Condominio Aguascalientes

Por J. Jesús López García 

La verticalidad en materia arquitectónica ha sido desde hace centurias un factor de seducción para quienes poseen el poder político, económico y tecnológico de erigir una obra. Las aproximaciones conceptuales, técnicas y formales para materializarlos han sido diversas, desde las pirámides, que dependían de una plataforma de apoyo de enormes dimensiones, a las torres– campanario de las grandes catedrales góticas que se desplantaban desde el cuerpo del templo hacia el cielo.

Los edificios de proporción vertical han sido incluso fuente de alegorías, mitos y preceptos éticos, como el caso de la torre de Babel que ilustra por un lado, la arrogancia terrenal por querer remontar el ámbito divino con una creación mundana, y por otro, la precariedad de los acuerdos humanos dependiendo, paradójicamente, de la riqueza de las maneras de expresarse a través de sus múltiples lenguas.

Las construcciones verticales han servido a fines representativos al igual que a propósitos prácticos: las torres–campanario de la tradición cristiana lo mismo que los minaretes de las mezquitas musulmanas, son hitos urbanos perceptibles desde puntos alejados para indicar la ubicación de un lugar sagrado, lo mismo que dispositivos constructivos útiles para transmitir el sonido de las campanas o del canto del almuecín respectivamente.

Los bloques verticales de la actualidad también son útiles para propósitos representativos y prácticos, pues han sido erigidos para cuestiones de transmisión en sistemas de telecomunicaciones, o bien como baluartes de la excelencia técnica sin otro fin más que el de representar la pujanza de una sociedad, un país o un sector de la población. Las construcciones verticales contemporáneas tienen en la Torre Eiffel uno de sus más reconocibles modelos desde que fue levantada para la Exposición Universal de París en el año de 1889, marcando un antes y un después en cuanto a elementos arquitectónicos en altura se refiere.

Otros edificios paradigmáticos fueron aquellos llevados a cabo por los profesionales y peritos de la Escuela de Chicago, entre los que destacaron William Le Baron Jenney, Henry Hobson Richardson, Daniel Burnham, John Root, Dankmar Adler y el excelso Louis Sullivan, así como los de Nueva York en la Costa Este, tales como William Van AllenChrysler Building– o el estudio Shreve, Lamb and HarmonEmpire State Building– durante el siglo XX. Ambas ciudades son modelo del crecimiento urbano vertical que de alguna manera las urbes actuales que se precian de mostrar progreso, tienden a favorecer.

Las ciudades norteamericanas referidas fundamentaron su desarrollo vertical gracias a la cercanía de la industria siderúrgica de Pittsburgh, Pensilvania, proveedora de elementos de acero para astilleros y puentes y a la invención del elevador por parte de Elisha Graves Otis.

El caso de Chicago es un fenómeno urbano especialmente interesante pues tras el <<Gran Incendio>> que experimentó en el siglo XIX debido a la gran cantidad de madera de los establos ya que era un importante centro de reparto para la producción agropecuaria del Medio Oeste, así como de las múltiples casas. Aprovechando la gran cantidad de inmigrantes que al tiempo llegaron desde varios puntos de Europa, la ciudad se reconstruyó para albergar a nuevos pobladores, con lo que la demanda de suelo aumentó y con ello, se detonó un modelo constructivo que buscase una potenciación en el valor de reventa de un terreno edificando, una planta sobre otra, emergiendo con ello el concepto del <<rascacielos>> el cual se debió en buena parte a sus coronamientos en aguja como la presentada por edificios como los citados Chrysler y Empire State.

No es casual que un atentado de la magnitud histórica sobre el World Trade Center en Nueva York perpetrado por terroristas islámicos haya tenido como objetivo edificios en altura, que al margen de su actividad económica, era representativa de la visión urbanística y social occidental, si bien las torres más altas del orbe se encuentran actualmente en Asia, entre las que destaca el edificio más alto construido por el Hombre curiosamente localizado en un país musulmán.

En Aguascalientes los componentes arquitectónicos más altos por siglos fueron las torres de varias de las iglesias, hasta la llegada de la industria que empezó a erigir piezas utilitarias como las chimeneas de los talleres ferrocarrileros. En los años cincuenta del siglo pasado la Comisión Federal de Electricidad construyó un inmueble en la avenida Héroe de Nacozari de múltiples niveles y en los sesenta Telmex levantó la torre que actualmente continua siendo una de las más dominantes de la ciudad.

Más de entre los edificios en altura desligados de fines meramente subsidiarios a una actividad práctica, destaca por ser el primero en su tipo en nuestra ciudad: el Condominio Aguascalientes, obra del arquitecto Jaime Enrique López Cuéllar en los años setenta, destinado a oficinas, con más de diez niveles y desplantado entre dos edificios horizontales que se proyectan desde el centro de la manzana hacia la avenida López Mateos, rememorando por la solución, por sus formas y en algo del modo de emplazamiento al conjunto Lever House diseñado por Gordon Bunshaft del despacho Sdkidmore, Owings adn Merril en Nueva York. Edificio sencillo de lenguaje posmoderno es el iniciador de una modalidad arquitectónica que aún tiene pocos ejemplares en nuestra ciudad.