La corrupción es de los pecados más graves que nos azotan en diversos niveles, de ahí que mientras pocas son las familias que lo tienen todo a manos llenas, muchísimas no tienen ni qué llevarse a la panza, advirtió el Obispo José María de la Torre Martín.
“En últimas fechas se ha hablado más del combate a la corrupción, se han hecho leyes y compromisos, y ojalá que nos toque ver los resultados esperados, que pasemos de las palabras a los hechos”.
Consideró que el nivel de pobreza de un pueblo habla del nivel de corrupción que existe, por lo que en vez de solaparla o generarla, debemos combatirla, porque es como un cáncer que carcome la vida cotidiana.
Hizo alusión a que sólo pesca el que no tiene miedo de arriesgar y comprometerse por los suyos, “sólo saliendo y dejando las seguridades es como la Iglesia se centra; sólo dejando de ser autoreferencial somos capaces de re-centrarnos en nuestro futuro”.
Resaltó que debemos reencontrarnos para tener el coraje de ir hacia las periferias del presente y del futuro, para tener la creatividad y fuerza para ir a los núcleos más hondos del alma de las ciudades donde crece la experiencia de no sentirse ciudadano, sino más bien, ciudadano a medias, o sobrantes urbanos.
Ponderó las palabras del Papa, de “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.
Añadió que más que el temor a equivocarnos, debe movernos de las estructuras que nos dan una falsa contención, de las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta.
“No perdamos la esperanza en que las cosas van a mejorar para miles de familia que nada tienen y con la que debemos solidarizarnos”.