ciudad-vivaJesús Álvarez Gutiérrez
Para cabecear la colaboración de esta semana, me permití tomar prestado el título del último libro de Andrés Oppenheimer porque me pareció un dilema muy revelador. Creo que la creatividad nos ayuda a poner en perspectiva el tema que nos ha ocupado durante los últimos meses. La creatividad es la clave para atender la urgente necesidad de incrementar las remuneraciones de los trabajadores a partir de aumentos en la productividad, y no por decreto.
El país lleva décadas de estancamiento en la productividad laboral. Algunos señalan que la precariedad salarial se debe a la economía informal. Los empleos no formales, se dice, son improductivos. En Aguascalientes la tasa de formalidad es de 55 por ciento, frente al 40 por ciento en el resto del país; sin embargo, la mayor proporción de empleo formal no se refleja en mejores percepciones para los trabajadores aguascalentenses. Al contrario, los salarios en nuestra entidad son en promedio 15 por ciento más bajos que a nivel nacional tanto en la economía formal como en la informal.
Otra explicación de la pobreza salarial es que los sectores manufactureros a los que le ha apostado Aguascalientes, que son el automotriz y electrónico, son muy dinámicos en el mercado internacional, pero cada vez tienen un menor porcentaje de contenido local, por lo que no se derraman beneficios sobre el resto de la economía local. Los pequeños y medianos empresarios difícilmente se convierten en abastecedores de algunas de las piezas o componentes mecánicos o electrónicos de un vehículo. Las autopartes requieren tales niveles de precisión, calidad y seguridad que sólo algunas empresas trasnacionales son capaces de cumplir esos requisitos. Así que Nissan, por ejemplo, que es el “original equipment manufacturer” (OEM) de la industria automotriz en Aguascalientes, prefiere jalarse a sus proveedores tradicionales de Japón, Estados Unidos, Canadá o Alemania, que desarrollar proveedores locales. Al final del día, los procesos de armado o ensamble que se realizan localmente son rutinas fácilmente automatizables, y por tanto, mal pagadas.
Es cierto que gracias al incremento en la producción y exportación de vehículos, el Producto Interno Bruto de la entidad ha crecido por veinte años al doble de la tasa nacional (en 2014 llegó a un inédito 12.4 por ciento); sin embargo, los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI muestran que las tasas locales de desempleo y subempleo son superiores al promedio nacional, especialmente entre egresados de bachillerato y universidad, que se prepararon para tocar la puerta de las empresas y pedir un empleo. Así pues los salarios no suben porque, en el modelo maquilador, estamos cada vez más lejos del pleno empleo.
Como una alternativa a este panorama desolador, Oppenheimer reitera que la prosperidad de los países ya no depende de sus materias primas o abundancia de recursos humanos, sino de la creatividad, y ésta de sus sistemas educativos, sus científicos y sus innovadores. Los países avanzados se han dedicado a desarrollar mejores mentes para producir bienes y servicios con mayor valor agregado.
En cambio, los mexicanos somos ingeniosos, pero el entorno se encarga de coartar todo nuestro potencial creativo. El actual sistema educativo genera empleados, pero no emprendedores; ingenieros que no diseñan productos; taxistas con sorprendente cultura universal, pero poca riqueza personal o nacional. Para colmo, negamos el acceso a financiamiento oportuno y barato a las empresas creativas y las ahorcamos con una excesiva regulación, que impide la competencia y fomenta la corrupción.
En realidad, advierte Oppenheimer, la creatividad requiere todo un cambio de paradigma cultural, comenzando por un nuevo sistema educativo que forme librepensadores, corredores de riesgos, diseñadores de infraestructura, máquinas, medicinas, soluciones y patentes, a través de competencias técnicas y socioemocionales para sobrevivir y aprender del intento y el fracaso, el ensayo y el error. Y cita a Tony Wagner de la Universidad de Harvard: “Lo que uno sabe es cada vez menos importante, pero lo que uno sabe hacer con lo que sabe es cada vez más importante”.