Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, siempre he estado convencido de que la vida democrática en cualquier país no debe limitarse al ejercicio del derecho al sufragio, sino que, en todos los casos, se debe pugnar por vivir en una “democracia participativa e incluyente”, es decir, una en donde los ciudadanos intervengamos, de manera directa, en los procesos de toma de las decisiones gubernamentales y seamos nosotros mismos el eje central que motive cualquier política pública a implementar.

Como bien cita el maestro Guillermo M. Cejudo (ex Director de la División de Administración Pública del CIDE), en su ensayo publicado en el compendio titulado “Contraloría Social en México”, editado por la Secretaría de la Función Pública en 2011, “… podemos hablar de control democrático sobre los gobiernos, cuando no sólo esos gobiernos son electos democráticamente y están sujetos a contrapesos institucionales y restricciones legales, sino que además los ciudadanos tienen espacios para opinar, incidir, vigilar y exigir.” (Adam Przeworski, 2010).

Es pues que por “contraloría social” debemos considerar “la participación activa y organizada de los ciudadanos en el control, vigilancia y evaluación de los programas de gobierno, con la finalidad de que los recursos y acciones se manejen con orden, transparencia y honestidad.”

En diversas ocasiones, he podido comprobar que la ciudadanía está ávida de que sea escuchada y atendida por sus autoridades, de cualquier orden de gobierno y extracción partidista. Y no me refiero a ser escuchada y atendida en un plano que apunte a la relación de supra-subordinación que, por naturaleza jurídica y política, existe entre la población y sus gobiernos, sino que la gente exige que se le considere como un auténtico usuario de servicios públicos y un legítimo beneficiario de programas sociales y obras públicas, puesto que para ello contribuye con sus impuestos y de manera muy generosa, por cierto.

¿Quién mejor para vigilar y controlar al gobierno, que la propia ciudadanía?, sería la pregunta medular en este tema, e iríamos más allá de ello, puesto que la sana cercanía y participación de la población con el ejercicio público daría como consecuencia inmediata y natural que la eficiencia de nuestros gobiernos se incrementara. En pocas palabras, aspiraríamos siempre a tener “buenos gobiernos”.

Con la “contraloría social”, se pretende garantizar que todos los esfuerzos emprendidos por nuestras autoridades reditúen en bienestar y desarrollo para la gente y que los recursos públicos sean ejercidos correctamente, de forma transparente y con estricto apego al principio de rendición de cuentas. ¿Quién mejor para cuidar los dineros públicos, que los que los aportan de manera directa?, es decir, los propios contribuyentes.

Desde cualquier perspectiva de la que se aborde el tema, el impulso a la “contraloría social” es uno de los pasos trascendentes que nos faltan por dar en ese camino de la consolidación democrática de nuestro país, por lo que debemos promover cualquier acción tendiente a que la población participe en este tema, ya sea formando parte de los comités ciudadanos que se integran con tales fines, presentando las denuncias o quejas que correspondan ante una indebida o irregular conducta de cualquier servidor público, aportando propuestas de mejora para la prestación de los servicios públicos o proyectos de obra pública que necesite mi colonia o comunidad, entre muchos otras acciones.

Finalmente y a manera de conclusión, le invito a que, como ciudadano responsable y comprometido con su comunidad, divulgue, promueva y, sobre todo, participe en todos las actividades de “contraloría social” que estén a su alcance. De forma individual u organizada, la ciudadanía debe acompañar a las autoridades en el ejercicio gubernamental para que éste se realice en términos de eficiencia, eficacia, transparencia y honradez, y es ahí donde la “contraloría social” es un instrumento valiosísimo, si no el más eficaz, a pesar de los escasos veinte años de haberse establecido e impulsado esta herramienta democrática en nuestro país.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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