Por: Octavio Díaz García de León

@octaviodiazg

Ahora que el gobierno federal instauró un programa para mitigar la falta de alimentos entre la población más pobre, lo bautizó como “cruzada contra el hambre”. Si bien la mitad de la población en nuestro país sufre de pobreza material y una proporción menor de hambre, creo que la pobreza intelectual afecta a casi toda la población a juzgar por los discursos de políticos, la preferencia de la mayoría de la población por entretenimientos televisivos y la falta de lectura de libros. No será con la creación de la Secretaría de Cultura como se van resolver las carencias culturales e intelectuales de los habitantes de nuestro país. Hace falta una cruzada nacional contra la pobreza cultural e intelectual.

Algunas evidencias de nuestras carencias intelectuales se pueden observar ahora que se ha puesto de moda exhibir en periódicos las mansiones de políticos. Tal es el caso de la supuesta mansión del gobernador Gabino Cué de Oaxaca; me llamó la atención de esa casa su enorme biblioteca… sin libros. O bien, los discursos del nuevo gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, en su toma de posesión. Diversos artículos han reseñado la pobreza intelectual de los discursos: uno de Roberto Zamarripa en el periódico Reforma comparando el lenguaje del nuevo gobernador con el lenguaje florido del Piporro: muy apropiado para “la raza” (http://www.reforma.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?id=72897&urlredirect=http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=72897); y otro artículo muy simpático de Gil Gamés en El Financiero quien dice que junto a Jaime Rodríguez, Fox resulta un Demóstenes (Podía haber hecho referencia a un Demóstenes anterior, Luis Echeverría, pero la mayoría de los lectores no había nacido cuando este presidente caía en amplios y floridos excesos verbales) (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/mama-te-quiero-un-chingo.html).

Quedó muy atrás la época donde políticos mexicanos destacados podían hilvanar discursos inteligentes y no necesitaban que se los escribieran, como ahora, los profesionales de la pluma. No hemos vuelto a tener personajes públicos de la talla de Vasconcelos, Gómez Morín, Reyes Heroles o Lombardo Toledano; políticos de amplia cultura e ideas, autores no solo de grandes discursos, sino también de libros y artículos de importancia. Lo lamentable es que quienes escriben los discursos a funcionarios y políticos tampoco parecen ser capaces de articular ideas, citar autores, mostrar algo de cultura, ubicarse en alguna corriente ideológica moderna o algo por el estilo. Hay pobreza de ideas y cultura hasta en los profesionales de los discursos.

Platón pensaba que el gobernante debería ser cuidadosamente seleccionado y educado desde la infancia y que al Estado lo gobernasen reyes-filósofos como lo propuso en su diálogo “La República o del Estado”. El futuro rey recibiría estricta educación elemental hasta los 18 años, luego dos años de un riguroso entrenamiento físico; quienes superaran este proceso, tomarían diez años de educación matemática y luego les seguirían cinco años de aprendizaje de la dialéctica; finalmente tendrían otros quince años de aprendizaje para gobernar . Llegados a los cincuenta años, se escogería entre el mejor de todos al que sería rey. Platón, desde luego, era enemigo de la democracia y las fallas de su esquema elitista han sido puestas en evidencia por diversos autores.

Pero estaría tentado a darle la razón a Platón después de ver el tipo de gobernantes que pueden surgir de las democracias: desde Hitler hasta Chávez y Evo Morales pasando por algunos especímenes locales, todos elegidos en procesos democráticos. Pero no hay que desfallecer de las convicciones democráticas. No necesitamos déspotas ilustrados sino demócratas ilustrados. Que sepan manejar ideas absorbidas y meditadas mediante la lectura y el estudio, enriquecidas con el debate y llevadas a buen término mediante ejercicios de gobierno inteligentes.

Pero no solo es necesario elevar el nivel cultural de los gobernantes; hace falta elevar el de toda la población. Una cruzada contra la pobreza intelectual podría incluir: el crear bibliotecas de barrio en donde las personas pudieran aportar y pedir prestados libros; pedir donativos para adquirir libros para esas bibliotecas; tener en ellas libros no solo de papel sino también electrónicos mediante computadoras de deshecho o tabletas baratas. Otra cosa que se podría hacer es crear un programa para repartir en forma masiva tabletas electrónicas exclusivamente hechas para leer libros (como los “Kindle” de Amazon). Estas tabletas, con su enorme capacidad de memoria podrían contener miles de títulos con obras clásicas de la literatura, las principales obras de filosofía, enciclopedias, obras de matemáticas, física, química, biología, genética y obras referentes a oficios de aplicación práctica. Estas bibliotecas individuales serían más grandes que la mayoría de las bibliotecas personales que existen hoy en día. Además, se podrían actualizar con novedades periódicamente. Imagínense si en lugar de regalar millones de televisores con el pretexto del apagón analógico se hubieran regalado tabletas así; hubiera sido una gran aportación a la cultura de este país.

También se podrían organizar clubes de lectura y de debates a partir de las bibliotecas de barrio; talleres de novela, poesía, periodismo, pintura, escultura, música y demás artes. A partir de la biblioteca de barrio se podría hacer un mini centro para las artes. Allí se podrían tener tertulias con personajes relevantes de la comunidad que transmitan conocimientos y estimulen el debate.

Elevar el nivel cultural de los mexicanos es tan urgente como elevar su nivel de vida. De hecho, ambas cosas van de la mano. No se necesita mucho dinero. Solo un poco de imaginación, ganas y no esperar que el gobierno lo haga todo.

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