“LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, EPISODIO VII: EL DESPERTAR DE LA FUERZA” (“STAR WARS, EPISODE VII: THE FORCE AWAKENS”)
“Chewie, estamos en casa…”
Han Solo

Eso que enuncia el icónico personaje en un momento clave de la cinta, es justo lo que los aficionados a esta serie fraguada por George Lucas hace casi cuarenta años percibirán al momento de revisar el capítulo más reciente en la saga familiar más ambiciosa de la cinematografía después de “El Padrino” (a pesar de todas las disputas políticas e ideológicas entre dos facciones muy definidas que han brotado durante seis cintas, en el fondo no se trata mas que el seguimiento de una dinastía -los Skywalker- que van trazando el destino de un universo serie B con chapa multimillonaria), pues este emulador de Spielberg y creador / revitalizador de franquicias llamado J.J. Abrams bebe y escupe en la pantalla todo lo que evidentemente adora de la trilogía original (Capítulos IV, V y VI) al punto de permear a esta producción de un aura que semeja al remake más llano, en particular de “Una Nueva Esperanza”, puesto que el arco dramático de esta película en su totalidad está sujeto de incontables nudos narrativos que remiten o plagian descaradamente a la cinta de 1977, y esto que en el bajo mundo de los geeks se conoce como “fan-service” o guiños a modo de homenaje sobre aspectos específicos de alguna parafernalia nerd , distrae enormemente de los aspectos más originales de la trama, aún si resultan gratos o nostálgicos. Pero cuando la cinta se enfoca en el desarrollo de personajes y situaciones frescas o ajenas a lo ya explorado en los filmes que le preceden, entonces “El Despertar de la Fuerza” agarra ídem y se consolida como un entretenimiento muy ágil y rotundo.
Afortunadamente los aciertos de la cinta superan a sus mellas, en particular la conjunción de un reparto profesional y muy capaz que se apropia de unos personajes interesantes y creativos, lo que se agradece después de las memeses cursilonas que se prodigaban Anakin (Hayden Christiansen) y Padme (Natalie Portman) en las nauseabundas precuelas. La historia se ubica, por supuesto, 30 años después de lo acontecido en “El Regreso del Jedi” (1983). Tras el éxito de la Rebelión ante los megalómanos planes del Imperio y la definición del conflicto entre Luke Skywalker (Mark Hamill) y DarthVader (David Prowse con voz de James Earl Jones), su padre y otrora némesis una vez redimido, ahora nos encontramos con que las fuerzas dominantes se han transfigurado en el Primer Orden, una suerte de fascistas nazis siderales que pretenden subyugar al cosmos por motivos nunca esclarecidos. A ellos se les opone La Resistencia, forjada con los residuos de los antiguos guerreros rebeldes que le hicieron ver su suerte a los villanazos Sith. Establecido el contexto, el espectador se topará con dos preámbulos que terminarán unificándose y donde conoceremos a nuestros personajes principales: por un lado tenemos a Finn (John Boyega), un stormtrooper que deserta de sus filas cuando presencia los horrendas y despiadadas tácticas de sus líderes en un planeta indefenso mientras buscan a un valeroso piloto de la Resistencia llamado Poe Dameron (Oscar Isaac) debido a que posee un mapa estelar que muestra la ubicación exacta de Luke, una amenaza para los siniestros jefes del Primer Orden. Mientras tanto, en el desértico planeta Jakku una pepenadora llamada Rey (Daisy Ridley) hurga entre los despojos de las imponentes naves imperiales ya derruidas para buscar fragmentos o piezas que pueda intercambiar por sustento alimenticio. Su paupérrima vida se verá trastornada con la llegada de un pequeño androide llamado BB-8, fiel compañero de Poe y que lleva oculto el mencionado mapa. Cuando Finn libera a Poe de su confinamiento en aras de redimirse, terminan estrellándose en Jakku, donde su camino terminará cruzándose con el de Rey para apoyarse mutuamente al tratar de sobrevivir ante la embestida que arremete el Primer Orden contra ellos, pues saben que poseen la clave para localizar a Skywalker. Los siguientes dos actos procuran cultivar una aventura muy a la vieja usanza en términos de la saga, enfocándose en la dinámica y estima que comienza a surgir entre Finn y Rey y la aparición de personajes clásicos, como Solo (Harrison Ford), Chewbacca (Peter Mayhew)y Leia Organa (Carrie Fisher), ahora generala de la Resistencia, quienes se unen a la aventura para detener al Primer Orden y su dirigente, un enigmático Sith llamado Kylo Ren (Adam Driver) quien, en la tradición telenovelesca de esta serie, es mucho más de lo que aparenta.
J. J. Abrams logra colocar las piezas adecuadamente, y si bien en el segundo acto las acciones languidecen y parece que no van a algún lugar en particular, las sólidas actuaciones (en particular Boyega y Ridley) mantienen el interés, así como un empleo del humor muy orgánico y grato, especialmente Finn, quien suelta chascarrillos ocasionales y reacciona jocosamente a diversas situaciones sin tornarse jamás en un bufón o en el JarJar Binksde esta trilogía, mientras que el personaje de Rey se estructura como una fémina fuerte sin posturas machorras e inteligente, una añadidura muy agradable y definida que me produce intriga en cuanto a su desarrollo en futuras secuelas. Pero es el villano, Kylo Ren, quien me ha dejado con un gran sabor de boca, pues posee una serie de facetas existenciales y psicológicas que funcionan sobre todo en el contexto de su propia historia, bordeando la tragedia sin recurrir a elementos previsibles. Tal vez algunos lo encuentren decepcionante, pero sin revelar demasiado me atrevo a vaticinar que estamos presenciando la evolución de un antagonista con mucho potencial.
La película dista mucho de ser una gran cinta, pero posee los componentes suficientes para cimentarse como entretenimiento válido y saciar el apetito nostálgico de muchos cinéfilos. Al final la experiencia es como el Halcón Milenario: llega a su destino con éxito a pesar de algunas fallas y tribulaciones. La Fuerza está con este filme.

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