Julián Torres

Música de acordeón, instrumento evocador de idilios amorosos, para muchas generaciones pasadas símbolo del romanticismo juvenil, busca salir del destierro involuntario al que lo someten las sociedades del consumo fácil, de la fastfood y el pensamiento postmoderno, ayudado por las manos del profesor Jorge Laurencio Reyes, maestro de música y de canto.
Don Jorge estudió 14 años la carrera de música de la Universidad de Guadalajara, es maestro titulado y además ejecutante, tiene la vocación y los estudios.
Ejecuta su acordeón en pleno centro de la ciudad, en la calle Madero casi esquina con Hidalgo, motivado por compartir sus conocimientos. También lo hace en gran parte para promocionarse, de ahí le salen alumnos, lo ven tocar y le preguntan, le sirve para ganarse la vida haciendo lo que le gusta.
Otra de las razones para compartir su música es que está interesado en que no se pierda la tradición alrededor del acordeón, “mucha gente no sabe ni siquiera como se llama el instrumento por tan deteriorada que está la cuestión de la música”, afirma. “La cultura en general está muy mal (…) yo con esto le muestro un poquito a la gente y sí se interesa”.
El señor Laurencio dice que él no pretende enviar mensajes a la gente, “hago las cosas y por eso estoy aquí. Los mensajes no sirven de mucho, porque lo que es toda la maquinaria que se ocupa dizque de la cultura, de esto no sabe, y las radiodifusoras que son las que podrían hacer algo, en su mayoría meten pura porquería. Por muchos mensajes que se den eso no sirve, lo que importa es que se escucha, lo real”, apunta.
“Todo lo demás es puro cuento, pura demagogia”, lanza contundente don Jorge Laurencio Reyes, entusiasta promotor de la música y la cultura populares.