José Luis Gómez Serrano
www.jlgs.com.mx

Hace varios años me platicó mi hermano Fernando que las cuentas de electricidad en su taller eran demasiado altas, arriba de $20,000 al bimestre, y que estaba explorando la posibilidad de generar su propia energía. Con la mentalidad inquisitiva que siempre ha tenido, se puso a averiguar maneras de bajar la cuenta, pero rápidamente se topó con pared. La manera tradicional, esa de las exhortaciones paternales del gobierno, es “bajar el consumo”, lo cual es realmente difícil en un taller donde todo el día están funcionando los aparatos necesarios para examinar y reparar coches: tornos, taladros, elevadores, compresoras, etc. Con resignación descubrió Fernando que no hay “compresoras ahorradoras”, así como hay “focos ahorradores”, y empezó a pensar en generar su propia energía. Yo le comenté que iba a cometer un delito de lesa patria, que iba a atraer la ira de todos los ultranacionalistas que reclaman para el gobierno el privilegio y el monopolio de generar la energía. “En México no puedes excavar un pozo de petróleo, y tampoco puedes generar electricidad, para eso están Pemex y la CFE”, le dije. Creo que me contestó algo así como “entonces todas las personas que secan la ropa en la azotea cometen un delito, porque no le pidieron permiso al gobierno para aprovechar la energía solar”, y ambos nos quedamos con la incómoda sensación de haber perdido la discusión, aunque fuéramos oponentes.

Pasó el tiempo, el gobierno decidió clausurar la Compañía de Luz y Fuerza con un argumento que vagamente recordaba el buen uso de la energía, algo así como “esa empresa está llena de gente que no produce”, y posiblemente durante la transición, mágicamente apareció modificada la ley: ahora ya era posible, bajo ciertas circunstancias, generar la propia energía eléctrica. Cómo, con un motor diésel o con ese motor prácticamente inexhaustible que es el Sol. Resultaba que en otros países, con menos calambres en el cerebro nacionalista que los mexicanos, ya habían estado experimentando con “paneles solares”, y con “energía del sol concentrada”, inventos que producen electricidad a partir de la energía recibida por el sol. Los paneles solares son placas de un material que genera ahí mismo la energía eléctrica, y la energía concentrada es un arreglo de espejos que reciben luz del sol y que todos la reflejan en un solo punto, produciendo enormes temperaturas que luego son convertidas en electricidad. Ambos inventos están basadas en el mismo principio: convertir la energía recibida del sol en electricidad. Ambos tienen dos enormes ventajas: la energía del sol es gratis y además no contamina. En un mundo dependiente y preocupado por las necesidades cada vez mayores de generar energía, la posibilidad de aprovechar toda la energía del sol, que en gran parte del planeta nada más sirve para calentar las piedras del suelo, es una noticia estimulante. Posiblemente la raza humana continúe como va y llegue a acabar con la vida en la Tierra, pero el Sol seguirá allí después que haya muerto el último hombre; para todo efecto práctico, siempre podremos confiar y aprovechar al Sol.

He resumido en un párrafo la sabiduría que me transmitió Fernando; yo, que estudié Matemáticas, me hubiera quedado feliz contemplando aquellos descubrimientos; Fernando, que es ingeniero, decidió aplicarlos a su taller. La Ciencia estuvo a punto de sucumbir ante los embates de la burocracia: ya se podía generar su propia electricidad, pero había que avisar a la CFE, no podía hacerse de cualquier modo sino en la forma aprobada, tampoco era posible cortar relaciones con la CFE porque los días nublados y las noches no se puede generar electricidad con el Sol (aunque se necesite encender las luces de la oficina), por lo que había que acatar los términos de la CFE para que ella aceptara seguir proveyendo electricidad en los momentos en que no se pudiera generar con el Sol. En resumen, Fernando vino a caer en las manos de un verdadero experto, quien lo orientó para instalar en la azotea del taller los paneles solares necesarios y bajar el recibo de la CFE a una bicoca, comparada con los miles de pesos que antes pagaba. Se emocionó tanto con los resultados obtenidos, que también instaló paneles solares en su casa, y ahora (casi) no paga luz ni en el taller ni en la casa.

