El sueño de los tratadistas en planificación urbana es lograr localidades en que la concentración y distribución de la población vaya de acuerdo con lo que –suponen- es la mejor convivencia, por lo que en el caso de la capital de Aguascalientes, porfían en que deben salir de la Zona Centro los autobuses urbanos.

Lo que hasta ahora se han reservado es proponer la creación de ghettos o favelas para que quienes carecen de vehículo propio dejen de utilizar los espacios que le pertenecen a la gente bonita, a la que posee automóvil y para la cual tienen que estar a su disposición las calles.

La presidenta del Colegio de Urbanistas de Aguascalientes, María del Carmen Martínez Zacarías, sostiene que debe efectuarse el retiro de los camiones tres calles del centro; según eso para dar “mayor fluidez” al paso vehicular y que además se amplíen los andadores del mismo sector.

“Lo que nosotros como urbanistas seguimos insistiendo es sacar el transporte urbano del primer cuadro, ya que es imposible circular por la ciudad con tanto vehículo”, además de cambiar los paraderos al exterior del centro.

La pretensión es que las calles Francisco Rivero y Gutiérrez, Morelos, Zaragoza, “ente otras”, estén libres de esas unidades y que se deje la Avenida Adolfo López Mateos como está, para ello sugiere “hacer conciencia a toda la ciudadanía, pues para que luzca una ciudad bella y para que la movilidad sea más efectiva es necesario hacer cambios como éste”.

Lo que no menciona la titular del citado colegio es la opinión de 300 mil usuarios del transporte urbano que lo utilizan diariamente, ¿o acaso su punto de vista carece de relevancia al grado que deben sujetarse a lo que dicten los eruditos? ¿Tampoco sirven los conceptos de los camioneros?

En la armonización de espacios que concibe, refiere que el Plan Integral de Movilidad Urbana Sustentable “garantiza que este proyecto es totalmente viable”, por lo tanto, “establecer una reestructuración de rutas beneficia a todos, tanto a los visitantes como a los locales”; sin embargo, tampoco incluye el sentir de los comerciantes que en varias ocasiones se han opuesto a este propósito, ya que serían directamente perjudicados, toda vez que la clientela proviene desde distintos rumbos de la ciudad y si tienen problemas para trasladarse desde su lugar de residencia, preferirán acudir a los centros comerciales que hay en casi todos los rumbos.

Lo que tampoco menciona es que el total del parque vehicular de los urbanos es de 695 unidades, que es una cantidad ínfima para los más de 400,000 vehículos particulares que circulan a diario, que lleva a la lógica de que el asunto no es por ahí, sino a la situación exponencial de automotores en los últimos años y a lo estrecho de las calles, por lo que, con o sin urbanos, será el mismo problema, lo cual se puede comprobar con sólo mirar su paso, ya no sólo en la Zona Centro sino en otras avenidas, como el Primer y Segundo Anillo, donde hay una carga muy elevada.

Cuando se creó la Avenida López Mateos se mencionó que a futuro no habría problemas para el tránsito, puesto que era la primera de seis carriles que atravesaba la ciudad de oriente a poniente y viceversa, y que serviría para descongestionar la calle Madero, y lo mismo se dijo años después de la Avenida Paseo de la Cruz, en relación con López Mateos, pero bastó un tiempo relativamente corto para comprobar que en ambos casos ha sido insuficiente, por la simple razón de que el resto de la calles son angostas, ello dificulta que haya la fluidez que los leídos quisieran.

Lo que es una realidad insoslayable es que se puede mejorar la vida en común, respetándose unos a otros, pero es algo que no se da. Algunos exigen que no sólo salgan los urbanos, sino que los taxis les prohíban ascenso y descenso en la Zona Centro, que se restrinja la circulación de ciclistas y motociclistas y que los camiones y camionetas de reparto de mercancía lo hagan a temprana hora.

Sin duda, una ciudad idílica para los automovilistas, que es a donde se orientan las proposiciones de los urbanistas, sin tener en cuenta que sin excepción alguna, todos los ciudadanos de esta entidad pagan impuestos y por lo mismo tienen derecho para el uso y disfrute de los sitios públicos.

