Al ser testigo de la falta de diversidad que en estos momentos afecta a la cartelera hidrocálida e infecta el ánimo del cinéfilo con productos que van desde aquellos que en los Estados Unidos recibieron un generoso estreno en el estéril formato VOD y que aquí reciben premier de lujo en salas (“El Bosque Siniestro”, “Barbie, Escuadrón Secreto”) a infracintas cuyos recursos narrativos rayan en lo vergonzoso (la nacional “Compadres” o un esperpento emocionalmente chantajista como “Milagros del Cielo”), pasando por los espectáculos hollywoodenses de rigor que van zanjando el terreno para la temporada de verano (la tortuosa “Batman Vs. Superman: El Origen de la Justicia”, una confirmación de que los iconos culturales más longevos que ha parido el cómic aún no logran decodificarse adecuadamente para una generación más formada en la amplitud psicológica y sarcástica en su contexto).
Es por ello que, a la espera del estreno de producciones mas audaces y/o propositivas, conviene el generar un experimento retrospectivo donde se pueda explorar material de antaño que provea una bocanada de aire fresco ante la viciada atmósfera de la cartelera. Un título que me atrevo a sugerir digno de ser rescatado es “Clerks, Detrás del Mostrador”, cinta estadounidense dirigida por el otrora independiente Kevin Smith en 1994 y que se ha vuelto un verdadero fenómeno de culto, sobre todo a las hordas “geek” o fanáticas de la cultura popular que involucran conocimiento y sumisión al cine, los cómics y la televisión, elementos que permean la revisión posmoderna de la Generación X en un filme que no cede ante la sensibilidad popular y que, debido a lo anotado previamente, se antoja muy oportuno.
La historia gira en torno a dos veinteañeros: Dante (Brian O´Halloran) y Randall (Jeff Anderson), quienes deben cumplir con sus respectivos compromisos laborales un sábado por la mañana de atender una pequeña tienda de abarrotes y un videoclub, aún si no les corresponde trabajar los fines de semana.
A lo largo de la cinta podremos observar los diversos aspectos que plagan la conciencia de ambos y que sintetizan el sentir de la cultura norteamericana ante la apatía pre-9/11 que comenzaba a ser glorificada por los cineastas independientes de aquella época como Richard Linklater o Larry Clark, mostrando protagonistas desdeñosos tanto de su actividad como de la peculiar clientela que ahí acude, el sarcasmo y la ironía forma parte fundamental de su léxico y las referencias constantes a fenómenos de la cultura popular aderezan constantemente los jocosos diálogos entre este par donde Dante, el más cuerdo de ambos, cavila sin cesar a nivel existencial sobre inclinarse a una formación académica equivalente a estrés o un futuro nada promisorio pero cómodo como dependiente de la tienda, mientras que Randall se define como un personaje varado a perpetuidad en un constante estado de conflicto e inconformidad ante todos y todo lo que le rodea, situación que soluciona catárticamente a través de constantes y extensas charlas con Dante y que ponen de manifiesto las inquietudes temáticas del director al exponer temas de profundidad geek como: Si la estrella de la Muerte en “El Retorno del Jedi” aún se encontraba en etapa de construcción durante su obliteración ¿Quién indemnizará a los familiares de los trabajadores inocentes que perecieron durante el ataque rebelde.?… Es evidente que se requiere un trasfondo mediático y cierta edad (muchas de las referencias aluden a cintas o programas de T.V. de los años 80) para encontrar jocoso este sentido del humor al estilo Nueva Jersey
Es así que nuestros protagonistas y sus conflictos conforman el núcleo de la trama y a su alrededor gravitan diversos personajes que definen y atan el mosaico anecdótico: la ex novia de Dante (Marylin Chigliotti), quien se acuesta con el primero que le provee una experiencia sexual interesante pero que ahora desea sentar cabeza; los “dealers”  Jay (Jason Mewes) y Silent Bob (el mismo Kevin Smith) varados en la parte frontal de la tienda y que proveen a sus yonquis de sustancias ilegales con un extra: sorna constante. y por supuesto los clientes de ambos establecimientos, los cuales fungen como el pretexto idóneo para que el director Smith exponga las diversas taras formativas y puritanas del gringo promedio sin importar condición social, edad y sexo, por cierto siendo éste último un elemento integral en la trama que permite edificar una serie de gags narrativos que van desde la necrofilia (fuera de pantalla para que el cinéfilo promedio no se espante) hasta los riesgos a la salud que implica el autofellatio… todo esto en un solo sábado.
Un filme por demás recomendable gracias a su humor ácido clorhídrico, mala leche ordeñada con inteligencia y guión ágil que entretendrá tanto a aquellos a la caza de un ejercicio cinematográfico honesto como a quienes la comedia marca Sandra Bullock no produce ningún efecto.
Cabe destacar que la cinta tuvo un mesurado éxito en taquilla y desmesurado con la crítica, detonando la carrera de Kevin Smith quien continuaría su constante exploración/divulgación de la cultura pop con filmes como “Dogma”, “Mallrats” y, por supuesto “Clerks II”, todas ellas, por cierto, disponibles en la Videoteca del Centro Cultural Casa Jesús Terán. Muy recomendables si la idea es explorar la caña de ideas que brotan de la posmodernidad del cómic sin sentirse terriblemente estafados.
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