En la vida, al igual que un viaje, muchas veces cargamos con una maleta llena de cosas innecesarias, que sólo hacen más pesado el trayecto y termina por conducirnos a la infelicidad. Dejemos todo aquello que no nos sirva, lo que nos aleja de Dios y vivamos sólo con lo necesario, estemos preparados para la venida de Nuestro Señor Jesucristo.

Ante una Catedral Basílica llena de feligreses, en su mayoría pertenecientes a la Milicia de San Miguel Arcángel, quienes protagonizaron la peregrinación correspondiente al séptimo día de festividades en honor a Nuestra Señora de la Asunción, en su homilía, el sacerdote Salvador Saucedo Serna, pidió a los creyentes hacer un profundo examen personal y de conciencia, para alejar de cada una de las personas, todo aquello que no será de utilidad para vivir en Gracia y en felicidad.

A través del Evangelio, en donde los apóstoles estaban inquietos porque estaban en la última etapa del Señor, dándose ánimos, Él les pidió no tener miedo, y cargar sólo con lo necesario para llevar su vida de la tierra al cielo.

“Es como en un viaje, nosotros somos los encargados de hacer la maleta, pero luego echamos cosas innecesarias; cosas por si hace frío, cosas por si hace calor, por muchos motivos, llenamos esa maleta de cosas que no nos van a ser de utilidad para el viaje, luego entonces, vamos llevando algo tan pesado, vamos cargando tantas y tantas cosas que se va haciendo insoportable la vida misma, al grado tal que la gente termina con su vida, porque se vuelve una vida insoportable”.

Pidió reflexionar en el Evangelio, en la palabra de Dios, porque en la vida diaria, las personas vamos llevando cosas innecesarias, por eso, es importante ir descubriendo qué nos estorba para ser felices, qué nos estorba para vivir, qué nos estorba para aligerar el viaje y desde luego, qué nos estorba para llegar al Cielo.

Dijo también que, encima de que llevamos por la vida una carga tan pesada, luego se suma el hecho de que “no sabemos a dónde ir. No sabemos a dónde queremos llegar en la vida, entonces el camino se vuelve insoportable, porque cargamos demasiado y caminamos sin saber a dónde queremos llegar”.

Dijo que la Divina Palabra nos enseña, a escoger lo que verdaderamente nos será de utilidad en esta vida y en la vida eterna, y también nos enseña el camino, nos enseña la luz que habrá de iluminar el sendero para llegar a Dios.

“En la sociedad hay crisis de valores, crisis de identidad religiosa y de fe, por eso, debemos estar preparados para cuando llegue el Señor y aligerar nuestro trayecto de vida para ser felices”, dijo el sacerdote al oficiar ayer la misa de 12:00 en el primer domingo del Quincenario.