Cada vez que en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) hablan de transparentar los contratos colectivos se recuerda el juego del gato y el ratón, porque más allá de que ofrezcan poner a disposición del público el contenido de los acuerdos signados entre empresarios y sindicatos, se debe obligar a los líderes a quitarse la máscara en todos sus actos.

Los trabajadores desconocen lo que en su nombre se firma, pero que los hace sujetos obligados a su cumplimiento y si alguno tiene la osadía de exigir una explicación se busca que renuncie, ya que otros podrían seguir su ejemplo.

Es aceptable que registren los contratos ante esa dependencia, pero más correcto sería que antes de suscribir el pacto lleven a cabo una asamblea para que informen a los agremiados lo que ofrece la patronal y qué va a solicitar el sindicato, de manera que el proyecto pueda ser analizado, debatido y en su caso aprobado, modificado o rechazado, teniendo en cuenta que la asociación en pleno tiene esas facultades.

El titular de la STPS, Alfonso Navarrete Prida, señaló la semana pasada que “sin transparencia no puede haber un gobierno que se diga democrático, puesto que ese concepto significa empoderar al ciudadano para que ejerza sus derechos”, por lo que la Secretaría pone a disposición 19 mil 600 contratos colectivos que han depositado los sindicatos.

Aseguró que México necesita sindicatos muy fuertes y el gobierno federal impulsa esa premisa, “la cual no es demagogia, porque mientras haya trabajadores con derechos, pueden conocerlos de manera objetiva y en eso es fundamental la transparencia”.

Para Navarrete Prida, México avanza por un camino distinto en materia laboral, “de más ejercicios de derecho, de muchas posibilidades para la gente, donde tienen acceso a muchísimos estímulos informativos”.

La cuestión de fondo no radica en las facilidades que otorgue la STPS para conocer lo definido en los contratos, sino en cómo quedaron establecidos, en virtud que como se señala, los convenios no se ponen a discusión de la mayoría de los sindicatos sino que se hace en alguna oficina con la presencia de empresa y líderes, que según la ley éstos ya recabaron la conformidad de sus representados por lo que tienen poderes para proceder a la rúbrica.

La transparencia es a medias, porque aún cuando es un acto jurídico no es ético, a partir que no se informa con amplitud qué fue lo que se legalizó, lo único que se da a conocer es sobre los beneficios económicos que hubo, pero no las “letras chiquitas” que en su momento perjudican al obrero.

Un hecho vivido en la mayor agrupación del siglo pasado tuvo lugar en esta ciudad, cuando fueron convocados los trabajadores a una reunión con el líder nacional para anunciar la oferta que hacía la empresa, indicando que el incremento salarial sería de 25% (algo común en esa época), a lo que el grueso de los asistentes se opuso ya que la pretensión era alcanzar el 40%, sin embargo el dirigente espetó: “Lo toman o lo dejan porque yo ya firmé”, lo que motivó que la reunión acabara entre gritos y recordatorios familiares, sin que por ello se alterara el ánimo del dirigente.

En época más reciente, hace poco más de diez años, tres trabajadores de una gasolinera pidieron la intervención de un líder para formar su propia agrupación, ya que el propietario violaba constantemente la Ley Federal del Trabajo. Les prometió asesorarlos para que pudieran alcanzar su objetivo y se defendieran, pero lo que no les dijo fue que sí tenían sindicato y que él mismo era el secretario general, sólo que nada más lo sabían él y el empleador. En cuestión de semanas hubo un reajuste en la empresa y entre los despedidos estaban los tres quejosos.

En estas condiciones y aunque no es una tarea fácil, porque el temor a perder el empleo evita que se explayen, sería interesante determinar cuántos miembros de un sindicato conocen el contrato colectivo y que además puedan describir en qué les beneficia o afecta.

RENUNCIA OBLIGADA

Para María de los Ángeles Moreno Uriegas, ex presidenta nacional del PRI, es ineludible la salida de un líder del partido cuando se pierde una elección, por lo que fue bien visto que Manlio Fabio Beltrones Rivera dejara el CEN, después de lo ocurrido el pasado 5 de junio.

En la entrevista que concedió a El Universal, publicada el viernes 8 de julio, la dos veces senadora destacó que en política “las derrotas son huérfanas, los triunfos siempre tienen papá, mamá y generalmente a quien se le exige cuentas es al presidente del partido, a quien tiene la conducción”.

Para no dejar lugar a dudas, subrayó: “Es casi obligado que un presidente sea de un partido a nivel estatal o a nivel nacional, se vaya cuando pierde, no porque esté reconociendo que él es el culpable de todo, sino simplemente porque en ese puesto recae la mayor responsabilidad de las acciones, de las decisiones, de los recursos, de los planteamientos mismos del partido y de sus candidatos”.

Ella misma fue ejemplo del decir y hacer, cuando renunció al Comité Nacional luego de la derrota que sufrió el partido en agosto de 1995 en Baja California, por lo que respalda el cambio en las directivas nacionales y estatales como parte de la asepsia obligada y así otros traten de cambiar el estado de cosas.

Por otra parte, en los hechos se demuestra que para el PRI las coaliciones han sido de resultados funestos. Bien lo señala el ex diputado Mario Antonio Guevara, que ese tipo de acuerdos tuvo un altísimo costo para el tricolor, “al ceder posiciones en los cargos de elección popular”, a lo que se agregaría que mientras se debilitó al priísmo al grado de arrinconarlo, sus socios en la reciente aventura obtuvieron más de lo que en teoría les correspondía.

Dicen los abogados que a aceptación de culpa relevo de pruebas, por lo que uno de los coalicionistas, el Partido Nueva Alianza, en voz de su dirigente estatal Elías Ruvalcaba de la Rosa, obtuvo tres diputaciones, con lo que tiene una más que en la actual legislatura y se quedó con dos ayuntamientos, el de Rincón de Romos y el de San José de Gracia, con lo que equilibra la pérdida que sufrió en Pabellón de Arteaga, que fuera bastión histórico panelista. Por si fuera poco, en todos los municipios tendrán regidores, en donde podrán hacer escuchar las propuestas que tengan en materia educativa, de salud, agropecuaria y económica.

Por enésima vez el Revolucionario Institucional tropieza con la misma piedra, ya que en cuantos episodios ha llevado bizmas queda debilitado, tal como ocurrió en el Cabildo de Aguascalientes 2005-2007, en el que, por primera vez no tuvo regidores, en cambio sus asociados, del PVEM y el PT, sí estuvieron ahí, algo que debería motivar a la reflexión y aplicar las medidas pertinentes. En esas elecciones, las de 2004, el PAN fue solo y se llevó prácticamente todo, al dejar sólo un municipio al PRI y sólo una diputación de las 18 de mayoría, que complementó con tres de minoría.

El PRI nacional y local necesita una zarandeada a fondo para que regrese a sus raíces, como partido del pueblo y le de preferencia en todo y para todo a sus militantes, de otra manera que a nadie sorprenda que sigan los reveses. Se viven tiempos distintos y con cambios que exigen la máxima atención para escoger lideratos y candidaturas, sólo así podrá olvidarse de las ocurrencias que dejan a sus integrantes dolidos, alejados de las urnas y de rechazo a lo que hace.

Habrá que esperar qué proyectos tiene el nuevo presidente del CEN y a partir de ahí establecer cuál es el futuro del partido, que de entrada enfrentará elecciones en varios estados el año próximo y la presidencial de 2018. Un reto descomunal que podrá vencer si logra fusionar los intereses de los políticos experimentados con los jóvenes.