Mariana Montes
Agencia Reforma

Desde una extraña sugerencia para evitar el dolor corporal hasta un estudio que concluyó que dormir poco provoca problemas de conducta, éstos son algunos avances recientes de la ciencia.

Desde el kínder
La comunicación entre padres y maestros coadyuva al desarrollo del niño. “Las mayores discapacidades que se detectan en el área preescolar son sobre todo trastornos de lenguaje, autismo y déficit de atención”, dice la psicóloga Verónica Acuña.
Sin embargo, es posible que sólo se trate de necesidades educativas especiales, temporal o permanente y no una discapacidad, por lo que ante esta situación se requiere trabajo conjunto entre padres, maestros y profesionistas.

¡A gatear!
El quiropráctico Justin Klein recomienda el gateo a la mayoría de sus pacientes, pues este ejercicio aumenta la fortaleza y la movilidad del cuerpo, sobre todo en personas que no se han ejercitado en un largo periodo de tiempo.
El consejo proviene del Original Strength, un sistema de fitness basado en la imitación de los movimientos de los niños y los bebés.
Gatear permite recordar los movimientos que no practica desde hace años, lo que aumenta la motricidad y la fuerza, afirma Klein en un artículo del Washington Post.
Es lógico que los infantes aprendan a gatear antes de caminar: les ayuda a desarrollar un patrón saludable de marcha.
Olvidar dicho patrón es lo que ocasiona el dolor corporal en la adultez, agrega Tim Anderson, promotor de este régimen.

Asegúrate de que duerman
¿Los problemas de conducta ocasionan que el niño no duerma bien? ¿O el niño se porta mal porque no duerme lo suficiente? Científicos llegaron a la conclusión de que, más allá de una relación causal, los dos fenómenos están conectados, informa The New York Times.
Michelle Garrison, experta en psiquiatría infantil y del adolescente en la Universidad de Washington, señaló que el sueño y los conflictos de comportamiento presentan una influencia bidireccional que impacta en su desarrollo emocional.
El estudio longitudinal de 32 mil madres noruegas y sus hijos llegó a la conclusión de que aquellos que presentan periodos de sueño cortos (menos de 10 horas) o frecuentes despertares (al menos tres veces durante la noche) desde los 18 meses de vida viven problemas conductuales más frecuentes en la infancia temprana.