En Villa Juárez, Asientos, las personas se acostumbran a mirar el horizonte y disfrutar de las distintas tonalidades del cielo. Justo en el atardecer se reúnen para platicar, cuentan sus experiencias y otras tantas comparten sus gustos, como es el caso de la maestra Gloria, quien desde hace varios años organiza clubes de tejido para las señoras que viven cerca de su casa.
Aquí, en un espacio improvisado dentro de una cochera, las integrantes del taller de costura reciben a Lorena Martínez para explicarle cómo es que se preparan para hacer las servilletas bordadas a mano y los manteles con adornos frutales pintados a mano.
Lorena ve con asombro y nostalgia todos los productos que se exponen en la mesa, como una galería del pueblo. Se acerca y participa, dice que ella aprendió el “punto de cruz” desde niña, cuando su madre le enseñó que en la vida hay que estar preparado para superar situaciones menores y difíciles, desde la compostura de un pantalón hasta problemáticas mayores.
Sin más, la maestra Gloria acerca una aguja e hilo, la somete a prueba de sus dichos y la invita a bordar. Un recuadro fue el inicio y la evaluación de una servilleta que en ese momento se convirtió en el mejor testigo de que Lorena es congruente. Sus dichos son hechos.
La familia organiza la cena, ya se preparan las tostadas de cueritos. Es un ambiente de paz, es llegar a casa y quitarse los zapatos. Quienes viven en Villa Juárez se levantan temprano a ver sus cultivos o se preparan para la venta de productos. Son personas que saben disfrutar de un refresco frío en botella de vidrio, una tostada con pura salsa y al final un juego de dominó.
Lorena platica de este ánimo familiar, la hace recordar cuando su padre y su madre la dejaban jugar en la calle con sus hermanos, por eso no se asombra, recuerda que la humildad es un valor que nunca se pierde.
La maestra Gloria cuenta que la felicidad de las familias a veces se ve amenazada por la falta de seguridad, que para sus hijos y nietos habría que generar más oportunidades para que puedan estudiar y tengan acceso a internet; mientras ella cuenta, su sobrino se suma a la charla y pide más apoyo para el campo, creen que en Aguascalientes pueden pasar las cosas buenas, creen en Lorena.
Así, llega la noche, entre comentarios, tostadas y refrescos. Antes de irse a dormir y para relajar la mente, Lorena acepta la invitación de una partida de dominó. Un grupo de 3 hombres hacen “la sopa” y reparten fichas; a ella se le nota alegre, está contenta porque ese es el mejor lugar, donde hay esperanza y se respira tranquilidad. Se levantan de la mesa, el tiempo se consumió entre carcajadas y sin preocupaciones se alistarán para dormir. Lorena aceptó quedarse durante la noche en ese hogar, pues al día siguiente se encontrarían nuevamente en la tradicional misa matutina.
Amanecer en Villa Juárez es respirar aire fresco del campo, se antoja una caminata con amigos, donde la familia priista convive y disfruta de un paseo al que acuden niños y adultos con pasos firmes y objetivos claros.