Las más grandes anécdotas de la historia, que nos han atraído, emocionado o generado identidad, se han quedado en nuestra memoria colectiva por lo significativas que resultan ser… por ejemplo, apenas antier celebramos el 5 de mayo, un día que aun después de 153 años, se sigue conmemorando por la victoria que significó antaño ganarle una batalla (aunque no la guerra) a aquellos enemigos de entonces que eran considerados unos grandes e imponentes: los franceses. Y fue cinco años después de esa batalla, cuando finalmente estos últimos dejaron en paz al país.
Sin embargo, cuando hay falta de anécdotas en la historia social que impliquen un sustantivo cambio colectivo, el desencanto aparece. Es como cuando un niño antes de dormir pide que le lean un cuento, mientras éste es proporcionado, el niño desarrolla su imaginación, creatividad e ilusión, y cuando este falta, propicia a que pronto el niño se olvidará de aquel encanto.
La falta de anécdotas creíbles es un sustantivo carente en una vasta cantidad de campañas electorales actuales. Para no irnos muy lejos, podríamos generalizar en el mismo estado de Aguascalientes.
Pareciera que la evaluación partidista de los resultados electorales anteriores (tanto de cuando se ha ganado como de cuando se ha perdido) brillan por su ausencia. Y me atrevo a decir esto porque no ha habido hasta el momento una campaña que nos haya hecho emocionar, que nos ilumine los ojos en las calles, que nos haga volver a creer en un régimen político que goza del desencanto de la ciudadanía… y, ¿esto es grave?
Es grave porque habla de la indiferencia de los partidos por profesionalizar su desempeño. Habla de que en realidad, existen muy pocas propuestas reales. Habla de que serán entonces contados los candidatos interesados en realizar un desempeño óptimo, honesto, responsable, profesional… habla de que hay una distancia grandísima entre lo que políticamente se cree necesita la gente y lo que en realidad conforma los problemas sociales. Habla de una posible incompatibilidad entre los temas de la agenda pública y los temas de la agenda política posiblemente intervenida por intereses.
De inicio, desde las campañas pareciera que es más de lo mismo.
Va a ser muy interesante observar en unas cuantas semanas más, la cantidad de abstencionismo en el voto en el estado, y también nacional… porque si de por sí ya era grande, muy probablemente este año será mayor.
A la gente ya no le interesa ver banderitas en las calles, que le peguen calcas en los cruceros, ver hasta en la sopa fotografías con el dedo pulgar levantado y con una sonrisa que trata de verse amable pero al mismo tiempo confiada de victoria.
La gente, que se levanta muy temprano para ir a trabajar, que muchas veces no duerme bien por sus preocupaciones diarias, que tiene deudas; el enfermo que necesita atención médica; el joven recién egresado que no encuentra trabajo; los colonos de la colonia que tiene más de un mes sin agua; la familia que tiene meses sin comer algo decente; aquellos niños que trabajan en las calles y no van a la escuela… La gente, no necesita que le evidencien en su cara más promesas falsas y derroche de dinero. La gente necesita una nueva historia creíble, una persona profesional.
Cuando uno va a asistir a una entrevista de trabajo, le suelen recomendar que vaya bien vestido, que prepare su currículum, lo que va a decir y lo que va a proponer a la empresa. Si votar por un candidato fuera como ir a una entrevista de trabajo en una empresa, analizando por ejemplo, sus trayectorias profesionales, el interés por obtener mayor aprendizaje sobre el puesto que aspiran, sobre el desempeño de las campañas en general, el uso del dinero que les fue asignado, las propuestas que vayan acordes a las necesidades sociales, la forma de comunicarse, de escuchar a la gente, la historia que estén contando y los sentimientos personales que generan visibilizar todo esto sobre una sola persona… llegaríamos rápido a la conclusión, de que no hubiera bastado tanto tiempo de campañas para mirar el currículum, descartarlo y mencionar “que pase el siguiente por favor”.
La gente ya no se cree, lo que creen ellos que la gente cree, porque simplemente, practicar lo de siempre, ya no es creíble. (¿trabalenguas verdad? Pero he ahí el gran reto de la clase política, electoralmente hablando).

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