A partir de ese momento, hará unos cuatro años, Fernando no ha dejado de exhortarme a hacer lo mismo. Yo consumo muy poca luz en la casa, pero la oficina ha incrementado regularmente la cuenta, a medida que instalamos más computadoras, tenemos el servidor trabajando las 24 horas, y llegan más colaboradores. Actualmente pagamos al bimestre casi $6000 pesos, y las perspectivas de crecimiento implicaban una cuenta cada vez más grande, y la idea de que saliera “gratis” me estimulaba. El año antepasado empecé a probar las mieles de convertir la energía solar, porque puse en la casa un calentador solar, y la cuenta de gas se bajó a la cuarta parte. Rodrigo, que también había estudiado el asunto, me empujaba a buscar la manera.

Buscamos proveedores locales, porque creemos que en este tipo de proyectos, que involucran materiales, su instalación y funcionamiento, es preferible tener a la mano al proveedor; Rodrigo fue el encargado de someterlos a examen para detectar a los que realmente sabían y podían hacer una oferta sólida, y finalmente dimos con un ingeniero francés que vive en Aguascalientes desde hace muchos años y que es considerado el “papá” de la energía solar en el pueblo; su nombre es Olivier Brun. Una vez realizado el proyecto, descubrimos que hay tres aspectos importantes:

  • La instalación debe ser al consumo (si es muy pequeño, habrá que seguir pagando a la CFE, si es muy grande, se gastará demasiado y no se aprovechará).
  • Seguir los lineamientos de la CFE, para que la interconexión entre la energía que llega de la calle y la que se produce in situ pueda realizarse sin problemas.
  • Aprovechar, si se desea, el financiamiento que ofrece FIDE (Fideicomiso para el ahorro de la energía eléctrica).

El día que nos visitó por primera vez, Olivier se fijó en las oficinas, nuestras computadoras, los focos, y la azotea; con los primeros elaboró un cálculo mental de la electricidad que consumimos, en la azotea estimó el área disponible para instalar los paneles; nos dijo, con toda seguridad “sí es posible”, acentuando la última sílaba de “posible”, porque el acento francés nunca lo perderá aunque esté casado con una mexicana. Después pidió los últimos recibos de luz, confirmó que sus cálculos eran correctos, y nos dijo que en nuestra azotea (un rectángulo de 6×14 metros) había espacio más que sobrado para la instalación.

Lo más tardado, en nuestro caso, fueron los trámites ante FIDE. Lo hicimos de esta manera porque su financiamiento es atractivo: cobran el 8% anual y bonifican un 10% del valor del proyecto. Además, el gobierno finalmente ha reconocido que es importante obtener la colaboración del público para generar energía, y el gasto total en estas instalaciones es deducible de impuestos. Una vez que obtuvimos la aprobación de FIDE, en el curso de quince días Olivier instaló nuestro sistema fotovoltaico, que ya está funcionando y el pronóstico actual es que bajaremos la cuenta de CFE a la sexta parte.

Un sistema fotovoltaico consiste fundamentalmente de dos elementos:

  • Varios paneles solares, instalados en la azotea. Estos reciben la luz del sol y la convierten en energía eléctrica.
  • La electricidad generada por los paneles es corriente continua (como las baterías), y la que entrega CFE es energía alterna; hay que convertir la continua en alterna, ese es el trabajo del inversor. Compramos Fronius, el mejor en el mercado, los paneles van a conectarse ahí, y del inversor salen otros cables que van a dar al nuevo medidor, porque ahora la CFE necesita uno que pueda funcionar “para atrás y para adelante”, llevando la cuenta de la energía que CFE entrega y la que producen los paneles solares.

