Claroscuros de la industria automotriz

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

Hace unos meses El Bronco reveló en Facebook un acuerdo confidencial (y criminal) entre la armadora coreana Kia (filial de Hyundai) y el gobierno de su antecesor Rodrigo Medina, en Nuevo León, que puso al descubierto la forma en que muchos gobernadores gestionan la atracción de inversiones en este sector calificado como el más dinámico de nuestra economía.

A cambio de una inversión de mil millones de dólares en equipo para ensamble de automóviles, Kia consiguió incentivos que en cualquier otro país del mundo se habrían considerado discriminatorios porque no se otorgan a los empresarios nacionales: donación de terrenos (comprados por el gobierno local a precio excesivo), exención del impuesto estatal sobre nómina (ISN) por 20 años y del predial por 10 años, reembolso de los impuestos federales, pago de gastos de infraestructura eléctrica, hidráulica, carreteras y espuelas de ferrocarril para el transporte de los vehículos, un bachillerato técnico exclusivo para sus empleados, y una estación de bomberos en el municipio de Pesquerías.

El costo de los incentivos prometidos ascendería a 700 millones de dólares. Con la mediación del gobierno federal, Nuevo León logró renegociar el acuerdo original, lo que le representó un ahorro de 450 millones de dólares. La exención del ISN será de 95% durante sólo cinco años; por su parte la armadora pagará gran parte de la infraestructura, garantizará la contratación de personal mexicano en los niveles altos y aumentará la inversión.

Este escándalo no es un caso aislado. Recientemente la automotriz estadounidense Ford consiguió, a cambio de una inversión de mil 600 millones de dólares para su planta en San Luis Potosí, una exención del ISN por diez años, así como del impuesto predial y licencias municipales, donación de terrenos, oficinas, becas de capacitación para facilitar la contratación del personal, traductores y hasta el costo de la instalación de familias extranjeras.

A continuación trataré de hacer un recuento apretado de las principales cifras sobre el sector automotriz, no sin antes advertir que hay enormes inconsistencias dada la diversidad de fuentes disponibles.

Aguascalientes ensambla actualmente 550 mil vehículos de Nissan, un 60% más que hace seis años. Gracias a este impulso, la economía local ha crecido dos veces más rápido que la economía nacional. El 30% del producto interno bruto (PIB) de nuestro estado se concentra en la industria automotriz que ocupa –de manera directa e indirecta– al 10% de la población económicamente activa (55 mil de 550 mil trabajadores). La tercera planta de Nissan –que entrará en operación a fines de 2017 en combinación con Daimler– producirá 200 mil vehículos adicionales y generará 20 mil nuevos empleos directos e indirectos.

México se ubica en la séptima posición en el ranking mundial de producción de vehículos, además de ser el cuarto exportador y el quinto mayor fabricante de autopartes. En 2015 se ensamblaron en nuestro territorio 3.6 millones de vehículos y se exportaron 2.8 millones, especialmente a Estados Unidos y Canadá, destino que acaparó nueve de cada diez unidades.

Tres estados controlan casi la mitad de la producción nacional de vehículos: Puebla, Coahuila y Aguascalientes. Les siguen Sonora, Nuevo León, Estado de México, Guanajuato y San Luis Potosí, en ese orden.

Las armadoras instaladas en nuestro país pretenden alcanzar la meta de 5 millones de vehículos anuales hacia 2020, para lo cual han anunciado inversiones que superan los 15 mil millones de dólares. Entre las principales destacan: General Motors, con 6 mil millones de dólares; Ford, 4 mil millones de dólares; Audi, mil 300 millones de dólares; Nissan-Daimler, mil 300 millones de dólares; BMW, mil 300 millones de dólares; Kia, mil millones de dólares, y Toyota-Mazda, mil millones de dólares.

De acuerdo a los especialistas, México ha sido el gran beneficiario de la última fase expansiva del ciclo de inversiones automotrices en el todo el orbe. La producción y venta de vehículos nuevos en el mundo se estacionará hacia 2020 en alrededor de 100 millones anuales. Alemania es el primer exportador mundial de autos y autopartes con una participación de 15%, al tiempo que Estados Unidos es el primer importador con una participación de 17%.

La industria automotriz contribuye casi con el 6% del Producto Interno Bruto (PIB) de México. El sector está conformado por 3 mil empresas pequeñas, medianas y grandes que abastecen fundamentalmente a 20 armadoras trasnacionales instaladas en el país (OEM por sus siglas en inglés), pero también exportan autopartes directamente.

Lamentablemente no se ha consolidado una auténtica cadena de proveeduría de componentes mexicanos para la industria automotriz. Los Thier 1 –proveedores directos de las OEM– importan 90% de sus insumos. Dentro de los Thier 2 y 3 aumenta el contenido nacional, sin rebasar el 20%. Muchos proveedores mexicanos sólo participan con acero, plásticos y telas.

El sector automotriz es el cuarto empleador del país con cerca de 800 mil plazas, incluyendo el ensamble de automóviles, motores, cajas de transmisión, equipo eléctrico y electrónico, piezas troqueladas y otras autopartes. Está creando 60 mil empleos formales por año, o sea, uno de cada diez a nivel nacional, y es por tanto el sector que más contribuye al respecto.

Sin embargo, durante el primer semestre de 2016 empieza a notarse una disminución en la producción y exportación de vehículos, lo cual refleja un debilitamiento de la demanda estadounidense. Esta tendencia podría empeorar con la llegada del proteccionista Donald Trump a la Presidencia de los Estados Unidos, quien ha amenazado con cerrar el flujo comercial entre ambas naciones.

Se sugieren dos paliativos: primero, mejorar los servicios ferroviarios para agilizar el sistema logístico del sector; segundo, frenar el acceso ilegal de autos usados para acelerar el recambio del parque vehicular nacional, que tiene 17 años de antigüedad en promedio con lo que además vuelve sumamente peligrosas nuestras carreteras.