Por: Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

En un mundo nihilistaLas elecciones competitivas sin duda abonan a la democracia y terminan por fortalecerla. Actualmente, resulta cada vez más difícil la selección de candidatos al interior de los partidos. Algo que en teoría debiera ser sencillo, en la práctica resulta complejo, principalmente por dos cuestiones: la escasez de personajes que cumplan con el perfil adecuado que represente los intereses del partido, y a su vez, sean competitivos al exterior del mismo, y por el interés de los líderes partidistas para seleccionar cuadros afines o leales a ellos.

Durante años los partidos aplicaron el “dedazo” como proceso de selección de candidatos; sin embargo, poco a poco hemos dado cuenta que estos han tendido a democratizarse y la evidencia nos muestra que mientras más abiertos son estos procesos, los resultados al exterior son mejores.

En teoría nadie quiere un mal candidato, simple y sencillamente, porque éstos, no ganan elecciones. A pesar de ello, muchas veces los líderes partidistas prefieren imponer candidatos leales a ellos, pasando por alto la poca representación partidista o bien, la nula aceptación al exterior del partido, esto, por una simple razón, creen que ganar una elección en la calle depende solamente de la cantidad de recursos que se inviertan y del llamado voto duro de la militancia, pero olvidan lo más importante, los electores sin partido.

Ahora bien, cuando un partido cuenta con dos o más perfiles que cumplan con la representación partidista y la trayectoria necesaria ¿cómo elegir al mejor?.

Este cuestionamiento nos presenta al menos dos dilemas: El primero sería elegir al que represente mejor las preferencias de la militancia, o bien, al que refleje las del electorado en general.

Un líder político tendría que elegir entre apoyar un perfil con grandes posibilidades de ganar la elección aunque no sea tan afín a él, o, aquél que le es leal. Por otro lado, el partido tiene que ponderar las preferencias de la militancia con las del electorado en general.

El segundo dilema, sería ¿qué tipo de experiencia pesa más en el electorado general? la legislativa, los cargos de elección popular, la carrera partidista, o bien, la desarrollada dentro del gabinete. No debemos olvidar que las elecciones las ganan los candidatos y, no necesariamente los mejores servidores públicos.

Un buen candidato es aquel que gana elecciones. Un líder parlamentario puede ser un excelente candidato al interior de un partido, pero, no necesariamente el mejor al exterior. Recordemos que durante las campañas el reconocimiento público y el carisma juegan un papel importantísimo para el electorado, inclusive, me atrevo a decir que estos factores pesan más que la experiencia.

Creo que si los partidos quieren mandar candidatos competitivos para las elecciones del próximo año, deben poner el terreno parejo para cada uno de los aspirantes; deben ponderar la trayectoria, la experiencia y la capacidad de diálogo al interior como al exterior del partido, con el reconocimiento público y el carisma. Deben ser conscientes que las actitudes triunfalistas son las que más daño le hace a los candidatos. No pueden pasar por alto el buen desempeño en los cargos o funciones previas que han desempeñado los aspirantes y, ser conscientes que por mucha aceptación que se tenga dentro de la militancia, las elecciones se ganan con los votos de aquellos que no pertenecen a las estructuras de los partidos.

Por otro lado, y creo que esto es lo más difícil al momento de elegir a los candidatos, los líderes políticos deben ser conscientes que el mejor candidato será siempre aquel que sea capaz de ganar una elección, es por ello, que esto debe prevalecer inclusive cuando ese personaje no sea afín a su grupo político.

Por último, debemos ser claros al afirmar que mientras más abierto y parejo sea el proceso de selección de los candidatos al interior de los partidos, mayor legitimidad tendrá y por ende, será un candidato más fuerte para la elección general.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.