Crimen, violencia y máscaras: la verdadera ficción pulp

Y llegó la Gran Depresión. La década de los 20’s en los EEUU proveyó sendos tragos de desolación y desesperanza a la población norteamericana (mientras nosotros seguiremos bebiendo de tan amarga copa por tiempo indefinido) nutriendo de una perspectiva oscura a la hambrienta colectividad anglosajona, la cual solo encontraba resguardo en los ejercicios escapistas proveídos por el cinematógrafo y la literatura, siendo ésta última la catalizadora de las fantasías más febriles y desquiciadas entre una sociedad con un espíritu diezmado dispuesto a participar de tan singular catarsis. A este compendio de páginas profanas donde la brutalidad narrativa, las sádicas interpretaciones eróticas de jóvenes escritores (algunos, futuras leyendas de culto), figuras justicieras y ominosas enmascaradas o aventureras que fungieron de prototipo para los subsecuentes superhéroes y la meticulosa construcción de mundos inauditos se le denominó “literatura pulp”, cuya etimología se localiza en la pulpa de árbol con que se confeccionaban las hojas y portadas, siendo éste un material perecedero y por demás degradable, dando como resultado un texto de contenido barato y material ídem.
La conjugación de la opresiva realidad social con el sensacionalista escaparate de damiselas en peligro (generalmente con escasas prendas o atavíos desgarrados) a la espera de un acto heroico salvador culminó en su adaptación radiofónica durante la más relajada década de los 30’s, consolidándose como éxitos masivos y cimentando a los vigilantes urbanos o selváticos en iconos culturales. De ahí su inevitable salto a los cómics, las tiras dominicales y… el cine, éste último el medio idóneo para transferir toda esa imaginería influenciada por el expresionismo alemán y las condiciones criminales de la época (gangsters, pandillas, ejecuciones vía ametralladora) para el disfrute y goce de una nueva generación. Entre los más sobresalientes, y manipulando un poco el formato clásico de esta columna, me permito enumerar a los siguientes:
BUCK ROGERS: Las peripecias de este personaje (que en un inicio tenía por nombre Anthony Rogers) inician en el Siglo XX cuando, por azares del destino y una máquina criogénica, despierta en el Siglo XXV, donde por supuesto gran parte de la dinámica será la de adaptarse a un futurista -y muy improbable- planeta Tierra. La serie gozó de tanto éxito que inmediatamente fue adaptada como un serial cinematográfico en 1939 y posteriormente en una insípida serie de televisión protagonizada por Gil Gerard, quien tenía tanto registro histriónico como un trozo de cecina.
FLASH GORDON: La antítesis de Buck Rogers, ya que mientras éste procede al proceso de adaptación a una versión futura de su propio mundo, Flash deberá reconocer uno totalmente nuevo, ya que sus aventuras se desarrollan en el enigmático planeta Mongo, gobernado por Ming el Despiadado (recuerden, esto surgió en una época donde lo “políticamente correcto”sonaba a partido de oposición y se permitía la explotación de estereotipos raciales), a quien confrontará con la ayuda de la adorable Dale Arden y el inestable Hans Zarkov a impedir sus planes para conquistar la Tierra. Una historia que se adaptó a innumerables seriales – destacando los estelarizados por el futuro Tarzán Buster Crabbe – y a una cinta de 1980 cuyo factor de inmortalidad corre a cargo tanto por la estupenda banda sonora compuesta por el grupo Queen como por el intencionado diseño plástico kitsch, así como por la patética interpretación de Sam Jones en el papel principal y la inesperada (por no decir desconcertante) participación del estupendo Max von Sydow como Ming. Un clásico de culto y nostálgico.
DOC SAVAGE: El culmen del hombre renacentista. Doc Savage era un científico / cirujano / inventor / explorador y, en su tiempo libre, músico que pretendía epitomizar la virilidad con una apariencia por demás masculina caracterizado por su perfecto corte de cabello militar tono bronce y su musculoso cuerpo del mismo color, el cual mostraba a la menor provocación o conflagración. En cine, el personaje no tuvo mucha suerte, ya que cuenta con una sola adaptación por cortesía del también ex-Tarzán Ron Ely en 1967, la cual pasó sin pena ni gloria en la taquilla.
LA SOMBRA: Probablemente uno de los personajes más interesantes de la camada pulp debido a su apariencia y trasfondo. En este caso, el multimillonario Lamont Cranston, quien por las noches se oculta en las sombras para aplicar justicia con sus dos revólveres cromados y su poder: nublar la mente de los hombres, ya que si alguien sabía qué maldad se ocultaba en sus corazones, era La Sombra. Esta premisa se vio respetada en la subvalorada versión cinematográfica de 1994 dirigida por Russel Mulcahy y protagonizada por Alec Baldwin, donde los lujosos valores de producción, las decentes actuaciones y el ingenioso guión no bastaron para que el filme se hundiera cual Titanic en la taquilla. Una lástima.
TARZÁN: El legado del escritor Edgar Rice Burroughs a la cultura mundial y uno de los arquetipos heroicos por antonomasia, pues se trata de un hombre cuyas habilidades sobrehumanas las adquiere al ser criado por monos al enfrentar una fatídica orfandad en los mares del siglo XIX. Noble y de ascendencia ídem, el Rey de los Monos -con identidad civil de John Clayton- es, junto con Sherlock Holmes, uno de los personajes más adaptados al cine, probablemente por la empatía que produce un buen salvaje con disposición heroica para defender a la fauna africana y habitantes del Continente Negro de las maquinaciones nefastas de los sajones imperio y capitalistas, así como un hervor sensible y humano que solo brota ante la presencia de su amada Jane Porter, la única persona capaz de domarlo. Héroe incivilizado, amante y aristócrata, todos los ingredientes para una leyenda pulp.
Actualmente la exploración de esta veta se ha detenido en seco, siendo la elección de los estudios fusionar los componentes arquetípicos del pulp en producciones que exudan posmodernidad y sacrificando aquellos aspectos más depurados y fieles a los personajes que cubrían la capacidad de asombro a las embelesadas audiencias de funciones de matinee, logrando desiguales resultados. Mas, como gustaba cerrar sus trabajos literarios el maravilloso Robert E. Howard cada vez que su personaje Conan el Cimerio culminaba una aventura….esa, esa es otra historia.
NOTA: Muchas de las cintas mencionadas se encuentran disponibles a la renta en la Videoteca del C. C. Casa Jesús Terán.
correo: corte-yqueda@hotmail.com