Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

16 de julio de 2016. Ni modo. No da para una crónica el primer juego del regreso del Necaxa a la Primera División del Futbol Mexicano –suena apantallador, pero no lo es–; la vuelta a esta tierra que nos cobija de los llamados equipos grandes, a menos que se concentre uno en la gran entrada al Victoria, más de 20,000 personas; un aforo que sólo se veía en las liguillas de la eufemísticamente llamada división de ascenso, nunca en los torneos regulares porque, después de todo, ¿a quién le interesaba ver a los Lobos Poblanos, o a los Alebrijes Oaxaqueños, por muy fantásticos alebrijes que fueran?

Pero señora, señor, Necaxa está de vuelta en la primera división, e inicia el campeonato con bombo y platillo, enfrentándose a uno de estos grandes: La máquina celeste, los cementeros, el Cruz Azul… ¿Cómo no pasar lista de presentes; cómo no mostrar el músculo? Una cantidad importante de mujeres y hombres se apersona en el estadio portando la camiseta azul cruzazulina (desde luego la aclaración no es impertinente, ¿verdad, Gustavo?; por aquello del azul panista).

En el aire las nubes anuncian lluvia, sobre todo hacia el sur, en donde el conglomerado gaseoso se observa más negro que el futuro del actual preciso de esta entidad federativa; de hecho por momentos unas gotitas actúan como heraldos del diluvio que se avecina.

– ¡Cubetero! ¡Viene una muertita oscura, por favor; una de esas de Samotracia, nomás para abrir boca! ¡Salud!

Necaxa está en primera división, y algo importante ha cambiado en estos años. El próximo 26 de julio Necaxa cumplirá 13 años de jugar en Aguascalientes, y en este lapso ha ido forjando una afición, poco a poco, con desesperante lentitud, pero ahí va; y en este trayecto, por momentos camino del infierno, ha debido afrontar –todavía debe hacerlo– las broncas de un origen artificioso; no suficientemente claro, relacionado con las gestiones que lo trajeron aquí; que hicieron malabarismos con el Estadio Municipal y que dejaron de lado a los históricos y hasta legendarios Gallos.

Además está el nombre, que no tiene nada que ver con Aguascalientes, esta evocación a la presa poblana. No es como Rielero sque aunque llevan en el nombre glorias pasadas, el tema del ferrocarril sigue siendo popular entre la tropa. Si Necaxa fuera de una forma que evocara alguna actividad de esta tierra que nos cobija, los coñaqueros, o los vinateros; los chileros, los confeccionistas, algo así –pero nunca los Nissaneros, que esos nomás no arraigan–, otra cosa sería.

Pero están muchos niños, y muy probablemente sus padres, que poco o nada saben –o suponen saber– de aquellos tejemanejes, que se han vuelto aficionados del Necaxa; que se ponen la camiseta, y que tuercen en favor de los locales.

El silbatazo inicial es recibido con un grito de júbilo y entonces sí, a sufrir se ha dicho, no sólo porque Cruz Azul se echa encima de inmediato, sino porque los locales deberán luchar contra la posibilidad del descenso; hacer más puntos que Morelia, que Tijuana, que Veracruz, y evitar que tener que vérselas el próximo año con los Mineros y compañía… Suena el silbatazo inicial y alguien cerca de mí, un matriota –porque le va a los locales, según indica su playera–, grita:

– ¡Órale! ¡A cruz azulearla!

Delante de él, y ante semejante clamor, una pareja vestida de azul parece encogerse un poco.

– ¡Cubetero! ¡Échame otra!

En verdad Cruz Azul se lanza con todo, asedia una y otra vez el área local, tanto que José de Jesús Corona, el arquero olímpico, se queda por un buen rato sin chamba, posando para las cámaras, en especial las femeninas, que se recrean en su figura. Entonces Barovero, el cancerbero local, comienza a desplegar ante nuestros ojos sus cartas credenciales.

– ¡Ahhhhhh! ¡Putooooo! –saluda el respetable los despejes de meta de ambos porteros; de ambos, en un grito que se antoja parejo.

– ¡Cubetero! ¡Viene la tercera!

¡Rayos! Algo le han de poner a las cervezas, que saben mejor en el estadio.

He aquí otra diferencia con el pasado, no con las cervezas, sino con la reacción del público. La ocasión anterior en que Necaxa estuvo en primera, generalmente cuando venían los equipos nacionales daba pena ajena, porque los locales debían enfrentar el abucheo, e incluso el insulto. En verdad os digo que el saludo soez, falto de educación, es un termómetro inmejorable de la corriente de simpatía, de tal manera que en el pasado parecía que Necaxa jugaba de visitante… Por fortuna ahora está más equilibrado el asunto.

De los cambios que realizan los profes, tres son recibidos con abundantes aplausos por parte del respetable, dos de Necaxa y uno de los cruzazulinos: Edson Puch, chileno que le hizo dos goles a México en el dantesco 7 a 0, en la pasada Copa América, y Jesús La pulga Gómez por los locales, y Christian El chaco Jiménez por los capitalinos. O sea que los entrenadores quieren darse con todo…

– ¡Cubetero! ¡Viene la última!

– ¡Cubetero la bola! ¡báquiribaquirivá!

– ¡Ay, mi estimado! ¿Pues cómo andas que ya crees que estás en el béisbol?

– No importa, bola una, bola otra; venga la última muertita de la noche…

De nada sirven los cambios y un partido termina en un empate sin goles, que es como hacer eso, pero sin alcanzar aquello –el que tenga vida sexual que entienda–. Bueno, no importa; en rigor no importa, porque las muertitas estuvieron como para chuparse los dedos, al igual que los chicharrones y las palomitas, aparte de que el ambiente fue inmejorable. ¿Qué importa que el juego haya estado más o menos? Por otra parte, digno de mérito es el nivel de civilidad del respetable; gente que luce unas y otras playeras, mezclada, conviviendo tranquilamente, en el contexto de un mundo cada vez más violento.

Cruz Azul no pudo con Necaxa, pero al menos no la cruzazuleó

En el cielo tu eterno destino… ¡Caray! ¡En el cielo qué rápido se mueven Marte y Saturno, que en estos meses se dirigen rumbo al este arribita del lomo del escorpión convertido en constelación y de Antares, su estrella principal, que también va hecha la raya! ¡Ah, pero no! Más bien son las nubes, que el aire dispersa de manera vertiginosa, permitiendo observar los fuegos celestes. Por lo menos esta noche no lloverá; el diluvio anunciado ha pasado de largo.

Pero, de veras, el juego no dio para una crónica, y en todo caso lo que importa es que Necaxa está de regreso, en primera división. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).