Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

De acuerdo con el Diccionario Océano, magistral es sinónimo de estupendo, maravilloso, fenomenal, inimitable, espléndido, genial, extraordinario, magnífico, lucido, soberbio, grande, superior, perfecto. Con base en el sentido de estas palabras, ¿existe la clase magistral? En tiempos lejanos se llegó a pensar que cuando el profesor exponía o explicaba la clase de manera extraordinaria, maravillosa, casi perfecta; que la clase era magistral. Sin embargo, con el paso de los años se fue demostrando que la clase magistral fue o es una ilusión; porque un profesor puede enseñar o exponer de manera espléndida la clase, pero no garantiza que todos los alumnos aprendan igual, ni siquiera que todos entiendan; y la cuestión es que en una clase no sólo se debe enseñar, sino que en ella debe haber aprendizaje por parte de los alumnos. Por eso los docentes, cuando estemos impartiendo una clase a los niños, siempre debemos preguntarnos como lo hacía Saint – Onge “Yo enseño, pero ellos, ¿aprenden?”. Es importante, pues, enseñar; pero es igual de importante que los alumnos aprendan. En otras palabras, el proceso enseñanza-aprendizaje es un todo integrado.
En los tiempos actuales, es muy difícil escuchar una clase magistral. Los profesores hablamos, exponemos, explicamos la lección, y podemos ilusionarnos que todos los alumnos están entendiendo el contenido de ella; pero no es así, porque cada uno de ellos tiene una situación distinta, atiende o no las clases en función de sus ganas y de su disposición, interpreta lo que oye a su modo y con base en su realidad, entiende y aprende según sus medios intelectuales o sus potencialidades, la concentración depende de su interés y de su capacidad, atiende aquello que tiene sentido para él, lo que tiene relación con sus conocimientos y lo que le es útil. En conclusión, para que los alumnos aprendan no es suficiente escuchar. Hoy, para que haya aprendizaje, es indispensable que los estudiantes trabajen, realicen actividades de aprendizaje; esto es, que construyan sus conocimientos a partir de sus intereses, de sus capacidades y de su contexto, bajo la hábil mediación del maestro. Por lo anterior, se hace necesario que los profesores reflexionemos sobre el desarrollo de nuestra práctica docente; si la clase es estrictamente expositiva, verbalista, tradicional; es muy probable que unos cuantos alumnos entiendan acerca del tema que tratamos y que la mayoría no esté aprendiendo. Reconocer esto es incómodo y frustrante; porque es reconocer la poca pertinencia y eficacia del trabajo que desarrollamos; pero es indispensable reflexionar sobre el particular, para luego darnos a la tarea de buscar nuevas formas de guiar las clases.
La actual Reforma Educativa, a pesar de que se le tilde de meramente laboral, tiene el enfoque que se requiere en los tiempos actuales: recomienda atender la diversidad de los educandos, sus intereses, sus potencialidades específicas y sus condiciones. Por ello, a todos los maestros debe quedarnos claro que el trato igual, enseñar a todos lo mismo, de la misma forma y con los mismos recursos, ya no es lo más efectivo técnico-pedagógicamente, pues hoy ya se sabe que los aprendizajes de los educandos son de diversas formas: unos aprenden oyendo, por eso a estos les interesa escuchar, conversar y organizar mentalmente sus ideas de manera secuencial y ordenada; otros aprenden viendo, éstos entienden el mundo tal como lo ven, para estos lo más importante es el aspecto de las cosas, por eso transforman las palabras en imágenes, les encanta ver el mundo ordenado y limpio; otros aprenden haciendo, les gustan los experimentos de laboratorio y de proyectos, les agrada manipular materiales, asociar la información con las sensaciones y movimientos corporales, el aprendizaje de éstos es lento pero profundo, lo aprendido con la memoria muscular difícilmente se les olvida. Éstos últimos, por tanto, necesitan más tiempo para aprender que los otros; pero su lentitud nada tiene que ver con la falta de inteligencia, sino con su distinta forma de aprender. Hay más formas de aprendizaje que los maestros de hoy debemos saber para enriquecer nuestra práctica docente con el fin de atender adecuadamente la diversidad de nuestros educandos.
La clase magistral, si acaso fue posible en tiempos lejanos, se dice que era una exposición memorizada de datos, fechas y acontecimientos, que los alumnos calladamente deberían escuchar y memorizar. Esta forma de exposición es de muy limitada utilidad en nuestros días. Las maestras y los maestros de hoy debemos pensar y ejercer la docencia con nuevas competencias para que los educandos descubran o construyan sus saberes, bajo la pertinente mediación nuestra. Philippe Perrenoud, en las “Diez nuevas competencias para enseñar”, nos da ideas de cómo planear para la diversidad, cómo organizar y hacer participar a los alumnos en sus aprendizajes, en qué y cómo lograr la participación de los padres y cómo organizar y desarrollar nuestra propia formación continua, entre otras cosas valiosas. Ahora que se insiste tanto en la autonomía escolar, bien vale el esfuerzo leer y poner en práctica estas sugerencias por el bien nuestro y el de nuestros alumnos.