RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El gran tema contemporáneo, o por lo menos de los últimos dos años en México, es obviamente la Reforma Educativa, porque tiene una gran cantidad de componentes políticos y sociales que están mezclándose y presionándose unos a otros de una manera no conocida antes en México. Por ejemplo, nunca habíamos visto que la clase patronal, tan activa últimamente en manifestaciones en beneficio de sus propias causas, denuncie o se queje ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos porque las autoridades son omisas en evitar las acciones de los profesores que lesionan el derecho de los niños a la educación. Es una forma sesgada, pero es una forma legal de reclamar que los paros, las huelgas, los bloqueos, etc. están afectando derechos de terceros, fundamentalmente el derecho a la educación de los niños que llegan a la escuela y no hay clases porque los maestros están en un mitin en la ciudad de México o en un bloqueo en la carretera de Nochixtlán, o tomando el aeropuerto de Oaxaca, o haciendo otras cosas. Entonces dicen que si la autoridad lo tolera, o no lo puede impedir, la queja es contra la autoridad. Después tenemos esta organización que también tiene una identificación muy cercana con la clase patronal, que es Mexicanos Primero, organización que se ha erigido por su propio derecho en el vigilante, supervisor y custodio de los valores tradicionales de la educación en México, y de la mano con la OCDE  y otras organizaciones, ha señalado la ruinosa condición y la peor calidad de la educación que tenemos en este país y de eso le echa la culpa a la forma como lo administra el binomio de autoridad educativa y maestros que imparten los conocimientos, que es autoridad y sindicato. Ese binomio lo que ha permitido es que el sindicato sustituya en la rectoría educativa al gobierno, que es el constitucionalmente obligado a prestar la educación gratuita, laica, popular, etc. y la reforma tenía como finalidad inicial, por eso comenzó como una reforma laboral, retirar los privilegios que habían conquistado los sindicatos, aunque la realidad es que nada más hay uno, porque la CNTE es una fracción del SNTE, pero se arreglan –o no se arreglan- en vías distintas. En ese juego tenemos ahora la intervención del Poder Judicial, por lo que ya se llevan varios elementos en juego: el gobierno, los sindicatos –o las fracciones sindicales y el sindicato mayoritario-; la judicatura, dando un amparo para echar abajo las prerrogativas que a través de la conquista sindical habían logrado los maestros, diciendo que son anti constitucionales, y por el otro lado a los Mexicanos Primero, y después a los empresarios, por lo que ya hay mucha gente metida en este asunto. Además hay otras personas también metidas, que son, obviamente, las autoridades políticas del país, en la Secretaría de Gobernación, y las autoridades educativas que quizás no se metan en el asunto meramente político de una relación de poderes, pero sí son quienes tienen que arreglar las cosas para que los otros puedan hacer ofertas viables. Y en ese sentido ¿Qué tenemos?, Tenemos que, por segunda vez, el gobierno modifica su criterio en cuanto al elemento central de su reforma, que es la evaluación de los profesores. ¿Porque digo la segunda vez? Pues porque la primera vez, el gobierno, a pesar de habernos recitado todo el evangelio de la importancia de la evaluación, ¡la suprimió!, simplemente la suprimió, dijo: “vamos a evaluar a los maestros, pero ahora no”. Y es que estaban próximas las elecciones y Chuayffet temía que les fuera mal si aplicaban las evaluaciones, y en las elecciones, a pesar de no aplicar las evaluaciones, no les fue mal a los priístas, ¡les fue muy mal! Eso le dio una muy mala cosecha de prestigio a los afanes del gobierno, porque Mexicanos Primero y todos los demás dijeron: “Bueno, ¿o esto era importante o es coyunturalmente importante? ¿O lo estamos haciendo en serio y de manera constante y permanente, o lo estamos utilizando de contentillo con fines políticos electorales?”. Eso precipitó la caída de Chuayffet, de quién por cierto hace mucho que no se sabe nada de él en actividades públicas. Solo se fue con una satisfacción en la vida: haber colaborado en la reclusión de su enemiga, Elba Esther Gordillo, quién desde hace ya mucho tiempo está mirando los toros desde la barrera. Seguramente ella podrá tener sus puntos de vista y decir: “Esto conmigo no habría pasado. A la mejor habría pasado peor o hubiera sido mejor”.