DAÑO ANUNCIADO

Fueron varios años de denuncias ante los distintos órdenes de gobierno sin que escucharan sus clamores, por lo que en algún momento tendría que venir la ruina de un negocio que por un tiempo fue próspero, como el de las “combis”, creado para dar servicio entre los municipios y hacia la ciudad capital.

Las acusaciones van en contra de los particulares que por un menor precio daban –y dan- el servicio, que inclusive lo hacen a las puertas de las empresas y en las comunidades, lo cual evidentemente constituye una competencia desleal, ya que a los transportistas se les obliga a pagar el permiso, los derechos, un seguro para viajero y pasar revista de las unidades para comprobar su estado físico y mecánico.

Miguel Ángel Medina, secretario general de Transportes Colectivos Hidrocálicos, destacó que ante la presencia de unidades “pirata”, la concesión de las combis dejó de ser rentable, al grado que el 50% de ellas permanecen paradas ante la escasa demanda, en consecuencia, en lugar de seis u ocho corridas al día hoy son tres o cuatro.

Aunque el dirigente afirma que es un servicio clandestino, lo cierto es que es abierto, y tan es así que ellos identifican las camionetas pick up y unidades de procedencia extranjera que casi a diario trasladan a 15 o 20 personas, las cuales carecen de permiso para hacer este tipo de servicio, además no cuentan con seguro y se desconoce el estado mecánico de la unidad y si el operador está capacitado para este trabajo.

Como ha ocurrido desde hace más de 15 años, presentaron demandas en la dirección de transporte público sin que se haya dado una sola respuesta, esto alienta a que aumente el número de personas que destinan su vehículo para ese fin, mientras que a los que están autorizados se les exige estar al día en sus obligaciones fiscales.

Las autoridades guardan silencio ante el reclamo y por alguna razón toleran la ilegalidad que afecta a centenares de familias, entre concesionarios y operadores, ya que tienen menos ingresos y a la vez son objeto de una vigilancia muy estrecha para que cumplan con la normatividad.

Aunque no reciben atención a sus reclamos, anidan la esperanza de que se solucione el problema, por lo que insisten en que el gobierno cumpla con la vigilancia y detención de los irregulares y pueda regresar la solvencia económica que requieren.

SINDICALISMO LESIVO

Para las leyes las contraleyes, respondió un mediador cuando se le recriminó que por encima de los intereses de su defendido se ponía de acuerdo con la parte contraria, lo que en la práctica aplica con singular alegría la mayoría de los líderes sindicales, al ser los primeros en oponerse a que el trabajador lleve a juicio al empleador, no obstante que haya una violación a la ley.

Cuando surge alguien que quiere brincarse las trancas, de inmediato buscan que sea despedido, para ello ya no tienen que recurrir a la defenestrada cláusula de exclusión que por tantos años les sirvió para eliminar a los que estorbaban, que para eso existe la “buena relación” con los patrones, que por su parte no pueden negarse a la petición y por cualquier motivo lo dejan cesante.

En este sentido, está en lo cierto el magistrado presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, Juan Manuel Ponce Sánchez, al establecer que “la imagen de los sindicatos en nuestro país no es buena, ya que se vincula a estas organizaciones con prácticas que poco favorecen a la base trabajadora”.

Estar bien con el líder es rendirle honores, no contradecirle y ser sumiso en todo lo que diga y haga, lo cual puede redituarle al agremiado algunos beneficios, no obstante que por ley le corresponden, como tener acceso a un crédito para vivienda y un crédito en Fonacot, al pago del aguinaldo y la participación de utilidades, o al pago de una indemnización por despido injustificado o cuando la empresa cierra sus puertas por quiebra.

El trabajador que tiene el atrevimiento de exigir un informe del destino de las cuotas sindicales y los bienes que se han adquirido con ellas, prácticamente firma su sentencia, calificándolo de peligroso para la unidad del gremio.

Ésa es la realidad de los sindicatos, que nadie se atreve a desenmascarar para no sufrir la ira de los dirigentes.