Heriberto Alcalá Guerrero

Como si no fuese suficiente con los timadores, tumbadores y asaltantes que operan en la zona centro de la ciudad, ahora resulta que ha aparecido nuevo perfil de ladrón. Un sujeto bien vestido y hablando de manera educada, ingresa a los negocios y pide el favor de que le permitan cargar su celular, que le urge comunicarse con alguien porque ha tenido accidente, esa es la farsa.
Dado que no despierta sospecha, en cuanto la persona a cargo del negocio se confía, el hampón aprovecha para apoderarse de dinero, celulares o cualquier objeto de valor. Para el momento en que la persona afectada se da cuenta, ya es demasiado tarde. El hampón ha huido.
De lo anterior dio testimonio joven empleada que labora en céntrico negocio, ubicado en la calle Venustiano Carranza a la altura de Matamoros.
Según su versión, al filo del mediodía se encontraba atendiendo el local. La jornada transcurría sin incidente. En determinado momento entró un sujeto bien vestido y amablemente se dirigió a la empleada, preguntando que si podía hacerle un favor.
Consistía en que le permitiera conectar su celular y cargarlo un poco, ya que hacía escasos minutos había tenido un accidente vehicular y necesitaba llamar a su aseguradora.
Lo dicho, la buena presentación evitó que la joven sospechara que se trataba de un ratero. Accedió a la petición y el sujeto conectó el aparato. Luego, en voz alta simuló que hablaba con su agente del seguro, dándole santo y seña del accidente.
La empleada se alejó un poco para no escuchar la supuesta conversación privada. También perdió de vista al sujeto, confiando en que se trataba de un ciudadano honesto. Fue en un abrir y cerrar de ojos. Es decir, dos o tres minutos después la empleada ya no escuchó al delincuente. Le pareció extraño que ni adiós, ni gracias. Cuando buscó su teléfono celular ya no lo encontró. En vano buscó en el mostrador y en otras áreas hasta que empezó a comprender lo que había ocurrido, el sujeto era un ladrón. De inmediato procedió a revisar caja registradora y en sí todo el local, para verificar si faltaba algo más, nada. El delincuente sólo tuvo oportunidad de llevarse el celular. Se presume que también iba por el dinero pero posiblemente la presencia de un oficial de Tránsito lo ahuyentó.
En efecto, cuando la empleada salió del local observó que se acercaba el uniformado. Le preguntó que si no había visto al sujeto y respondió que no. Luego lo puso al tanto de lo que había ocurrido y el agente reportó el atraco. Unidades de la policía preventiva y de vialidad asignadas a la zona centro, activaron el operativo para intentar localizar y detener al presunto responsable. No hubo resultados favorables.
Mientras tanto, la infortunada jovencita empezaba a experimentar los efectos del shock emocional, la crisis nerviosa. Y no era para menos, considerando que había sido víctima de un robo. Habrá quien resista una impresión así, pero otros no; como le ocurrió a la afectada.
Además, a manera de negro antecedente, cabe recordar que en dicha calle -la Carranza- ya se han registrado violentos robos a mano armada, y también en el mediodía. Podrá ser una de las arterias más vigiladas, pero no está exenta del ataque de los ladrones.
Dicho sea con todo respeto para la joven pero si esto fuese una fábula, la moraleja sería: “No confíes en los catrines que piden favores”. El sujeto anda suelto y no ha sido identificado. Tampoco se sabe si opera solo o es parte de una banda.