Durante el día, los paneles trabajan y entregan la electricidad generada a la CFE. La oficina opera con la energía servida por la CFE, pero ella nos toma en cuenta ahora lo que producimos todos los días, aunque nada más trabajemos de lunes a sábado. Instalamos también una tarjeta en el inversor, que se conecta a nuestra red de cómputo y nos informa del rendimiento que tiene nuestra instalación, guardando históricos tanto de producción como de consumo. En nuestro caso el consumo promedio diario es de 30 kWh, y en días soleados nuestro sistema produce 25kWh o más, por lo que estimo que nuestra cuenta bajará a la sexta parte, ya que en esta región del mundo los días soleados son como 300 al año, mínimo.

¿Para quiénes es un sistema fotovoltaico?

Estos sistemas no son para todo mundo. Si usted paga una cuenta de luz bimestral de $1000 pesos o menos, no vale la pena porque el costo-beneficio es malo: usted gastaría en la instalación más de lo que ahorraría de luz. En nuestra experiencia, este proyecto es bueno para negocios o casas donde se paga de $5000 bimestrales en adelante. Comercios u oficinas grandes y medianos, casas donde se consume aire acondicionado, edificios con elevador, talleres automotrices, son algunos ejemplos donde yo estimo que conviene instalar un sistema fotovoltaico. Combinando el ahorro en la cuenta de la CFE, más el beneficio fiscal, más el financiamiento benigno de FIDE, en mi pueblo Aguascalientes habrá miles de candidatos idóneos. La determinación de viabilidad deberá hacerla un experto, yo recomiendo ampliamente al Ing. Olivier Brun (444 111 4251, www.asolarproject.com.mx ).

Si usted se decide a instalar un sistema fotovoltaico, le sugiero enfáticamente recurrir al financiamiento de FIDE. No únicamente por el financiamiento, sino por otra razón importante. Cuando FIDE participa en un proyecto así, garantiza que la instalación sea la adecuada. Pongamos por caso que el proveedor elabora su proyecto diciendo que con tantos paneles y un inversor Fronius modelo X va a generar en promedio 50kwh diarios. El cliente acepta, se instalan los paneles, y luego llega FIDE a CERTIFICAR que efectivamente, con esa instalación se generan los 50kwh que prometió el proveedor. Si todo va bien, entonces FIDE paga al proveedor el valor del proyecto, y a partir de ahí el cliente empieza a pagar a FIDE el financiamiento. Dicho en otras palabras: FIDE actúa como garantía de que el proyecto va a funcionar correctamente, de acuerdo a lo prometido. Para la mayoría de la gente, que no conocemos los detalles de producción y consumo de electricidad, esa garantía es invaluable, porque uno como cliente puede ir a la segura, sabiendo que FIDE garantiza que todo salió bien.

Líneas arriba mencioné otro sistema para producir electricidad a partir del sol: energía del sol concentrada. Este sistema funciona con una serie de espejos orientados para reflejar la luz del sol en un solo lugar, usualmente lo alto de una torre. En esa torre se producen temperaturas muy altas, que se utilizan para calentar agua hasta que hierve y con el vapor producido se mueven unas turbinas que generan electricidad; esto se parece un poco al funcionamiento de una máquina de vapor. Se trata de un sistema generador de tres pasos: 1) reflejar en un punto los rayos del sol que caen en una amplia superficie, 2) usar la energía recibida para hervir agua, 3) utilizar el vapor de agua para mover turbinas. En España y en Estados Unidos hay muchas instalaciones así, y se realizan investigaciones para resolver el gran inconveniente de este método: en principio nada más funciona mientras se dispone de luz del sol, a menos de que se disponga de forma de almacenar la energía calorífica por unas ocho o diez horas. Lo que se investiga son sustancias que puedan absorber una gran cantidad de calor y almacenarla hasta que vuelva a salir el sol el siguiente día.

El medio ambiente.