El otro actor en todo esto es el Congreso. Porque ya se llegó a una “receta”. Alejandro Encinas, en el senado de la república, dijo: “Sigan el modelo de 3 de 3, hagan una iniciativa ciudadana firmada por 500 mil personas. O si se puede más, y van a lograr lo que lograron los señores del IMCO Instituto Mexicano para la Competitividad -, convertir una puntada como el 3 de 3, en una ley.

Se le ha dicho ya al Congreso, por varias vías, una de ellas la dijo Andrés Manuel: “No hay que derogar la reforma, porque derogando la reforma el gobierno claudicaría en un asunto importante. Hay que modificarla. Hay que reformar la reforma. Y para eso se puede convocar a un período extraordinario de aquí a septiembre, y en eso se arreglan los artículos que tienen que ver con los artículos que causan el conflicto”. Pero los beneficiarios del conflicto que hoy están ensoberbecidos, porque ya pusieron una vez más al gobierno contra la pared, ahora ellos dicen: “Si no nos arreglan esta reforma van a ver una insurrección constante en este país como no se tiene memoria”. ¿Por qué? Porque ya probaron que el Estado no tiene capacidad de control de multitudes y mucho menos tiene capacidad represiva. Tiene capacidad para argumentar, negociar, discutir, conceder, y no supongamos que todos esos verbos juntos, sean sinónimo de claudicar.

 

¿QUIEN MIENTE EN LAS EVALUACIONES DE LA POBREZA?

 

La Comisión Permanente del Congreso aprobó la comparecencia de los titulares del gobierno federal para confrontar  al titular del CONEVAL, que mide la pobreza y el del INEGI que hace las estadísticas. Hay quien trata de entender esto, pero es bastante comprensible lo que está ocurriendo, pero quizá sea conveniente explicar que es lo que hace cada una de estas instituciones, y porque son –o no los son- importantes. El INEGI es una modernización y una institucionalización del pensamiento matemático de los actuarios metidos al análisis de la vida pública; es un instituto nacional de estadística, geografía e informática. Es el heredero de aquella vieja dirección de estadística que tuvo durante muchos años el gobierno federal, que para todo lo que servía era para hacer mapas. ¿Ahí que hacen? Miden. Aplican la estadística para cualquier cosa. Ellos miden, miden todo, lo que se necesita y lo que no se necesita también. Ellos miden y miden y miden. Y con la llegada de las computadoras ellos encontraron el paraíso terrenal, se fueron de la ciudad de México y se vinieron a Aguascalientes; crearon un organismo autónomo constitucional y viven muy felices midiéndolo todo. Pero todo lo que se mide se puede falsificar. Para que no lo falsifiquen, el Estado Mexicano creó otro órgano autónomo, que es el Consejo Nacional de Evaluación de los Programas de Desarrollo Social –CONEVAL- . Ellos evalúan los programas que esa secretaría está ejecutando. O sea que uno lo mide –INEGI- y el otro lo evalúa –CONEVAL-. Los dos utilizan el mismo lenguaje, juegan con cifras, con números. El INEGI tenía una manera de medir el ingreso de las familias, cuando lo más sencillo sería decir cuánto gana, cuanto tiene y cuanto le cuesta la vida. Pero no, lo miden y hacen clasificaciones por escalones, y los otros –CONEVAL- les dicen sí o no.

La verdad es que no creemos en las estadísticas, ni en las encuestas, ni en las evaluaciones, pues se  evalúan, miden y dictaminan prosperidades que no existen, porque como dijo don Adolfo Ruiz Cortínez a sus economistas que le estaban informando sobre el estado del país: “Yo no entiendo mucho de eso, pero yo salgo a la calle y por desgracia cada día veo más putas y más mendigos”.