Saúl Alejandro Flores

No quiero parecer recurrente a lo que muchos hablan y discuten en los diversos espacios de comunicación, incluyendo por supuesto redes sociales, en que encontramos diversos comentarios desde los responsables hasta comentarios que muestran una patología que se basa para hablar en el enfermizo complot, que en donde quiera ve personajes tenebrosos y cortinas de humo y minimiza los esfuerzos, daños y riesgos.

El viernes 23 de octubre me encontré un comentario que me pareció destacado por parte de un especialista a quien respeto y reconozco su conocimiento en la materia, me refiero al Ing. y Maestro Ricardo Sandoval Minero, de una trayectoria destacada en el sector agua, rubricó una nota del Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos de América, que originalmente su cita decía “Patricia el huracán que sorprende a los expertos”, a lo que Ricardo agregó “…y a los inexpertos también”, ese comentario fue preciso.

Sorprendió a muchos por la manera en que la tormenta tropical creció y llegó a categoría 1, luego hasta llegar a la 3, más aún cuando rápidamente pasó por la 4 y llegó a 5, eso fue destacado y sorprendente, de ahí que se generó una inquietud y alertó a las autoridades e instancias responsables para que se emprendieran medidas de prevención, que a fin de cuentas por lo que fue la trayectoria del huracán no llegó a centros de población de alto riesgo y sus daños fueron menores a los esperados o asimilables a la catástrofe, en este sentido, quiero matizar que aquí se perdió la dimensión de los efectos y daños, por lo visto hubo quienes al no ver catástrofe, hablaron del complot y manipulación de masas, cuando ellos fueron los manipulados por la trágica rumorología, como ha sucedido en la historia, desde grandes acontecimientos, hasta en las tragedias locales, recordando el típico pánico que nos recuerda las voces en el cine al decir:“hay un corto”, y las multitudes terminaban por aplastar a los apanicados espectadores.

Es lamentable que hubieran querido ver un apocalipsis, y no miraron que las decenas de familias en Aguascalientes y millares en el resto de los Estados afectados, perdieron su patrimonio, puede decirse que no hubo pérdidas humanas por la reacción y atención inmediata, pero díganme la gente que perdió sus cosechas, animales y muebles que se hicieron con sacrificio, a ellos se les puede decir que todo fue una cortina de humo.

Es fácil atreverse a proyectar que en caso de que hubiera habido desgracias, entonces esas y otras voces hubieran culpado la ineficiencia del gobierno, en fin es un sonsonete que ya cansa y obliga a pasar de largo sobre las redes sociales y otros medios.

Pero esta experiencia nos ha dejado enseñanzas o advertencias, en la primera a modo de reflexión me inquieta que cuando se habla de saldo blanco, es decir al no haber desgracias o pérdida de vidas humanas, las cosas se tomen a la ligera, ya no hay nota periodística o amarillista, es saldo blanco y algunos personajes que ocupan cargos públicos se lavan las manos y pasan de largo sobre las pérdidas que van más allá de lo que dicen los saldos blancos, la pérdida de un patrimonio y más aún en poblaciones de baja resiliencia o zonas marginadas, las pérdidas patrimoniales son totales, es un patrimonio que se hizo con mucho esfuerzo y años que en cuestión de minutos se acaba, lo mismo con los instrumentos o medios que les permiten obtener dinero, es decir, sus animales o cosechas, esas pérdidas son vistas o anunciadas de una manera marginal y la sociedad sigue su rumbo sin importarle, la sociedad vuelve a la indiferencia, le importan para el morbo las pérdidas humanas, pero no los golpes a la situación del nivel de calidad de vida de esas personas.

Por otro lado, en este fenómeno se midieron los canales y mecanismos para la prevención de desastres provocados por huracanes, claro tomando en cuenta que su paso no fue en zonas de alto riesgo y a ciertas condiciones que los especialistas ya sabían que al choque con la sierra la fuerza disminuiría, tal como sucedió en la madrugada del sábado entre las 3 y 5 de la mañana, los habitantes de Aguascalientes sintieron la fuerza del viento distinta a tolvaneras y otras ocasiones, pero sin daños significativos.

Pero lo que aún no podemos prevenir es los efectos de los excesos de agua, así como sus ausencias (caso de la sequía), ahí es en donde los mecanismos no están sólidos ni desarrollados, a pesar de que el Programa Nacional Hídrico vigente en su eje correspondiente y diversos documentos del sector agua como Agenda del Agua 2030, nos hablan de la prevención y atención a los fenómenos hidrometeorológicos.

Fue afortunado que el agua que traía el huracán y las nubes no terminó descargando en tierra, el agua que se precipito fue poca comparada a la carga. Recuerden lo que paso con aquel huracán Mitch, que azotó Centroamérica, pero que al convertirse en tormenta llegó a Chiapas, causando tragedias al descargarse toda el agua que traía consigo, imaginen la tragedia que pudo haber sido en Zacatecas, Nuevo León, o si en Aguascalientes hubiera pasado algo similar, ahí se hubiera exhibido esa ausencia de infraestructura hidráulica, la eficiencia de nuestro control de avenidas, la tragedia hubiera sido histórica. Al referirme a esa infraestructura no requeriríamos importar hay casos destacados en México que debemos mirar y tratar de desarrollar.

Por ello entre las enseñanzas y reflexiones deben llevarnos a reconocer nuestro rezago en mecanismos de prevención y control en excesos de agua y sequías, fue poca agua la que se descargó ese fin de semana, aún así podemos ver los daños causados en los municipios de Pabellón y Rincón de Romos, ahí se exhibieron esas ausencias que urgen atender, en fin querido lector, en este rubro hay mucho que discutir para construir, superando la crítica vacía y sin propuesta, todo ello con miras a que los excesos no causen tragedias, así como que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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