Graciela Lozano/Foto: Jaime Almanza

Hermosos cantos eclesiales se escucharon durante la Misa Crismal celebrada la mañana del Jueves Santo, con la presencia de más de doscientos sacerdotes que forman parte del presbiterio de la entidad y sus municipios.
El Excmo. Sr. Obispo Don José María de la Torre Martín; el Obispo Emérito de León, Gto., Monseñor Gonzalo Galván Castillo y el Vicario General de la Diócesis, Pbro. Lic. Raúl Sosa Palos, encabezaron la ceremonia conformada por tres momentos importantes: la bendición de los santos óleos, la consagración del santo crisma y la renovación de las promesas sacerdotales.
La Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción lució sumamente concurrida, pues en el recinto se reunieron sacerdotes, diáconos, religiosas, seminaristas y fieles laicos, quienes escucharon las palabras de Monseñor De la Torre Martín, el cual, a través de la homilía, dijo que tras el camino cuaresmal se ha llegado a la semana más importante del calendario cristiano.
“El domingo pasado, en el contexto del Año de la Misericordia, rememoramos la entrada de Jesús a Jerusalén, verdadero pórtico de su pasión, muerte y resurrección que en estos próximos días celebraremos en el Triduo Pascual”, señaló.
“Puedo decirles que es un momento esperado cada año, cuando con el pueblo de Dios que inmerecidamente su Iglesia me ha confiado, celebro estos sagrados misterios con todos ustedes, sacerdotes, consagrados y fieles cristianos laicos. Toda la Iglesia del Señor participa y es hermoso cuando de las distintas parroquias y comunidades religiosas, se acercan a esta celebración como testigos fraternos de los que fuimos llamados a seguir a Cristo uniéndonos a su sacerdocio, vamos a renovar ante él nuestras promesas sacerdotales, siendo nuestro hermano mayor, y ante ustedes su pueblo elegido, pueblo de profetas, sacerdotes y reyes”, destacó.
Posteriormente, hizo énfasis en que la vida sacerdotal es “una vida”, la cual no funciona con horario comercial ni administrativo, por lo que hizo un llamado a los sacerdotes para acercarse con sencillez y fidelidad al Salvador, pues dijo Él es quien los colmará de virtudes para acoger, escuchar, bendecir, acompañar, consolar y comprender, sin poner tarifa a su entrega, sin pretender bienes interesados, pues la vida sacerdotal no es un rato, aunque también sabe de desgaste, de soledad, de incomprensión, de debilidades, errores y callejones sin salida.
“Señor, si hemos hecho bien, sea para tu gloria, Si, por el contrario, mal, ten misericordia de nosotros”, expresó en otra de las reflexiones, mediante la cual agradeció y pidió perdón por sus fallos a sus hermanos sacerdotes: “Les pido perdón porque no siempre soy testimonio de fidelidad y alguna vez deben escuchar que su obispo es pobre como ustedes, que tiene dificultades e incoherencias, pecados como los de ustedes, que se cansa, se fastidia y molesta de vez en cuando, pero que al igual que ustedes necesita ser comprendido y acompañado”.
Después, los feligreses vivieron uno de los momentos más emotivos al efectuarse la bendición de los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, así como la consagración del santo crisma, mientras Monseñor José María de la Torre pronunciaba las palabras: “Somos portadores del bálsamo de Dios que con su misericordia no deja de salir a nuestro encuentro cuando como catecúmenos le buscamos, como dolientes le esperamos y como testigos suyos, fortalecidos con su crisma, de mil modos le testimoniamos. El Señor nos bendiga y nos guarde a todos, nos mire con su misericordia y nos de su amor, su gozo y su paz”.

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