Josemaría León Lara

Este domingo darán inicio las campañas electorales del 2016. Evidentemente esto conlleva la llegada de la propaganda política en cantidades absurdas, donde los candidatos y candidatas de los distintos partidos así como los que van por la vía independiente, harán un llamado al voto presentando propuestas con el afán de convencernos.

Tanto diputaciones, alcaldías y el gobierno estatal están en juego; y el tablero ya está listo para que comiencen a girar los dados. Para este momento las preferencias comienzan a polarizar a la población, entre las encuestas compradas y las que no, los rumores infundados y los chismes plantados nos esperan dos meses de incertidumbre, sospechas y escepticismo.

El cambio siempre es bueno, es por ello que cada determinado tiempo tenemos la oportunidad de renovar los órganos de gobierno en sus distintos niveles. Y el cambio no significa precisamente un cambio de partido a otro, sino nuevas personas con otras ideas lleguen al poder para intentar hacer un gobierno mejor.

En todas las ideologías y organismos políticos podemos encontrar tanto buenos elementos como malos, eso es obvio, pero también existen los absurdos grupos o cotos enfermos de poder, donde la ambición y la soberbia impiden cualquier tipo de mejora, tanto dentro de los partidos como una vez que hacen gobierno. Situación que provoca que los chapulines salten de partido en partido o mágicamente obtengan puestos plurinominales, pero también algunos de la noche a la mañana se convierten en independientes, cuando ya no hubo “chance”.

Históricamente la democracia en México ha sido un tabú, un mito, algo con lo que se empezaba revoluciones con el fin de alcanzarla y que eventualmente sucedía todo lo contrario. Se crearon partidos con el estandarte de la Revolución, misma que tenía por objeto acabar con una dictadura de treinta años, y que terminó por provocar una de setenta.

Tal vez algo bueno trajo el siglo XXI para México, las instituciones se han ido transformado y dando acceso a cierto nivel de transparencia, pero aún nos falta mucho. No podemos esperar una real democracia si no participamos de ella. En este 2016 el candidato a vencer es el abstencionismo, que la gente salga de sus casas a votar.

Pero que ese voto sea de manera libre, conciente y razonado. Puesto que dentro del Hades que es la política mexicana, un sin fin de maniobras siguen existiendo para coaccionarle el voto a la población. Es momento de escuchar propuestas, de ponerlas en duda y razonarlas, criticarlas, analizar si son viables y una vez así poder decidir.

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