sapiens_logoCualquiera de nosotros, estoy seguro que en alguna ocasión ha escuchado e inclusive llegó a mencionar: “cuando yo sea grande voy a ser como mi papá”. De igual manera, la gran mayoría, en más de una ocasión, entonamos aquella célebre canción de Topo Gigio que mencionaba con singular tono: “Quisiera ser como mi papá, me haré un bigote con la crema de rasurar. Su corbata y sus zapatos me pondré, sí, sí y me iré como él a trabajar.”
Debo admitir que hace un par de días, mientras meditaba acerca del contenido de esta publicación, se me vino a la mente dicha melodía y fue entonces que, lleno de nostalgia, caí en cuenta que, efectivamente, el tiempo vuela y con casi 22 años de vida, ahora la crema de rasurar dejó de ser un simple juego en el que uno invertía casi una hora frente al espejo para emular una barba tan grande y blanca como la del mismísimo Santa Claus o un bigote afrancesado. Por otra parte, también las corbatas (con aquel peculiar doble nudo que desde chico llamó mi atención) se volvieron parte de la indumentaria diaria para acudir a laborar.
Estamos a unos días de celebrar el Día del Padre y dejando a un lado el aspecto comercial-promocional que regularmente acompaña a este tipo de celebraciones, quisiera invitar a todos ustedes a reflexionar un poco acerca de nuestros queridos padres.
La confianza, el amor, el respeto, el trabajo y los valores son parte de las primeras enseñanzas que recibimos por parte de nuestros padres, aunado a una cantidad impresionante de conocimientos en materia de automovilismo, electricidad, deportes, historia, mecánica y un sinfín de situaciones que marcan definitivamente nuestra vida. Y claro, no puedo omitir el hecho de que gracias a ellos, en la mayoría de las ocasiones, elegimos a nuestro equipo de fútbol favorito, para que con el paso de los años podamos juntos disfrutar amenamente 90 minutos de juego acompañados de una cerveza y una agradable charla.
Observar la entrega y pasión a su trabajo, se convierte en una de las principales conductas a imitar y en ocasiones, una de las razones por las que muchos de nosotros decidimos seguir sus pasos y dedicarnos a su mismo oficio o profesión. De manera tal que aspiramos al máximo honor posible, llegar a ser como ellos. Entendiendo que algún día, si la vida y Dios lo permite, estaremos ocupado ese lugar de padres y adquiriremos uno de los mayores compromisos en la vida, ya que, coloquialmente hablando, tendremos que llenar unos zapatos muy grandes.
Como jóvenes que somos, en ocasiones nuestros sentimientos se comportan de una manera extraña y pocas veces nos atrevemos a expresar lo que sentimos; sin embargo, me gustaría exhortarlos a que esto no sea obstáculo para aprovechar cada día la presencia de nuestros padres y agradecerles siempre por todo. Quisiera finalmente despedirme en esta ocasión felicitando y enviando un cordial abrazo a todos los padres en su día.
¡Felicidades papá… algún día quiero ser como tú!

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