Por J. Jesús López García

102. Chalet Douglas. Centro ComercialLos lugares de transacción económica son motores principales para la fundación de asentamientos. Actividades en territorios nómadas como en el caso de los desiertos que tuvieron en la presencia de los oasis naturales la oportunidad de establecer parajes en donde convergían las caravanas, que en busca de mercado para sus productos, ayudaron enormemente en la constitución de los primeros poblados de la antigüedad. La stoá griega, un pórtico anexo al ágora -plaza pública- era un espacio para convivencia de la polis no exenta de recintos para el comercio.

La aparente mundanidad del sitio era engañosa pues la pluralidad de esa relación podía propiciar un importante intercambio de ideas: Zenón de Citio fundó en la Stoa Pecile –pórtico pintado- su escuela de filosofía, el estoicismo, que deriva su nombre del de ése espacio arquitectónico.

La permuta mercantil incluso presuponía la negociación de servicios. A decir del escritor Gabriel Zaid, los mercados fueron los primeros sitios donde se asentaron los bancos, llamados así por los asientos de los prestamistas que desde ellos se ubicaban tras las trapezas -mesas donde se llevaban a cabo las transacciones-; la bancarrota alude a la acción significativa de los gremios venecianos de banqueros de romper públicamente la banca de sus asociados, que al no poder cubrir sus compromisos, eran expulsados en medio del descrédito.

Los edificios que fueron dando cobijo a las tareas de servicio y comercio, y a tantas otras más constituyeron progresivamente mucho de lo reconocible en el paisaje urbano desde sus primeros ejemplares hace cientos de años, como otras tantas cosas suscitadas por la Revolución Industrial y la Ilustración. Estas fincas con la apertura a una población aún mayor proveniente desde el medio rural y próxima a ser asimilada por las expansivas ciudades contemporáneas, fueron consolidando su presencia como sitios de fuerte definición formal no obstante el aparente caos que su función circundante genera.

Así como las stoai griegas, los mercados debían ser expresión de lo mejor que la arquitectura pública podía ofrecer; grandes estructuras en hierro o acero fueron ensambladas en varias partes del mundo, como el Mercado Hidalgo de Guanajuato, para otorgar forma y orden a uno de los pilares de la economía: el consumo.

Más una vez diversificada la oferta de productos y servicios, merced a la industrialización y al incremento del padrón de compra y compradores de una comunidad, los mercados fueron paulatinamente acompañados por otro tipo de fincas pensadas para cubrir las expectativas de esos ampliados registros de compra y consumidores; oficinas para cualquier modelo de servicios, espacios para el expendio de muestras de productos son parte ya, de toda población más o menos considerable.

La edificación de grandes bloques comerciales es parte de la dinámica urbana de toda ciudad contemporánea, confundiendo, lamentablemente, la calidad con la cantidad pues se da erróneamente por sentado que <<más es mejor>>.

Vastas bodegas que disfrazan la naturaleza desmontable con recubrimientos de apariencia permanente ofrecen al público una sensación de un páramo especial desconectándose para ello de la ciudad que les acoge, desarticulando así la experiencia de continuidad, propiciando su percepción fragmentada.

En este contexto, <<El Chalet Douglas. Centro Comercial>>, inmueble que aloja oficinas, fue construido en los años ochenta del Siglo XX pasado con base en el diseño de los arquitectos Mario Rodolfo García Navarro y Jorge Carlos Parga Ramírez, en el centro de la ciudad, no en la periferia -como es costumbre en los casos recientes-, estableciendo un compromiso urbano con un contexto comprometido con respecto del Templo de San Antonio y del Museo de Aguascalientes; a un costado del excéntrico Castillo Ortega y en las inmediaciones de una casona realizada en un tardío clasicismo pero afín a las existentes en las calles Álvaro Obregón, Vázquez del Mercado y Venustiano Carranza, tipo chalet.

Para la oferta de servicios, el conjunto no se desliga de su contexto, se integra a él y lo hace memorable, pues conservando en sus extremos la continuidad del mismo lienzo de las paredes contiguas, converge al centro en el jardín que antecede al chalet, lo que enaltece su presencia y hace un sereno diálogo con aquél en un sencillo lenguaje actual. El conjunto enlaza la finca para generar un recorrido atractivo al articular con la calle una stoá moderna alrededor de un edificio antiguo y de formalidad diferente.

El Chalet Douglas. Centro Comercial, es uno de los primeros ejercicios en Aguascalientes en afrontar la creación de nuevos espacios para el comercio y los servicios de la diversificada contemporaneidad, discreto, sobrio y con la vocación de perdurar y arraigarse en nuestra ciudad acalitana; eso es finalmente, lo que lo hace dispar a tantos otros conjuntos recientes, levantados por catálogo.