Comunicación contra la corrupción

Itzel Vargas Rodríguez

La ONU instauró el 9 de diciembre como el Día Internacional contra la corrupción tratando de hacer un fuerte propósito social de concientizar sobre cómo este fenómeno afecta en amplios sentidos a las sociedades, desde la economía, la credibilidad social e incluso, hasta el medio ambiente.
Este problema se presenta prácticamente en todo el mundo, pero desgraciadamente nuestro país, protagoniza uno de los principales lugares. El Banco de México y el Foro Económico Mundial llegaron a concluir que la corrupción es el peor lastre que impide el crecimiento del país.
El Instituto Mexicano de la Competitividad, recientemente publicó un interesantísimo reporte sobre la Corrupción en México, de donde se desprende análisis desde las empresas privadas hasta las instituciones públicas y en donde parte de lo que mencionan es que si bien la corrupción existe en todos lados en mayor o menor medida, lo que sí diferencia en este hecho a México es que los casos de corrupción rara vez llegan a los tribunales, es decir, no se busca solucionarlo por la impunidad.
Un estudio de Liu y Mikesell del 2014 sobre la corrupción en las políticas públicas presentes en los Estados Unidos, decía que una constante en los gobiernos con denuncias más constantes de corrupción, se daba entre aquellos que gastaban más dinero público en obras, proyectos de construcción y carreteras. De ser cierta esta premisa, podemos divagar cómo es que a nivel nacional en nuestro propio país, podría estar dándose de constante este lastre. Imagínese, casi todos los gobiernos en los distintos órdenes de gobierno en México se dedican a invertir en obra, en parte una necesaria y en parte una no tanto, para promover su ejercicio gubernamental. Y esto es sólo un ejemplo de cómo está o cómo podría estar de inmersa la corrupción en nuestra sociedad, que no se nos olviden los “moches” a policías, o incluso a funcionarios en agilización de trámites o también, en la ya clásica forma en la que empresas dan regalías a funcionarios que les asignan construcción de obras públicas… un problema muy enraizado e inmerso en una nube de impunidad.
Y si encima tomamos en cuenta que la baja credibilidad que tienen las instituciones socialmente, desde los políticos, los partidos políticos, los policías, se debe en gran parte a la constante práctica de este fenómeno, podremos vislumbrar que el problema es mucho mayor.
En este último punto, pareciera que la solución no está tan clara. Tendría que haber acciones multifactoriales para erradicarlo. A mí me gustaría tocar una que me parece esencial para que las instituciones comiencen a mejorar su percepción y credibilidad ante la sociedad, y esa es la comunicación.
Es muy importante que las instituciones públicas en este caso trasmitan información constante y actualizada propiciando la transparencia. Es muy importante que se vea lo que se hace, cómo se hace, con qué hace, con qué finalidad, para quién… tratar de dinamizar las actividades orientándolas hacia la transparencia. Es una ecuación sencilla, nos genera confianza aquél que nos dice lo que hace y las instituciones, finalmente al estar conformadas en estructura por personas, funcionan muy parecido a las personas. Ojo, esto no quiere decir que cada cosa que se hace se compute para el escrutinio, porque también eso podría mermar el quehacer público, pero tampoco llegar a niveles de opacidad y cinismo en el uso de recursos públicos como abiertamente y tan constantemente hemos sabido que sucede. Porque una institución debe estar constantemente propiciando el diálogo con la gente, avisándole lo que se hace, el cómo y el por qué. Y no sólo avisándole, sino abriendo medios para retroalimentación y participación. Porque reconstruir credibilidad social es como romper una taza de la confianza, una vez que se rompe es muy difícil y tardado recomponerla porque es más laborioso.
La comunicación es una muy valiosa herramienta para lograr fines específicos y reconstruir caminos maltrechos. ¿Un medio para combatir la corrupción? Sí, también.
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