Por J. Jesús López García 

A lo largo de la historia de la humanidad, la arquitectura ha sido un medio para aportar símbolos de permanencia en el tiempo, hitos que afianzan en un espacio geográfico ese discurrir cronológico, buscando la trascendencia del acontecer de cada uno de sus miembros. No por nada de las primeras muestras de construcción que han sobrevivido al correr de cientos de años, destacan los monolitos en los que se registraba, a manera de cartas astronómicas o relojes solares, el paso de los ciclos estacionales, y con ello, el transcurrir del tiempo.

Pero paralelamente a esa arquitectura cargada de representación, símbolos y significados, se desarrolló otra más utilitaria, servidora a la cotidiana convivencia de las personas, a las tareas que cubren el acontecer diario. En el caso de la arquitectura habitacional se complementaba con recintos de almacenamiento de granos para animales, y al paso del tiempo, desarrollándose de manera incipiente las primeras ciudades y los espacios para facilitar el intercambio de productos excedentes con que comerciaban aquellas primitivas comunidades.

Para los primigenios sistemas del comercio tal vez no eran requeridos complejos recintos, bastaba un sitio más o menos regular, despejado y cerca a la encrucijada de caminos, accesible a caravanas que llegaban desde varios puntos de la región. El actual Jardín de Zaragoza era un espacio similar a aquellos ancestrales de Medio Oriente: un solar abierto destinado a mercado, cuya cercanía a la llegada o salida de Zacatecas -por la Avenida 5 de Mayo- que discurriendo hacia el sur, conecta el camino a la Ciudad de México, o la zona donde se ubica el Mercado Juárez, terreno abierto rodeado de mesones en el que se realizaban acciones de compra-venta de productos de la región.

Actualmente los centros comerciales siguen el esquema de los «mall» norteamericanos, en ocasiones en detrimento del negocio tradicional ofrecido en calles de distritos citadinos, sin embargo con el crecimiento de las poblaciones y la diversificación de las ofertas, los mismos centros comerciales padecen o disfrutan de la poca o mucha demanda de compradores.

Las variantes vigentes de esos sitios siguen patrones de eficiencia y utilidad probadas bajo los modos de uso del momento, por ello esa disposición lineal con comercios «ancla» en los polos. Como en todo componente que busca una mayor rentabilidad, los núcleos mercantiles se modifican o se adecuan a los requerimientos que impone la ley de la oferta y la demanda. Algunos son demolidos, los hay abandonados, pero también se encuentran los que experimentan modificaciones en su composición y finalmente los que continúan airosamente a los cambios de hábito de consumo del público.

En Aguascalientes encontramos el conjunto del Centro Comercial Altaria (2007- 2009) que contiene tres sistemas: el centro comercial, un fraccionamiento residencial y un hotel de gran turismo. El partido arquitectónico del centro comercial, en planta baja, es mixto. El poniente del conjunto tiene dos accesos, uno principal y otro de menor presencia; la primera entrada es a través de un emplazamiento conformado por locales comerciales que lo definen; una vez traspasado el umbral de las puertas se encuentra el vestíbulo distribuidor que conduce hacia la circulación lineal, y ésta a las circulaciones verticales –escaleras eléctricas– así como a las dos tiendas ancla. Cuando se entra por el acceso secundario se llega directamente a un vestíbulo concéntrico que distribuye a la tienda principal: Liverpool.

Por la parte posterior del sistema –fachada oriente– existen dos accesos, ninguno con la importancia del primero de los descritos, parece más bien de índole secundario, o incluso, de servicio; éstos desembocan en un recibidor y en una circulación; hay otros ingresos que dan directamente a tiendas, como el caso de Liverpool, Sears o Sanborns. La planta baja se conecta con el primer nivel a través de escaleras eléctricas –dispuestas en los extremos de la circulación principal– y por elevador colocado en el vestíbulo principal.

La plástica del conjunto del centro comercial se percibe como una sucesión de volúmenes planos, vanos y macizos horizontales, contrastando con el volumen del hotel, que tiene una dinámica vertical. Es conveniente mencionar el acierto de haberse construido en tierras acaliteñas pues no sólo da servicio al estado, sino a las regiones de los Altos de Jalisco, de Zacatecas y de San Luis Potosí, hecho que ya se estipulaba en el Plan de Desarrollo del Estado de Aguascalientes 2004-2010, donde se tenía como objetivo el fortalecimiento de la tradicional vocación comercial que consolidaría a Aguascalientes como un excelente centro regional de comercio, tal como lo fue desde tiempos virreinales, cuando era el núcleo articulador del norte minero y el Bajío.

Gradualmente Altaria se ha ido consolidando como un sistema arquitectónico original y eficiente, con un concepto que cumple con creces las necesidades de la sociedad y con una amplia variedad de opciones para realizar compras, punto de reunión, recreación, entre otras múltiples actividades que han venido a modificar la vida cotidiana local. El sistema del Centro Comercial Altaria, el Hotel Marriott y el complejo residencial, se alzan como un ejemplo de arquitectura contemporánea aguascalentense.