Carlos Reyes Sahagún

Permítame desviarme un poco del discurso que he estado desarrollando en las últimas semanas, a propósito del cincuentenario del Ferial de Aguascalientes. Aliento la esperanza de que lo que ahora escribiré ampliará la visión sobre éste, que es uno de los pilares del Programa Cultural de la Feria de San Marcos. A propósito de los orígenes del montaje, me cuenta el señor Gustavo Arturo de Alba que a decir del propio maestro Víctor Sandoval y del exgobernador Francisco Guel Jiménez, en rigor la idea del espectáculo habría sido del gobernador Enrique Olivares Santana, no de manera concreta, específica, sino como idea a la que el poeta Víctor Sandoval y el compositor Ladislao Juárez Ponce, darían forma en el espectáculo.

La intención de Olivares, animado por una actitud populista, sería la de acercar al glorioso pueblo de Aguascalientes -la expresión es mía- al Palacio de Gobierno; abrirlo para hacerle sentir a la sociedad que esa era su casa.

Como se recordará, las transformaciones más profundas que ha sufrido el edificio tuvieron lugar en el sexenio anterior al del profesor de San Luis de Letras, en el que se desempeñó como Ejecutivo estatal el ingeniero civil Luis Ortega Douglas (1956-62). Entonces se recortó el edificio en su parte poniente, para ensanchar la avenida José María Chávez, que por obra y gracia del diseño urbanístico virreinal o decimonónico, se convertía en un embudo precisamente en la zona en que colinda con la Plaza de Armas.

Para compensar esta pérdida de espacio, se aprovechó un gran corralón que existía en la parte sur del edificio, que era utilizado como estacionamiento de automóviles oficiales y patrullas, para construir ahí el segundo patio, con sus correspondientes dependencias.

A propósito de los vehículos mencionados, recuérdese que en esa época -fue así hasta fines de los años setenta- el Palacio de Gobierno era, efectivamente, la sede de los tres poderes del estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Luego, hacia fines de la década señalada, durante la administración del profesor J. Refugio Esparza Reyes, se construyó el Palacio de Justicia, para albergar a las dependencias del Poder Judicial, y a algunas del Ejecutivo, entre ellas la Procuraduría de Justicia, que antes estuviera en la parte poniente, planta baja, del Palacio de Gobierno, y que aparcaba sus patrullas en el corralón al que me he referido. También estaba en el Palacio la Dirección de Tránsito, en uno de los espacios que dan a la plaza, en la planta baja, por lo que en este corralón se estacionaban también las patrullas y motocicletas de esta dependencia.

En fin. Además de la construcción del edificio en la parte sur, se quitó la escalera de la parte poniente del primer patio, y se edificó la monumental del centro, que tanto lucimiento daría al Ferial. Además, se pintaron dos murales, el polémico Aguascalientes en la Historia, en la pared sur del segundo patio, y el también discutido sobre la Feria de San Marcos, en la pared norte del segundo piso del primer patio, justo donde es hoy el salón de recepciones.

Sin embargo, tocó a la administración del profesor Olivares (1962-68) redondear estos trabajos, concluir aquello que al final de la administración de Ortega había quedado inacabado, por ejemplo el segundo mural del artista chileno Oswaldo Barra que, según tengo entendido, fue concluido en el transcurso de 1963.

Teniendo en cuenta lo anterior, la casa pública flamante, en parte nueva, y en parte remozada, el gobernador habría querido que la población visitara el lugar donde trabajaban sus gobernantes y la conociera. Entonces, una forma de cumplir con este objetivo sería a través del espectáculo.

En fin. Lástima que ninguno de los actores principales de esta historia permanezca aún con nosotros, a fin de aclarar este asunto. Pero independientemente de esto, queda el testimonio de dos personajes que fueron cercanos al profesor Olivares.

De regreso a la línea de desarrollo que he seguido, es preciso señalar que a pesar de los cambios experimentados a lo largo de 50 años, transformaciones que tienen que ver con los escenarios, la tecnología teatral que es puesta en juego en su confección y montaje, las músicas que se interpretan, las danzas que se presentan, la revisión de diversos temas, etc., el Ferial de Aguascalientes no ha perdido su connotación de festival de fin de cursos.

Para plantearlo de la manera más simplista posible, descarnada: desde una perspectiva eminentemente artística, ¿esto es bueno o es malo; es deseable, o no? Muchos de quienes contestan de manera afirmativa a este planteamiento tienen algún pariente que participa y, justo como ocurre en los festivales escolares, van al teatro a verlo bailar, tocar la guitarra o hacer un poco de teatro. Por el cariño que le tienen; por lo excepcional del lance, cuando aparece en escena el novio, la sobrina, el hermano, la hija, se dan un discreto codazo y sonríen con satisfacción, sin importarles en lo absoluto si lo hace bien o no, si la calidad de su ejecución alcanza a propiciar la emoción estética o resulta totalmente prescindible. Lo que importa es el hecho de ser bañado por las luces mágicas del foro y saberse su familiar.

En el otro lado están los que consideran que precisamente es esto lo que impide que el espectáculo despegue y alcance la altura que merece; la calidad suficiente como para convertirlo en un montaje digno de presunción… Entonces, si se tratara de un espectáculo profesional, hecho por profesionales, otra cosa sería. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).