Los que instalamos un sistema fotovoltaico tenemos también la satisfacción de colaborar con la ecología: en vez de que la CFE tenga que quemar combustible para generar mi electricidad, yo aprovecho la luz del sol. La contribución de nuestra oficina es pequeñísima comparada contra el consumo nacional, pero el punto es precisamente ese: que muchos “pequeñísimos” se junten para hacer un volumen que impacte en la ecología. En México padecemos sequía en una gran parte del territorio, pero esto significa que el sol luce en todo su esplendor casi todo el año, y por lo tanto es aprovechable para producir energía eléctrica. Casi todo el mundo considera a los desiertos como tierra desperdiciada, pero no tiene que ser así: la energía solar que llega cada día a los desiertos del mundo basta para nutrir de energía al mundo, según ha calculado el físico alemán Gerhard Knies[1]. Un artículo reciente de TheGuardian narra que en Marruecos se está construyendo una planta de energía solar para abatir el consumo de electricidad generada por combustibles fósiles; a Marruecos lo mueven razones económicas y un deseo de independencia con respecto a proveedores extranjeros. México comparte con Marruecos una buena superficie en desiertos, aprovechable totalmente para estos fines[2].

Para hacer números: en mi oficina hemos instalado 20 paneles de 1.6m2cada uno, en total de 32m2. Con esos miserables 32 metros, le bajaremos unos $5,500 pesos a la cuenta de CFE. ¿Cuál es la superficie desértica en el país? Tenemos el desierto de Altar, el Bolsón de Mapimí, el de Baja California, el de Sonora, el de Chihuahua, etc., más lo que se junte por la deforestación gracias a los talamontes de Michoacán; entre todos ellos juntamos unos 160,000 km2. Nuestra pequeña instalación cabría unas 5,000,000,000 de veces en esos desiertos. Es decir, utilizando el método de paneles, podríamos proveer las necesidades de electricidad de muchos millones de negocios como el nuestro, gratis y sin contaminar.

“Gratis” en este contexto significa que la fuente de energía no cuesta, aunque hay que instalar toda la infraestructura necesaria. Pero la relación costo-beneficio para el país sería enorme, y el beneficio para la humanidad, también: producir electricidad a partir de los rayos solares, sin tener que quemar ningún combustible.

De modo que tengo dos malas noticias: México tiene muchos desiertos, y México tiene muchos desiertos. Me quedo con la buena, muchos miles de kilómetros cuadrados aprovechables para generar electricidad a partir del sol. Que no nos pongan el ejemplo los marroquíes, que los ultranacionalistas no vayan a nacionalizar los rayos del sol, que el Congreso impulse estas iniciativas y que el gobierno federal invierta en plantas solares como la de Marruecos, que no contaminemos. Quizá son demasiados deseos, quizá podamos empezar viendo si en nuestra casa, negocio u oficina es posible instalar un sistema fotovoltaico.

Rodrigo me hace la observación de que el país que más electricidad produce mediante paneles solares es Alemania, y aquí tenemos una paradoja: México es 5.5 veces más extenso que Alemania, allá no hay ningún desierto, y la cantidad de horas de sol es mucho mayor aquí, por la diferencia de latitud. A pesar de estas desventajas, los alemanes tienen el récord y acá nos estamos peleando por reclamar para la patria el patrimonio petrolero, aunque hagamos pésimo uso del recurso. Quizá lo que hace falta no es tener desiertos ni muchas horas de sol, todo lo que se necesita es voluntad por hacer las cosas.

Rodrigo sacó estas dos fotografías, el lado artístico de nuestro proyecto; yo únicamente había visto pesos y centavos, y nuestra contribución a una energía más limpia.

 

[1] http://www.theguardian.com/environment/2011/dec/11/sahara-solar-panels-green-electricity El cálculo de Knies es mucho más atrevido: en seis horas de luz solar en los desiertos del mundo, se recibe energía equivalente al consumo mundial en un año.

[2] http://www.theguardian.com/environment/2015/oct/26/morocco-poised-to-become-a-solar-superpower-with-launch-of-desert-mega-project