Domínguez, una empleada de 24 años que faltó al trabajo por ver a los músicos y jamás dejó de bailar, soltó emocionada que si la corren habrá valido la pena la aventura.
Luego de dejar los instrumentos y habiendo demostrado que su Café sí es de altura, los tacvbos convivieron con sus fans y se sacaron fotos para inmortalizar la experiencia.
No hubo vómitos ni pastillas contra el mareo, sólo rostros felices.
Jessie Cervantes, director de de la radiodifusora, aseguró que fue el concierto a mayor altura que se ha realizado jamás en México. (Mario Abner Colina/Agencia Reforma)